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Las joyas más caras del planeta son de la corona británica: FOTOS
09:30 AM / 07/03/2016-FACETAS
HM Queen Elizabeth II - RCOD 227-X01 (CBX 1001-38)  HM Queen Elizabeth II. Obligatory Credit - CAMERA PRESS/ Cecil Beaton. SPECIAL PRICE APPLIES - CONSULT CAMERA PRESS OR ITS LOCAL AGENT. HM the Queen sumptuously pictured wearing the robes that she wore to her Coronation on the 6th February, 1952. - SPECIAL PRICE APPLIES - CONSULT CAMERA PRESS OR ITS LOCAL AGENT
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Las joyas de la corona británica se cotizan entre las más valiosas del planeta y permanecen expuestas en el Museo de la Torre de Londres, antigua prisión a orillas del río Támesis. De estas aterciopeladas vitrinas, únicamente se sacan para las solemnes ceremonias de coronación y la apertura oficial de las sesiones del parlamento británico. Un lujo absoluto cargado de mucha historia, lo que le suma dólares a su valor real.

Por ser elementos que hacen parte de las tradiciones de ese país, se ha elaborado una réplica de la colección, la cual recorre de vez en cuando el mundo, dándole la oportunidad a miles de personas de apreciar estos tesoros. Las joyas son hechas por manos expertas y representan de una manera fiel a las “de verdad” que por su valor nunca salen de Londres.

LA JOYA MÁS VALIOSA DEL MUNDO

Corona del Estado Imperial Británico.

 

Entre las copias que se exhiben en estas giras mundiales se encuentran dos coronas. Una de ellas es la del Estado Imperial, considerada la pieza más valiosa del mundo.  Su precio se calcula en 2,04 billones de dólares.

Esta joya fue elaborada para la coronación de la reina Victoria y además de un rubí de tamaño de un huevo, traído de la India, cuenta con un diamante extraído de la piedra más grande que se ha encontrado en el mundo. Y por si fuera poco, tiene dos mil ochocientas piedras entre diamantes, zafiros, esmeraldas y cuatro perlas que fueron antes de la reina Isabel II.

También es muy admirado es el collar Delhi Durbar, que fue un regalo de las consortes de los Maharajás a la reina Mary, cuando la llamada reina visitó en 1911 la India. El collar contaba con ocho esmeraldas cabochon rodeadas de diamantes, entre dos cadenas de pequeños diamantes, y con un gran diamante entre cada esmeralda. Originalmente se adjuntó a la pieza central un pendiente desmontable con una esmeralda en forma de pera. Posteriormente, la misma reina Mary -abuela de Isabel II- agregó un diamante marquesa de 11,5 quilates, el Cullinan VI. La reina Isabel II heredó en 1953 el collar Delhi Durbar, que ha lucido infinidad de veces.

El  collar Delhi Durba fue heredado a Isabel II en 1953.

Otra réplica es de la Corona de San Eduardo, cuyo peso de cinco libras debe soportarlo cada soberano el día de la coronación. Entre la colección se encuentran varios cetros de oro, como el de Carlos II y el cetro con la cruz, en cuyo extremo se encuentra otro de los diamantes sacados de la piedra más grande del mundo. Todos estos se utilizan como ornamentos en las ceremonias de la coronación.

Corona de San Eduardo.
 

Igualmente llama la atención un “orbe de oro” rematado por una cruz, que significa la primacía del cristianismo en el mundo y considerado el elemento más grande de la coronación. Asimismo, el anillo de la coronación, compuesto por un zafiro y la Cruz de San Jorge en rubíes, deja lelo a más de uno.

Anillo de la coronación.
 

La famosa Orden de la Liga, una especie de gargantilla cuya creación se la debe el rey Eduardo III, es otra joya curiosa por su historia. La tradición relata que durante una fiesta ofrecida a la condesa de Salisbury, a esta se le cayó accidentalmente un liguero. Al notar la malicia que se reflejó en el rostro de los asistentes, el rey recogió la prenda y exclamó: “Malos son los que mal piensan”. Y así quedó instituida esa orden oficial de la realeza británica.

Otra pieza popular es la tiara de diamantes Girls of Great Britain and Ireland, una de las predilectas de la Reina. 

La tiara es una de las joyas que más luce Isabel II en actos públicos.

 

 

La posesión de estos tesoros hace que se considere a la Reina Isabel II entre las mujeres más ricas del planeta. Muchos de estos provinieron de las colonias en tiempos del Gran Imperio Británico, particularmente en la época de la Reina Victoria.

Se cuenta que el príncipe Eduardo VI, regresó de un viaje por la India, a comienzos del siglo, con una tina de baño de plata y una cama de oro. Y como reza el refrán “plata llama más plata”, la realeza británica cada vez llena más su cofre de joyas, pues no han de faltar los regalitos de reyes, príncipes y millonarios de todas partes del mundo, a quienes les gusta congraciarse con los miembros de la dinastía inglesa.

Trazar una línea entre las pertenencias privadas de los reyes y las que son parte del erario británico es muy complicado, anota en su libro “De ellos es el reino”, el periodista Andrew Morton, quien además narra una serie de detalles sobre muchos tesoros y la actitud de los miembros de la nobleza frente a ellos.

Sostiene Morton que aunque no ha sido costumbre establecer que le pertenece a qué, la Reina Isabel II sí se ha preocupado por distinguir entre lo público y lo privado.

Relata que con frecuencia a la reina Madre le gusta lucir un broche victoriano, ante lo cual Isabel no duda en afirmar: “Mamá sabe que algún día esa joya tendrá que ser devuelta”.

En su crónica, Morton señala que una vez, cuando viajaba en su Rolls Royce, se detuvo ante un puesto de manzanas y al conocer el costo de la fruta, se mostró sorprendida por los precios e inmediatamente ordenó eliminar ese producto de su menú. ¡Qué extraña forma de expresar austeridad!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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