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Actualizado hace 304 minutos

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Opinión
06:08 AM / 29/10/2018
Gorgojos en el alma, por Carola Chávez
Carola Chávez
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Hace unos días, la procuraduría mexicana montó un show contra las empresas que surten a los CLAP. Que si la comida que nos venden es cara, que si no es de buena calidad… 

Se trata de destruir el sistema que lleva la comida a las casas de la mayoría de los venezolanos, en medio de esta guerra, en la que productores nacionales, empresarios, distribuidores y comerciantes, militan en el bando gringo, que asegura que si ponen a sufrir al pueblo, éste va a salir corriendo a tumbar a Maduro.  

Son los que te dicen con sadismo, sí, la carne está carísima, pero tenemos Patria. Son los mismos del decreto de Carmona, y más allá, son los mismos de siempre, los del paquetazo de CAP, los de siempre… Son los que han atacado cada iniciativa del gobierno chavista para atender a la población. Mientras más efectiva la idea, más venenoso el ataque.

Los médicos cubanos que llevaron salud a donde nunca había llegado, eran curanderos adoctrinadores que ponían vacunas de burundanga. ¿Se acuerdan? Los militares que se fueron a las calles repartir comida al pueblo, durante paro aquel paro que se les fue de la manos, se ganaron furibundos insultos de quienes tienen gorgojos en el alma.

Y cómo veían que resistía, los dueños del circo entendieron, por fin, que con la oposición se perdieron esos reales, y se fueron a buscar otro elefante: sicarios fuera de nuestras fronteras. Y ya no son guarimbas, sino sanciones, y cada vez que demos un paso para derrotarlas, habrá un perrito, de algún gobierno en la alfombrita, listo para sabotearnos.

Mis vecinos, todos opositores, por cierto, reciben cada mes una cesta de alimentos, ninguno de ellos de peor calidad que la aguada y sobre valuada mayonesa Mavesa. La reciben con alivio, porque cuando van al mercado, o no hay lo que quieren, o se lo bachaquean por pacas, o se tienen que calar una cola en pleno sol; porque si tienen que vender a precio regulado, los comerciantes te harán pagar con sufrimiento. Mis vecinos tienen claro quién les quita la comida y quién se esfuerza por llevársela a sus casas.

Y mientras Brownfield habla de acelerar el colapso para que el pueblo sufra más, y Julio Borges moja sus pantalones de placer sádico, mi CLAP está haciendo el censo para tratar de llevar las medicinas casa por casa. Ya dirán que el Losartán tiene gorgojos.
 

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