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Actualizado hace 57 minutos

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Experiencia Panorama
08:03 AM / 05/03/2017
Sobreviviente de la guerra: “Siria es ahora miedo y muerte”
Jennifer Salcedo Malavé
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AFP

“Tenía 23 años y era un estudiante del tercer año de ingeniería mecánica cuando la guerra comenzó en Siria, vivía con mi familia en Homs y teníamos una vida estable. Mi padre era dueño de una farmacia, así que se podría decir que vivíamos cómodamente. El dinero que obteníamos del negocio era suficiente para los gastos de la familia, no éramos ricos, pero tampoco pobres, se podría decir que éramos clase media”,  narra, E.A., un sobreviviente de la guerra de cinco años que ha abatido a Siria y sus habitantes, prefiere mantenerse anónimo, alega la posibilidad de represalias del Gobierno sirio por sus declaraciones.

“Iba a la universidad en las mañanas y en las tardes me dedicaba a hacer las tareas que tenía pendientes. En mi tiempo libre veía películas, amaba manejar y pasear por las calles de mi hermosa ciudad Homs, jugaba fútbol con mis amigos o íbamos a ver a hermosas chicas.

Durante las vacaciones de verano ayudaba a mi papá en la farmacia o trabajaba como ayudante en empresas en las que pudiera obtener experiencia en mi campo de trabajo. Mis hermanas eran estudiantes universitarias y mis hermanitos menores estaban en secundaria. Mamá era un ama de casa dedicada a cuidar de su familia después de haber renunciado a su trabajo como maestra hacía un tiempo.

 

 

Mesquita Khaled bin walid (Homs) antes y después de la guerra

 

En enero del 2011 la revolución empezó en el medio oriente, en aquel tiempo el negocio tenía menos ingresos porque la competencia abrió otras farmacias en la misma calle dónde estaba ubicada la nuestra. Después de las revueltas en Egipto y Túnez, mi papá tuvo miedo de que sucediera lo mismo en Siria, así que decidió vender el negocio antes de que nadie quisiera comprarlo o tener que venderlo a bajo precio, el dinero lo invirtió en los Emiratos Árabes y con eso nos hemos mantenido hasta ahora. Decidió alquilar otra farmacia por si la guerra comenzaba. En el 2012 los rebeldes se revelaron contra el Gobierno de Bashar al-Assad y el local que mi padre había arrendado se quemó, perdimos en inventario cerca de los 20 mil dólares, que fue menos que si hubiese sido toda la propiedad.

Para el 2013 tenía ya 24 años y abandoné la universidad en Siria, me fui al este de Asia a continuar mis estudios de ingeniería mecánica a un precio que podíamos pagar, mis hermanos se fueron con mis papás a los Emiratos Árabes, mis hermanas tenían miedo de vivir en un país en el que las chicas se vieran y lucieran muy diferente a las musulmanas.

La guerra afectó mi vida en lo personal, perdí a muchos amigos que murieron  y uno de mis primos fue asesinado por estar en contra del Gobierno. Mi familia se dividió en varios países del mundo, mientras que otros se quedaron en Siria. Las palabras no pueden describir cuánto extraño mi país”.

 

 

 

Las imágenes de Aylan, un niño de tres años que murió ahogado en una playa de Turquía, conmocionaron al mundo en el 2015. Él y su familia habían sido desplazados varias veces dentro del territorio sirio hasta que decidieron migrar a Turquía en dónde pidieron dinero a sus parientes para huir a Grecia. El barco en el que iba la familia de cuatro miembros se hundió, se ahogaron todos.

Once millones de sirios —según la Agencia de las Organizaciones Unidas para los Refugiados (Acnur)— han sido desplazados de su tierra natal, después que la guerra entre el Ejército sirio y la oposición al Gobierno de Bashar al-Assad comenzara en el 2012, al año siguiente se sumarían al conflicto grupos terroristas. Siria, de norte a sur y de este a oeste, ha sido devastada, el Fondo Monetario Internacional calcula que se necesitarán dos décadas y entre 90 mil y 200 mil millones de euros para reconstruirla.

“Todo comenzó con una revuelta contra el Gobierno, las personas estaban protestando por la democracia y obtener más derechos, porque no había libertad de expresión en el país, la oposición quería democracia. El país estaba controlado por el presidente y su familia, decir una mala palabra sobre él era motivo suficiente para ser arrestado y que te asesinaran después de torturarte.

En el primer año de rebelión comenzó la arremetida contra los manifestantes, miles murieron. En ese momento algunos miembros de las fuerzas armadas del Gobierno decidieron retirarse y apoyar la lucha contra al-Assad, en ese punto comenzó la guerra.

