17-02-2007
SEMBLANZA. Otilio Miquilena llevaba a la prosa y canción todo lo que lo rodeaba
“Tilo” UNIÓ con su arte a Zulia y Falcón
Texto y Fotos: Zabdiel Gutiérrez Matos


Este año se cumplen seis décadas de la llegada de Miquilena a la Costa Oriental. El escritor e intérprete falconiano dejó unas 100 obras durante su trayectoria artística. “Forma parte de los decimistas zulianos populares”, refirió Jesús Parra, miembro de la Academia de Historia del Zulia.

Su familia fue fuente de inspiración para sus creaciones.

Lagunillas

Atraído por la pujanza económica que auguraba la Costa Oriental del Lago (COL), hace 60 años vino de tierra falconiana un adolescente de 14 años, Otilio Miquilena, para nutrir el acervo cultural costeño y zuliano desde el municipio Lagunillas.

Antes de esa edad y alternando las labores de estudiante y soñador, ayudante en la agricultura de su padre, además como hijo mayor de seis, retrataba lo que vivía en frases poéticas que más tarde lo caracterizarían. “Todo lo que lo rodeaba, mi relación con él, sus hijos, su trabajo como obrero petrolero al llegar al Zulia, sus amigos, lo convertía en prosa y en canción”, recuerda Betty Acevedo, de 59 años, con quien convivió desde 1962.

“Para mi querida Betty fue una de las obras que me dedicó poco después de conocernos. Usaba su cualidad como cantante y decimista para hacer amistades, incluso, para enamorar, cosa que logró conmigo”. “La vida es una amalgama de sentimientos contradictorios y las pasiones matizan con caracteres indelebles su lento discurrir”, decía Miquilena, o “Tilo” como lo conocieron en Lagunillas y en la COL, en su poema ¿Serán verdad estas cosas? Estas palabras dibujan a un hombre, —de piel oscura y acompañado casi siempre por un sombrero de paja—, que tuvo que convertirse en señor de la casa desde muy joven allá en Churuguara, municipio Cardón de Falcón.

Una personalidad

Recio, ordenado, cantante, fiestero, hogareño, de “sangre dulce”, religioso, tempranero, alejado del licor y del fumar, tuvo que dirigir el destino de su casa y familia tras la partida de su padre, Juan de La Cruz Morillo, a un rumbo que nunca conoció.

Una de sus hermanas mayores, Clara Miquilena, desde la ciudad de Coro, cuenta que “Tilo” (asistido por comadronas al nacer en la calle Monagas de su pequeño pueblo en marzo de 1929) cumplía la faena laboral en una panadería antes de haber sido peón en una hacienda donde cultivaban café.

Experiencia que refleja en Añoranza, una canción. “Adoraba a mamá, Figuración Miquilena. Para ella, convirtió la casa en un museo. Los poemas y las pinturas que creaba las enmarcaba y adornaba los salones. Así permanece todavía”, afirma. Miquilena enfrentó la vida con valentía, tal vez ayudado por su rígido carácter, ese que dejó ver cuando murió su madre en 1984. “No lloró. No quiso desbordarse, pendiente de nosotros siempre. El resto sí dejamos ver las lágrimas. Fue hermano, padre y además, nuestro mejor amigo”.

A dónde vino

El sector Las Morochas de Ciudad Ojeda atestiguó la vida del cantautor desde 1948 cuando llegó. Incluso, uno de sus vecinos de toda su vida, Joaquín Rondón, de 67 años, y propietario de un pequeño abasto en la plaza Bolívar del barrio, evoca su fama en su lucha por el bienestar común. “Unas de sus hazañas fue emprender la defensa de unos terrenos en la calle Antena, donde también residió, en peligro de ser invadidos y en el que construirían un liceo (el Blas Valbuena, existente hoy)”.

Junto a la casa donde vivió por 30 años, el artista construyó un local que fungió como su oficina, y espacio para la creación. “Ahí me enseñó a declamar y a tocar guitarra, su instrumento favorito”, recuerda Carlos, el penúltimo de 10 hijos y el único que se dedicó a una actividad similar a la de su padre.

“Como vio que me interesé siempre por el arte, estaba pendiente de mí”, asegura el joven, hoy casado y con dos hijos, y que intercambia su tiempo como barbero y músico en presentaciones privadas en Cabimas.

En palabras de Jesús Ángel Parra, miembro de la Academia de Historia del Zulia, Miquilena integró la lista de poetas populares y decimistas zulianos.

“El estilo literario de Miquilena fue la décima suelta, un fenómeno de la cultura popular en que se producen estructuras poéticas improvisadas compuestas por 10 versos”. “Este folclorista desarrolló su actividad en la COL y la combinó con su inclinación por las acciones comunitarias”, refirió el académico.

Un artista

Los reconocimientos al trabajo artístico de “Tilo” tapizaron la pared. En vida fue declarado hijo ilustre del municipio Lagunillas, recibió un honoris causa en Letras en la Universidad del Zulia, el Salón Cultural de su Churuguara natal lleva su nombre, además de la Casa de la Cultura de Ciudad Ojeda.

Con el canto llanero mantuvo siempre una conexión. El Vendaval del Llano, una agrupación formada por él, recorrió Caracas, Margarita, Falcón y el resto del estado Zulia. Lo acompañaban reconocidos cantautores locales como Tony Luna, Julio Jaramillo y los hermanos Bermúdez.

La vieja Ciudad Ojeda recuerda al compositor que comenzó sobreviviendo como cortador de leña, y emprendió su vida en el Zulia pagando un antiguo bolívar diario por un cuarto con el dinero que ganaba como obrero. Mantuvo un celo por lo suyo, por su trabajo, sin discutir nunca, al menos así lo recuerdan muchos amigos como el cronista de Lagunillas, Omar Bracho. “Tenía su carácter, pero para que salieran las cosas bien. Pasaba tiempo encerrado, pensando y creando”.

“Aquí —en Lagunillas— seguí escribiendo décimas, poemas y canciones, pero estaba seguro (de) que eso no podía tener otro interés más que el personal y los guardaba sin decir a nadie lo que había escrito”, reveló en su autobiografía publicada en marzo de 1991.

La mayoría de sus poemas y otras creaciones reposa en un archivo en la casa de su viuda, la señora Acevedo, mientras que sus canciones fueron registradas como producción intelectual con la firma Producciones Miqui, la empresa con la que soñó.

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