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Opinión
06:00 AM / 14/01/2018
Entre el miedo y el caos, por Rafael Ramírez
Rafael Ramírez
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Entre el miedo y el caos naufraga un país, un sueño hermoso, la posibilidad de redimir a nuestro pueblo pobre y de zafarnos para siempre, de cualquier dominación, y avanzar en la construcción de nuestro propio futuro, nuestra propia concepción de la sociedad, una profundamente Bolivariana, Chavista, Socialista.

 

El miedo se ha impuesto, ha calado en todos los estamentos de nuestra sociedad, de nuestro ámbito político. Triste y deplorable condición que caracteriza a la actual situación. No estoy hablando del miedo establecido por la delincuencia y el malandraje en las calles y barrios de las ciudades, ni en los campos del país, en un virtual toque de queda donde la gente ha cambiado sus hábitos, su rutina de trabajo, su forma de vida y se encierra en sus hogares o busca refugio en cualquier sitio, puesto que las calles parecieran estar en control del hampa o por la desconfianza en los mismos cuerpos policiales. Nó, estoy hablando del miedo que prevalece en el quehacer político del país, por la persecución política, el hostigamiento, la vigilancia, las acusaciones más descabelladas y las detenciones arbitrarias de quien exprese una posición política contraria o cuestione las actuaciones del Presidente, de su círculo íntimo o de cualquiera de los varios “jefes” que ahora lo dirigen.

 

Es triste que ésto suceda en un gobierno que se dice Chavista. Más bien es deplorable. El Comandante Chávez nos legó un país de plenas libertades, libertad de pensamiento, de acción política, de participación. No sólo lo practicaba en su conducta diaria y en su manera de gobernar, sino que, tal vez lo más importante, nos legó una Constitución, donde se garantizan de manera amplia, extensa y avanzada todos los derechos fundamentales del ciudadano. Contemplando un complejo y bien elaborado andamiaje, marco jurídico, un sistema integral para garantizar  la vida, la justicia, el debido proceso, presunción de inocencia, libertad, el honor, nombre propio, reputación, protección del hogar doméstico, seguridad jurídica, integridad física, moral, la confidencialidad de los datos personales, la democracia popular, participativa, los derechos humanos, políticos, de expresión, de asociación, tránsito, trabajo, religión, cultura, libertad económica, educación, salud, alimentación, hasta la propiedad. Todos los derechos están incluidos y garantizados por nuestra Constitución porque son consagrados progresivamente. 

 

Igual estableció los instrumentos e instituciones para su garantía y protección, esto es, el Estado de Derecho. Restableció el concepto Bolivariano del Poder Moral, cada Poder con sus atribuciones y espacios bien definidos. Es probablemente la más avanzada del mundo.

 

Dejaba atrás el Comandante a la Cuarta República, con su estela de violaciones a los derechos humanos y abusos de todo tipo de los cuales echaron mano las élites de la Cuarta República para mantenerse en el poder.

 

Yo viví el período del gobierno revolucionario del Comandante Chávez como ciudadano y luego como Ministro y dirigente político a su lado. Siempre me sentí muy orgulloso y creo que fue un extraordinario aporte a la política del país, por la forma como nuestro Comandante ejerció el poder. Jamás lo escuché, ni siquiera en las circunstancias más apremiantes, ordenar alguna acción violenta, abuso,  detención, acción para suprimir una disidencia, una opinión política o de cualquier tipo. Cuando un dirigente popular, o cualquier ciudadano, desde el más sencillo hasta cualquier otro exponía alguna idea, reclamación, queja, cuestionamiento, el Comandante Chávez, no sólo se interesaba y prestaba atención, sino que indagaba más y se metía al problema, hasta el final, estudiaba, no aceptaba la excusa de que era “un enemigo o un escuálido”, siempre propendía a defender y escuchar al débil, al oprimido, a la mujer, al joven, al obrero.

 

Cuando algún ministro trataba de interponer una demanda por difamación, de esas que abundaban en el accionar opositor y de los grandes medios, él nos decía una y otra vez, que no había que “judicializar la política”.

 

Jamás lo ví intervenir en ninguna decisión del TSJ, ni siquiera cuando la misma dictaminó que los hechos de abril no fueron un golpe de estado, ni cuando el Sabotaje Petrolero, ni incidía sobre la Fiscalía o cualquier otro órgano del Poder Moral, no amenazaba, mucho menos grababa a sus ministros o compañeros de trabajo.

 

Cuando el CNE, durante el referéndum por la reforma, informó que los resultados estaban muy estrechos, pero que faltaba aún el conteo de votos, tarde en la noche, que podrían dar una estrecha victoria a la opción de la revolución, él instó al CNE a que diera los resultados, en aras de la paz, qué él no podía introducir, imponer, una reforma tan amplia de la Constitución con un margen de votos tan estrecho.