Otros se unieron a los militares que estaban en contra del Gobierno, se hacían llamar ‘Ejército Libre Sirio’, lograron el control sobre las grandes y estratégicas ciudades de Alepo, Daraa, Homs, Idlib y Deir ez- Zor.

 

Hombres huyen de bombardeos aéreos en Alepo

 

Los extranjeros que vivían en el país escaparon por nuestra frontera con Turquía, antes que el panorama se volviera más caótico. En el 2013, proliferaron organizaciones terroristas que se instalaron en aquellas ciudades sobre las que el Gobierno había perdido el control y en dónde la oposición tampoco tenía fuerzas. El ‘Ejército Libre Sirio’ tenía muchos miembros que eran políticos y que empezaron a representar a los rebeldes en conferencias internacionales.

La guerra se volvió más violenta, los rebeldes se dedican a robar, asesinar y torturar a las personas, ellos obtuvieron el apoyo de países como Arabia Saudita, Turquía y Catar pero no era suficiente para ganar la guerra. Bashar al-Assad, mientras tanto, obtuvo la cooperación de Irán, China y Rusia, pero tampoco fue suficiente para obtener el control de las ciudades en rebelión.

Los grupos terroristas seguían creciendo y empezaron a ocupar gran parte del territorio sirio, la guerra se convirtió en la pugna de tres fuerzas … el Gobierno, la oposición y los grupos terroristas, todos en contra de todos, no hay aliados”.

No existen cifras exactas para la cantidad de sirios que han muerto, pero de acuerdo con información suministrada por el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos han fallecido 312 mil personas — 149.000 son civiles, entre ellos, 16.000 niños—, mientras que un reporte del Centro Sirio de Investigación Política arrojó que el número ascendía a 470 mil sirios en febrero del 2016.

El 23 de febrero del 2017 comenzaron nuevamente las negociaciones de paz en Ginebra, Suiza, con el objetivo de poner fin al conflicto en Siria. Las discusiones se basan en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que aboga por el establecimiento de un gobierno inclusivo, la realización de elecciones democráticas y la elaboración de una nueva Constitución.

 

 

 

 

 

“En el 2013, una de mis hermanas se fue a Hama, que era medianamente segura, comparada con otras ciudades. Mientras que otra se fue al siguiente año, después que Homs fue retomada por el Gobierno, por lo que es más seguro estar ahí. No hemos vuelto a la casa en la que solíamos vivir, probablemente esté destruida.

Hemos tenido suerte porque mi ciudad fue abatida por la guerra desde el 2012 hasta el 2014, que el Gobierno retomó el control, otras ciudades como Alepo están todavía en guerra. También fuimos afortunados de mudarnos antes que la guerra se intensificara y pudimos costearlo, hay personas que viven en carpas en la frontera de Siria.

La vida que llevan mis hermanas es difícil, medianamente seguro, pero es muy duro vivir allí. Tienen electricidad solamente algunas horas al día, no hay combustible para encender la calefacción por lo que es muy frío dónde duermen. Nuestra moneda perdió un 90% su valor y todo se volvió muy costoso, además que deben hacer largar colas para obtener alimentos, aún así se las arreglan para ir a la universidad y terminar sus estudios.

Me parte el corazón es que quiénes hicieron de Siria un país exitoso cruzaron las fronteras hacia Europa, en dónde se sienten bienvenidos. Mientras que los que viven en países musulmanes están siendo maltratados. Muchos sirios se volvieron pobres a raíz de la guerra y nos están utilizando en todo el mundo,  haciendo trabajos duros por muy poco dinero.

Extraño mi infancia, lindos lugares en mi país, pero desde que se hizo inhabitable no quiero volver allí. Siria es ahora un lugar de miedo y guerra para mí. Desde hace cuatro años que me fui, a veces tengo pesadillas, no quiero volver, fueron días espantosos en el 2012 y 2013, no quiero volver a vivir eso.

 

"Rescatados de los escombros" por Ameer Alhalbi. Alepo, 2016

 

Me gusta vivir en Dubai, la gente es agradable, tengo trabajo, pero no me siento seguro aquí porque para obtener la visa de residente debo estar trabajando, así que si por alguna razón lo pierdo, ya no tendría la visa y sería deportado. Sueño con vivir en un país del primer mundo en el que pueda optar a la ciudadanía después de algunos años de ser residente, así puedo asentarme y tener una familia, sin miedos, estaría la garantía de no ser deportado y dormir en una carpa en la frontera de algún país como refugiado”.

 

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