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Mundo
10:20 AM / 20/04/2017
Cholitas bolivianas, símbolo de cultura y tradición
Panorama
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La Paz, (PL) Con exuberantes atavíos, las cholitas bolivianas desafían el paso del tiempo para coronarse entre lo más alto de la cultura nacional y defender las tradiciones que las convirtieron en símbolo de la identidad andino-amazónica.

Así, recorren La Paz, orondas, con sus sayas anchísimas de casi seis metros. Estas pueden ser de tejidos muy sencillos y también ostentosas, de encajes y cintas, en dependencia del nivel adquisitivo de la cholita.

Nombradas polleras, estas piezas textiles también protegen a las damas de las bajas temperaturas que reinan casi todo el año en la urbe paceña, mientras en otros territorios bolivianos se usan más cortas por el calor.

A los ojos de los visitantes podrían parecer personajes salidos de un añejo cuento, sin embargo, son más que reales y caminan por las calles, trabajan y aman con sus ropas coloridas y largas trenzas negras.

Los chales casi siempre acompañan a las cholitas en La Paz. Los hay de lana y alpaca, muy vistosa, a veces más sencilla y de muchos colores con bordados impresionantes.

Y quizás lo más curioso y simpático de su vestuario sea el bombín: sombrero de copa alta que reina sobre sus cabezas, apenas sin moverse.

Para sus labores diarias -y hasta para trasladar a sus wawas (niños)- las cholitas llevan siempre el aguayo: especie de manta artesanal que cumple la función de mochila y cargador.

En el altiplano boliviano son muchas las mujeres que usan estos atuendos, y en ello no incide la posición económica que tengan, sino el arraigo a la cultura y la tradición.

Sin embargo, esta vestimenta tan típica -especialmente la pollera- tiene su génesis en el período de colonización, cuando las señoronas europeas impusieron a las sirvientas usar estas sayas.

CHOLITAS BOLIVIANAS POR EL MUNDO

La diversidad de estas interesantes mujeres conduce la exposición Cholitas: la revancha de una generación, de la fotógrafa francesa Delphine Blast, expuesta hasta el próximo 28 de abril en el museo San Francisco de la ciudad de La Paz.

Luego de concluir su ciclo aquí, la muestra llegará entre octubre y noviembre a la sala Chateau Gallery, ubicada en París, y posteriormente la galería especializada en fotografía Anastacia, en Nueva York.

El trabajo de Blast ilustra varias facetas de esta mujer boliviana ataviada con la vestimenta típica de los pueblos quechua y aymara.

De acuerdo con la artista, la exposición -conformada por una treintena de imágenes- está dedicada a las nuevas generaciones de cholitas bolivianas, fieles a las tradiciones de antaño.

Pienso que ellas inspiran a la sociedad. Por ejemplo, yo observo y estudio su forma de ser y en cómo hacen la transición entre lo típico y lo moderno, confesó la artista.

Una cuidadosa representación de la Pachamama (Madre Tierra) -emblemática en la cultura de los pueblos andinos- matiza las instantáneas publicadas en diciembre último en la revista National Geographic.

FIELES A LA TRADICIÓN

Aunque por las calles transitan miles de bolivianas con ropas de tendencia occidental, muchas de ellas abrazan los tradicionales atuendos de cholitas después de contraer nupcias.

En representación de la mujer boliviana indígena, ocupan un espacio importante en la sociedad y hasta desfilan por pasarelas nacionales en defensa de las inconfundibles prendas.

Algunas obvian las delicadezas de la moda y prefieren los combates cuerpo a cuerpo en un ring, pero siempre con la vestimenta del pueblo aymara y quechua.

Durante estos enfrentamientos, las faldas se abren como abanicos en un derroche de poder femenino que incluye además dramatizaciones teatrales para hacer más interesantes las peleas a los ojos de los espectadores.

Amas de casa, vendedoras ambulantes y profesionales -pero principalmente mujeres en la mayor extensión de la palabra- las cholitas sobresalen como uno de los atractivos más grandes de Bolivia.

Ningún visitante -sin importar su precedencia- puede ignorar los encantos de estas féminas, ya sean jóvenes, adultas o ancianas.

Su extrema laboriosidad las convierte en puntos claves de la familia boliviana, en sustento de muchos hogares y en inspiración para aquellos que provienen de otras sociedades, quizás no tan coloridas.

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