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Mundo
09:58 AM / 19/12/2016
Firma de la paz con las FARC-EP, suceso de 2016 en Colombia
Panorama
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AP

Bogotá (PL) – Pese a incertidumbres y detractores, la noticia del año en Colombia fue la firma de la paz con las FARC-EP, la mayor guerrilla del país, punto de partida para cerrar un conflicto de más de medio siglo.

Luego de espinosas conversaciones confidenciales y públicas, esas últimas en la capital cubana, los representantes gubernamentales y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) llegaron a un acuerdo para terminar la guerra el 24 de agosto, pacto oficializado en Cartagena de Indias el 26 de septiembre.

Ante unos dos mil invitados, entre ellos 14 gobernantes, el presidente Juan Manuel Santos y el líder de esa agrupación, Timoléon Jiménez, rubricaron el trascendental documento que parecía entonces el definitivo.

Pero el inesperado resultado del plebiscito de octubre, cuando la mayoría de los votantes rechazó dicho consenso, paralizó el avanzado proceso pacificador con las FARC-EP y generó un gran debate sobre su contenido y la vigencia de lo concertado.

A partir de ese momento los simpatizantes de la salida dialogada a la contienda protagonizaron multitudinarias marchas en las principales ciudades del país, e instalaron campamentos en la capitalina Plaza Bolívar y otros espacios públicos para exigir una rápida conciliación entre todas las partes involucradas.

Fruto de un diálogo nacional, el 24 de noviembre Santos y Jiménez volvieron a firmar la paz, esa vez en una sencilla ceremonia celebrada en el Teatro Colón de Bogotá, luego de reajustar el texto inicial con proposiciones de los promotores del voto negativo y otros sectores.

Que la palabra sea la única arma que usemos los colombianos, pidió el jefe guerrillero quien llamó a sus coterráneos a trabajar unidos por una patria mejor.

Para mis adversarios, una rama de olivo, añadió durante su discurso tras subrayar que el acuerdo presente no implica abandonar posiciones políticas, sino debatir y resolver las diferencias de manera civilizada.

Posteriormente la alocución del jefe de Estado fue una exhortación a la unidad en torno al reciente tratado, el cual  -según sus propias palabras- abarca las medidas y transformaciones necesarias para acabar los enfrentamientos y hostilidades con ese grupo rebelde y comenzar la construcción de un escenario de distensión y reconciliación.

Tal escrito incluye disposiciones como el cese el fuego bilateral en vigor desde finales de agosto, así como la hoja de ruta para el desarme de los miembros de las FARC-EP y su reincorporación a la vida civil.

Quedaron consignadas otras cuestiones medulares como la lucha contra el narcotráfico con un nuevo enfoque al proponer la sustitución de los cultivos de uso ilícito por otros plantíos con la ayuda de los campesinos, la reparación de los daños causados a las víctimas y los protocolos dirigidos a la búsqueda de personas dadas por desaparecidas, unas 60 mil.

En una votación igualmente histórica, el Congreso validó por mayoría lo consensuado.

Fueron necesarias sólo dos sesiones para que los parlamentarios legitimaran el trato considerado inmodificable tanto por el Gobierno como por las FARC-EP, determinación con la que empezó formalmente el llamado período de postconflicto o posbélico desde el 1 de diciembre.

El desafío ahora es la fase de implementación o aplicación de los pactos, que requiere de normas y reformas pendientes de tramitación y aprobación en el máximo órgano legislativo, entre ellas la ley de amnistía, clave para esa agrupación en proceso de desmovilización.

En opinión de analistas la misma, además de conceder seguridad jurídica a los guerrilleros, constituirá un estímulo para procedimientos esenciales como la dejación de armas.

Adicionalmente la ágil ejecución de lo pactado favorecerá a las comunidades más castigadas por la guerra que ansían acariciar de una vez los beneficios de la difícil etapa de negociación, ventajas que cobijarán asimismo a los combatientes de uno y otro lado.

Después de un año de intensas discusiones, impasses y tropiezos -esos últimos por la férrea oposición de severos críticos del proceso como el ex presidente Álvaro Uribe y sus seguidores- Santos recibió en Oslo el Premio Nobel de la Paz.

Hoy podemos decir que estamos haciendo realidad lo que por mucho tiempo creímos imposible: terminar la guerra con las FARC-EP, confesó el mandatario.

El Comité del Nobel subrayó que tal galardón fue un homenaje al pueblo colombiano y un llamado a perseverar en los esfuerzos para superar el conflicto, el único del continente.

En tanto la comunidad internacional aplaude tales gestiones, resta instalar aún una mesa de diálogo con el también insurgente Ejército de Liberación Nacional, menos numeroso que las FARC-EP pero activo hace más de 50 años.

Las reuniones encaminadas a planear la apertura de las pláticas en Quito, Ecuador, serán reanudadas a principios de 2017 en busca de la anhelada y esquiva paz completa.

Al menos 300 mil ciudadanos murieron debido a la conflagración y casi siete millones permanecen desplazados de sus lugares de origen.

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