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Opinión
06:02 AM / 05/11/2018
El modelo centralista
Félix Cordero Peraza Articulista @efecep2010
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Los partidos políticos son obviamente un reflejo de la rígida estructura social de la nación. En donde sus organizaciones, instituciones, asociaciones y gremios funcionan bajo el modelo centralista. Presente en toda su historia republicana.  La Constitución primigenia de 1811 fue federal e integró la República con provincias independientes y autónomas. Influenciada por el  sentido autónomo que le dieron los españoles a los cabildos y por los principios de la Revolución Francesa y Norteamericana.  La Constitución de 1830, que refunda la República, después de la guerra de la independencia, separada Venezuela de la Gran Colombia, fue producto del pacto político y legal, entre centralistas y federalistas.  Tomaron el poder fuertes dictaduras militares asociadas a sectores de la oligarquía nacional, que dirigieron al país hasta 1935.  Esta situación se prolongó por casi los primeros cincuenta años del siglo veinte. Interrumpidos por los cortos gobiernos democráticos de López Contreras, Medina Angarita, Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos. 
      La cultura y la conducta centralista, autoritaria y personalista se forjó durante el proceso de colonización.  Trescientos años  de una estructura socio económica que tenía en el vértice los terratenientes de las tierras y de la agricultura,  los comerciantes, exportadores-importadores y la existencia de una masa poblacional esclava, semi esclava, pobre, enfermiza y analfabeta.  Después de la lucha por la independencia aparecieron los caudillos regionales militares que se repartieron el país como fundo personal. Sometieron a la nación durante más de setenta años a una guerra continuada entre caudillos y la imposición de constituciones hechas a la medida de los gobernantes de turno. 
      De eso si saben los partidos políticos: participar en elecciones. Tienen demasiado entrenamiento. Nacieron para eso. ¡Como pez en el agua! En ese campo es donde se compite por los cargos públicos. Su razón de ser. Desde allí deberían luchar por los problemas de los ciudadanos. Esa es su obligación y la esperanza del pueblo.  ¡El deber ser! Pero no es tan fácil. Ya en el cargo y frente a su territorio se encuentran con una fratricida lucha de intereses. ¡Los conflictos al rojo vivo! Entre ellos destacan los intereses políticos, empresariales, urbanos, económicos, comunitarios, individuales y sectoriales.  Una verdadera mezcolanza de conflictos que hacen complejo el ejercicio de sus funciones. Muchos de ellos no están preparados para un trabajo con ética y profesionalismo. Llegan, ignorando los problemas, cargados de necesidades personales y tendencia a beneficiarse con los privilegios del cargo.
    Las corrientes internas deciden quién va a los cargos y quién no.  Allí se escenifica una lucha frontal y se agrupan en corrientes para luchar entre ellos. Hoy, ya dejaron de ser movimientos con doctrina, discusiones ideológicas y conocedores de los principales problemas de la comunidad y sus respectivas soluciones. Van a los cargos con gríngolas a improvisar. Todo está decidido desde Caracas.  Es la práctica de un brutal y arcaico método centralista impuesto desde la capital de la república. Hasta la mínima cosa se decide en Caracas. Ahora ya no participan los ciudadanos en las decisiones. Y la norma  “participativa y protagónica” es una entelequia rotulada en alguna página de la vigente Constitución de la República.  Los partidos son hoy franquicias en la lucha por el poder. Y los principales accionistas son los dirigentes nacionales. Quiénes acuerdan la estrategia y la táctica a seguir. El enfoque y el concepto de gobierno. Definen relaciones e implantan programaciones que contienen sus propias percepciones y particularidades regionales. 
 

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