 

Desde “La Batalla de Santa Inés” y a partir de allí hasta su última victoria en 2012, me desempeñé como su jefe de movilización y logística. Una vez, ya en campaña para la batalla de 2004, ante la incertidumbre en los resultados por la situación económica y de desestabilización en el país, le pregunté, eran altas horas de la noche en su despacho, que haríamos si perdía el referéndum. Se me quedó viendo y me dijo: entregamos el gobierno y nos vamos a las calles a recuperar el favor del pueblo. Nunca tuve dudas de la honestidad y ética del Comandante en el ejercicio del poder.

 

Al trabajar con él sentíamos y respetábamos su autoridad como Jefe de Estado, Presidente y Jefe de la Revolución. Era un hombre de un carácter fuerte, pero a la vez, profundamente humano. Nadie discutía su autoridad, porque siempre era el primero en todo: con su moral y ética intactas, primero en el trabajo, en el sacrificio, en el riesgo, en el esfuerzo, humilde, conocedor del pueblo, de los soldados, estudioso, valiente, muy respetuoso de todos, de sus compañeros, de sus contrincantes políticos, conocedor a fondo de los códigos de la conducta política y su significado. Así, él no temía por su autoridad, era un dirigente seguro de sí mismo, no le temía a la discusión de las ideas, a contrastarlas, no tenía miedo, ni complejos.

 

No es lo que pasa hoy día en el país, ni en el gobierno. Existe un temor extendido a decir algo que no esté en línea de lo que dice el Presidente, o ni siquiera eso, de lo que dice su círculo íntimo. Eso no es ni disciplina, ni lealtad, eso es MIEDO. Yo estoy sorprendido y preocupado por esa actitud. Porque los dirigentes, el partido, las instituciones y los distintos organismos del Estado se paralizan, no cumplen sus tareas de control, de alerta temprana, nadie dice nada. El silencio, la omisión, no dar la opinión oportuna, el aplauso fácil, es parte del problema.

 

Se ha utilizado la persecución para imponer este estado de cosas, esta conducta, se ha abusado de la disciplina del Chavismo. En los organismos públicos, en las empresas del Estado, se ha producido una “purga” de sectores Chavistas, sobre todo de los que trabajamos con el Comandante, o sencillamente por desplazamientos de grupos. Los programas de opinión, que con Chávez florecieron, se han ido cerrando uno a uno, los que quedan y emitían opiniones críticas han tenido que irse retractando o ajustando el discurso, convirtiéndose en una mueca de lo que eran, un coro de lo absurdo. Hay casos emblemáticos, no los voy a mencionar, pero los obligan a retractarse de sus opiniones para volver a sus programas. Es triste.

 

La actuación de los organismos de seguridad del Estado ha sido abusiva. Los allanamientos, las detenciones con rostros enmascarados, con gran profusión de hombres y armamentos para detener a quien sea, además de resultar ridículo, tiene la clara intención de atemorizar, amedrentar, callar la boca. Los juicios públicos, cuando el Presidente, el Vice presidente o el Fiscal sentencian a alguien en público, en cadena nacional, en rueda de prensa, están violando todos los procedimientos y garantías que establecen nuestra Constitución, que introdujo y respetó el Comandante Chávez, para que nunca nadie lo pudiese llamar, calificar de tirano o autoritario.

 

Toda esta acción directa de los distintos organismos e instituciones del Estado, viene acompañado de una agresividad en el lenguaje, en los mensajes, un “malandreo”, una vulgaridad que expone como lo que son a los “pranes” de la política. ¡Qué daño le han hecho y le siguen haciendo a la Revolución! Han estimulado lo peor de las conductas políticas, la persecución, el fascismo, la violencia, los linchamientos morales, el silencio y el miedo.

 

En mi caso, el Fiscal sigue actuando en violación de la Constitución y de mis derechos fundamentales (sigo recordando la imagen de Tarek gritando lo mismo, detenido durante el golpe fascista de 2002). Se está violando la Constitución en todo el articulado que él mismo ayudó a redactar como Constituyente. ¿Cómo es posible ésto poeta? ¿Puede el deterioro llegar a tanto? ¿A cambio de qué? Dije el pasado artículo que conozco al Fiscal desde tiempos seguramente ya muy remotos para él, donde no tiene vuelta atrás, volver a Kabul.  Sigo recordando la dura campaña que hicieron en tu contra las mismas personas que hoy te han asignado el papel de perseguidor de revolucionarios. Siempre contaste con mi apoyo. A pesar de todo lo que decían de tí, de tu relación con los empresarios del Estado, del rechazo generalizado de la militancia, te apoyamos desde PDVSA, sí la misma que ahora acusas y persigues, era nuestra responsabilidad. Te apoyamos políticamente hasta que el Comandante Chávez decidió quitarte su apoyo. Eso sí duele, que Chávez le haya quitado el apoyo político a alguien. Parece que ahora eso no importa, este es otro gobierno, rodeado de personajes a los que el Comandante Chávez puso de lado. Cosa extraña.

 

Mientras el Fiscal sigue tratando de enlodar mi reputación y la de compañeros como el Dr. Bernard Mommer (increíblemente le colocaron “alerta roja” en INTERPOL) mientras persigue familiares, como a la esposa de Mommer, funcionarios como Zerpa (no el Vicepresidente de Finanzas de PDVSA, sino la hija del ex magistrado), encarcela a otros como Nélida Izarra, él sigue atrapado en su mentira, haciendo un papelón.

 

Ahora el Fiscal se enteró de que nuestras fórmulas de precios se referencian al crudo mexicano, el Crudo Maya que es el referencial para el crudo pesado en el atlántico, pero también se refencia al WTI (“West Intermediate Texas”) que forma el precio en esta cuenca, junto a otros factores de calidad. Ahora puedes decir algo así como “descubrimos que el precio se fijaba primero en Texas y en México”. No Tarek. Estudia, piensa bien antes de hablar, tal vez las transnacionales o Comercio y Suministro de PDVSA te puedan dar mejores argumentos. Porque esta política que ahora tú persigues, es parte de nuestra Plena Soberanía Petrolera, la de Chávez, no le dimos descuentos a NADIE, mucho menos a las transnacionales. Éstas acechan, esperando a que el Ministerio levante estos mecanismos de transparencia, volver, poco a poco, a la Apertura Petrolera.

 

Lo repito: la oficina de Viena sólo Fiscalizaba el precio, no vendía petróleo. Pero además, PDVSA y las Empresas Mixtas estaban en la libertad y obligación de vender nuestro petróleo por ENCIMA de la fórmula, si te dieras a la tarea de revisar a qué precios se vendió nuestro petróleo, verificarías que siempre fue un precio mejor para el país, que nosotros acabamos con la política de descuentos a los EEUU, que no aceptamos descuentos a Nynas en Europa y que yo como Ministro me opuse a los descuentos que pedía Petrobras para la “Abreu e Lima” o CNPC para nuestra refinería en China. Ahora, si alguien vendió por debajo de estos precios, o más bajo que el mercado, entonces debes abrir una investigación en Comercio y Suministro de PDVSA, en esa Vice Presidencia pudieses encontrar problemas, era su función.  

 

Ahora con el abuso de las llamadas redes sociales, se coloca una etiqueta con una descalificación, una acusación, en minutos, con los famosos “robots”. Los grandes medios silenciados, por cobardía, cuidando su puesto o por falta de ética profesional. No hay, con sus muy honrosas excepciones, nadie que diga la verdad. Nadie se atreve. Ésto así, no vá a terminar bien, para nada. Luego vendrán las reflexiones, sobre todo de los dirigentes, pero probablemente sea muy tarde.

 

Y no vá a terminar bien, porque mientras el silencio y el miedo se han impuesto arriba, allá abajo, el pueblo, el ciudadano de a pié, está molesto, se expresa de una manera peligrosa. Hay un caos económico que está poniendo mucha presión sobre la situación social.

 

Cuando digo que no vá a terminar bien, hablé en un futuro de corto plazo, para todo el país, para la estabilidad política del Estado, porque realmente para muchas personas del pueblo, ésto ya terminó mal. Para los que retrocedieron a la pobreza o pobreza crítica, los que abandonaron los estudios o el trabajo habitual, los que salieron del país, los que están siendo explotados, prostituídos o maltratados en el exterior, para ellos ya terminó mal. Para muchos niños y ancianos, para los que están buscando comida de manera desesperada hasta en los basureros, ésto ya terminó mal. Para el enfermo crónico o para quien tuvo un accidente o un padecimiento, para quien ha perdido algún ser querido por falta de medicamentos, por la delincuencia o la violencia política, ésto ya terminó mal. Para muchas de nuestras empresas, entre ellas PDVSA, para nuestro sistema de protección social, nuestra economía, nuestras posibilidades de cumplir con el Plan de la Patria de Chávez, ésto ya terminó mal.

 

Puede estar peor, si no hacemos algo. Mientras estamos entre el miedo y el caos, y avanzamos en un nuevo pacto, un nuevo acomodo de fuerzas, donde no sabemos de qué se trata la negociación, no en la superficie, en la declaración, sino en el fondo, en la realidad, mientras todo ésto sucede, se sigue desfigurando el Proyecto del Comandante Chávez.

 

Se ha trastocado, ésto se parece más a los efectos de un paquetazo neoliberal que a un gobierno socialista: la inflación desatada, que insisto, sí existe y está haciendo un daño terrible al que vive de su trabajo, siguen subiendo los precios, nadie puede atajar el desacato de las cadenas de distribución, comerciales, la caída de la producción nacional, la crisis en PDVSA, la situación de alimentación. Se vé gente desesperada, molesta.

 

Los videos de pobladores matando y destazando una vaca para comer sólo recuerdo haberlas visto en la Argentina de Menen, eventos de saqueos, en distintos sitios, los pronunciamientos de los trabajadores de PDVSA, el reclamo de soldados de la Guardia Nacional, por las duras situaciones económicas me preocupan, pareciera que deben encenderse algunas alarmas, en vez de saturar los medios de comunicación con desinformación o acusaciones de que son escuálidos o violentos, esos están sentados en el “Diálogo”.

 

Yo quiero precisar algo, NO estoy de acuerdo con un paro en PDVSA, nadie puede paralizar la industria nunca más, por ninguna razón, a menos que seamos víctimas de una invasión o agresión militar, entonces será un tema de seguridad de la Nación. Pero, quiero hacer un llamado a los trabajadores petroleros, que nadie se deje utilizar o manipular por la derecha, nunca los trabajadores petroleros atentarán contra la empresa. Eso sí, su voz debe ser escuchada, atendidos sus reclamos laborales, deben ser restituído el nombre, la moral y las condiciones para que la empresa cumpla con su deber social, es el eslabón más importante de la economía. Todas las medidas que se han tomado para “controlar” a la empresa, la han desprovisto del liderazgo, conocimiento y calidad revolucionaria que la caracterizaron durante el gobierno Revolucionario del Comandante Chávez. Allí están los resultados.

 

La pretendida lucha contra la corrupción no es más que una excusa para tapar todos los errores que se han cometido en su conducción durante los últimos tres años y medio de la empresa. ¿Qué razón ha motivado al Presidente para convertir a la PDVSA del Comandante Chávez, a la Roja Rojita, como la cara de la corrupción o del fracaso de la Revolución? ¿Por qué? Yo estuve allí durante diez años y doce como Ministro de Petróleo del Comandante, no fue producto de un pacto o de un arreglo de fuerzas, fue su decisión, siempre lo fue, y nuestro sector y desempeño, fue muy exitoso, tanto que, no sólo sostuvimos la economía y el avance social de nuestro pueblo, sino que además fuimos la punta de lanza de nuestra política exterior, es decir, si no fuera por el petróleo, no tendríamos los apoyos internacionales que ahora tenemos.

 

Es la realidad, esa realidad no ha debido causar problemas al Presidente Maduro, a menos que la misma le molestara, o le incomodara. Hasta allí no llego. Pero de lo que si estoy seguro es que se debe tener un poquito más de responsabilidad histórica, responsabilidad con el país y con este pueblo, ser más leal a Chávez y cumplir con la tarea encomendada por el Comandante.

 

La derecha avanza, desde afuera y desde adentro. Ahora se recurre a una idea, que ciertamente la pensó el Comandante Chávez, pero no es lo mismo. Es decir, tiene el mismo título pero contenido distinto, como lo del Arco Minero.

 

El Petro, no es una criptomoneda, es sencillamente una especie de bono, donde se coloca de garantía nuestras reservas petroleras. Alertamos que es inconstitucional e ilegal. Nuestra Constitución reserva el petróleo como propiedad del Estado venezolano, es del dominio público y por tanto, inalienable e inejecutable, no puede ser embargable, ni colocada en garantía de ningún tipo.

 

La manera de explotar y desarrollar las reservas de petróleo están definidas claramente en la Ley Orgánica de Hidrocarburos, donde el Estado recibe una regalía en su carácter de propietario, impuestos por ser soberano y una participación mayoritaria en su explotación. Por cierto, quien dirige esta operación, era un militante o dirigente de la extrema derecha. Eso que quiere decir, además de que el gobierno tiene nuevos “amigos”, indica claramente que éstas no son políticas, ni tiene objetivos revolucionarios, menos aún socialistas.

 

Hay que superar el miedo, el silencio, el caos, porque entre ellos, sucumbe nuestra revolución, nuestro país. No quiero que ésto suceda, me molesta tanta ceguera, tanta prepotencia, tanta improvisación. No lo podemos dejar a su suerte, ha costado mucho. Conocí a un gran Presidente, tuve un gran Jefe, un gran amigo, nuestro querido Comandante Chávez, he sido testigo de excepción de su obra y como tal, estoy convencido de la justeza de sus acciones y del socialismo, le debo lealtad en el pensamiento y la acción.

 

Pienso que todos los que han transitado este camino con el Comandante Chávez, deben pensar un poco más en lo que está pasando y siempre preguntarnos, qué esperaría el Comandante de nosotros, acaso ¿el silencio o la acción?, ¿el valor o el miedo? ¿la calma o el arrojo? ¡Con Chávez siempre Venceremos!

 

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