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Actualizado hace 111 minutos

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Opinión
06:08 AM / 27/10/2018
“A través de la nostalgia”
Hildegard Rondón de Sansó Abogado constitucionalista
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 Rememoramos el sentimiento de Ulises que, de regreso a su hogar en Itaca, se encuentra con que la diosa Calipso quien le pide que se quede en Ogigia su isla paradisiaca, en donde tendrá la inmortalidad, pero Ulises no lo hará porque está afectado por la nostalgia.
Tenemos que hablar de la nostalgia, elemento que no se toma en cuenta a los fines de los presupuestos nacionales ni para establecer los temas propios de las tesis de grado y aún menos para medir la conciencia de los pueblos pero que, existe y puede ser fuente de aislamiento y soledad, o bien, de un aprovechamiento benéfico para los afectados. En efecto, a través de la nostalgia, nos podemos desprender de lo inmediato e ir a la búsqueda de lo que disfrutamos en el pasado.
 No puedo menos que recordar a Ulises, el héroe de la historia-mitología griega que, en su larguísimo viaje de regreso, que duró 20 años, al concluir la guerra de Troya y dirigirse a su hogar en Itaca, llega un momento en que es atrapado por la diosa Calipso en su Isla de Ogigia, que le ofrece la inmortalidad si permanece a su lado. Pero en Ulises está siempre presente la nostalgia de su país y de su bella esposa, Penélope. Es así como rechaza la oferta de Calipso porque no puede prescindir de sus recuerdos. Es inútil que Calipso le diga que serán terribles los dolores que habrá de sufrir en su viaje de regreso a Itaca y hasta llegar a ella, cuando, por el contrario, a su lado obtendrá la inmortalidad. Todas las palabras serán inútiles ante la obnubilación de la nostalgia de Ulises por el regreso.
 ¿Por qué hablamos de la nostalgia en estos momentos? Es porque ella constituye la compañía de los cientos, miles e incluso millones de compatriotas que han buscado su futuro en otras latitudes, a riesgo de perder lo poco que aún les queda y de no encontrar nunca lo que van a buscar fuera de Venezuela. Me pregunto si hay en la mente heredada de cada venezolano en forma activa, iluminada, exigente, la semilla de sus antepasados inmigrantes: de los españoles; de los isleños; de los ingleses, de los africanos que no tuvieron escogencia alguna sobre su destino, sino la trágica huella de la esclavitud.
 No podemos dejar de entender la nostalgia de quienes se fueron, porque no tenían otra alternativa frente a un país que no les ofrecía un trabajo en la medida de sus conocimientos. Comprendo las razones de quienes no tenían medio alguno para sufragar los precios estrambóticos que hoy en día detentan todas las cosas, incluso las más sencillas. 
Entendemos que quienes han huido de su propia patria, lo hacen porque estaban en el centro de la inseguridad, en un lugar que no ofrecía tutela alguna de los derechos humanos, ni siquiera del más sagrado, el de la vida. También está la impotencia de obtener la salud por la total carencia de medicinas que alivien las enfermedades, ni los recursos humanos o materiales que hagan cesar sus dolores. Asimismo, ellos vienen de un lugar donde no había disponibles alimentos suficientes para saciar el hambre.
Pero todo debe cambiar porque Venezuela tiene fuerzas para reconstruirse. Es allí donde la nostalgia hará que, como Ulises, los sedientos de un país propio, de una patria, de un hogar, regresen.
El mecanismo que impulsará sus decisiones futuras no podrá ser otro que la nostalgia, que es el deseo de lo que se ha dejado: de las hallacas navideñas; de los olores característicos; de la solidaridad y de los afectos; del reflejo constante de paisajes que no tienen límites. Esperemos que sea la nostalgia la que los traiga de la mano, curados de las imposiciones arbitrarias de los poderes insaciables, de la decrepitud política. Será la nostalgia la que tenderá los puentes para que el regreso coincide con de un país mejor.
 

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