Publicidad

Actualizado hace 304 minutos

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Opinión
06:40 AM / 22/10/2018
Gulliver y los enanos de Liliput
Félix Cordero Peraza Analista político [email protected]
0

Es despótico  y dictatorial aplicarle un modelo de gobierno totalitario y centralizado a una sociedad esencialmente libre  y democrática. Eso es sencillamente regresar a etapas pretéritas, como aquella protagonizada en el siglo diecinueve y mitad del  veinte. Durante la cual transcurrieron la guerra de la independencia, la creación de la república, la lucha entre liberales y conservadores, la guerra de la federación y la sucesión de dictaduras militares. Hechos que mantuvieron a las grandes mayorías nacionales en la pobreza, la ignorancia, esclava, semi esclava y analfabeta. Cuando solo votaban los que sabían leer y escribir, los hombres y quienes poseían propiedades y bienes patrimoniales. Máxime cuando este sistema empleado ha fracasado en el mundo, porque aumenta la pobreza y restringe los derechos civiles y políticos. 
         La tragedia en Venezuela no solo es achacable al modelo en sí mismo, sino también a la improvisada, incompetente, e ineficiente aplicación de políticas y medidas, que no alcanzan los objetivos esbozados ni son sometidos a rigorosos procesos de evaluación, seguimiento y control. Áreas específicas de altísima exigencia profesional y técnica son ocupadas por neófitos en la materia y funcionarios sumisos… obedientes. Carentes de una cultura de mantenimiento y valoración sistemática. Una burocracia donde reina la malversación de recursos humanos, técnicos, profesionales y financieros y no existe la evaluación de los objetivos y la apreciación de su funcionamiento. Una administración pública sin planes de modernización y reforma, donde no se estudia su eficacia y eficiencia y se desempeña a troche y moche, recordando aquel dicho “Como vaya viniendo lo vamos viendo”. 
      Un gobierno hiper burocratizado donde los ciudadanos están al servicio del gobierno y no el gobierno al servicio de los ciudadanos. Abundan las trabas, los altos costos en los servicios y la corrupción “muerde” al ciudadano desde los niveles más bajos hasta los más altos. La prepotencia burocratizada que hace vida en la administración pública irrespeta al hombre común y llena de privilegio a quien colabore en la “mordida”. La asignación de obras públicas en ministerios, gobernaciones y alcaldías son fuentes de financiamiento para los gobernantes y los partidos que le apoyan.  De esta práctica no escapan ninguno de los partidos oficialistas u opositores. Campea el clientelismo y la politización en las decisiones. 
     Presenciamos una burocratización a la cual se le pudiera aplicar el principio de Peter “nivel de incompetencia” por su ineficiencia e ineficacia en la ejecución de programas y planes sociales de altos costos frente a los escuálidos y disponibles recursos del fisco. El país requiere una reforma profunda en las instituciones del Estado y una estrategia para adoptar la autonomía en los poderes públicos. Que logre alcanzar el equilibrio y la estabilidad de sus funciones y desempeños asignados en la vigente Constitución de la República. 
El “Talón de Aquiles” del actual gobierno es sin duda alguna la pesada, floja e improductiva burocracia. Inmóvil y sujetada por miles de enanos; tal como lo hicieron con el gigante Gulliver, en la ciudad de Liliput; según aquel recordado cuento infantil. Venezuela, Un país de escasos recursos fiscales, en razón de la caída en su producción petrolera, está obligado a reducir los gastos corrientes del aparato y la estructura administrativa y aumentar las inversiones para generar fuentes de trabajo. Promover las inversiones privadas que hagan crecer la producción de bienes y servicio. 
 

¿Te gustó la nota?
Publicidad
0
TOP 5 DE NOTICIAS
Publicidad
0Comentarios
AVANCES
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS