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Experiencia Panorama
08:00 AM / 18/06/2017
REPORTAJE // De taxista a “profe” de yoga
Luis Aguirre
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Mejor conocido en las redes sociales como Arjuna, Alberto López (Martorelles, Barcelona, España – 1979) mezcló las artes marciales con asanas de yoga, más coaching de crecimiento personal. Él bautizó el estilo como virayoga y ahora lo da a conocer en su primer libro lanzado hace dos meses. Desde entonces emprende una gira de promoción que lo tiene muy ilusionado y hace un brindis con un jugo de manzana y cambur en un restaurante vegetariano en el Borne.Saca de su mochila un ejemplar, lo firma y con humildad resuelve que no es la única persona en el mundo con una historia singular en el mundo del yoga. Sin embargo, la suya es muy especial. ¿Cómo de ser taxista se convierte en profesor de yoga?
 
“Sigo siendo taxista”, sonríe. Lo heredó de su padre, quien levantó a su familia con ese oficio. Lo identifica como su primer maestro. “Él fue una figura decisiva en mi formación. Me dejó un mantra: ‘Si él puede, tu puede”". 

Arjuna ha sorteado diferentes circunstacias en la vida, todas alejadas de la práctica de yoga. “De adolescente fui pandillero y me moví por lugares oscuros. Nunca me gustó estudiar. Mi primer trabajo fue a los 14 años en una gasolinera ubicada en el cruce de dos carreteras comarcales y era el lugar de peregrinación de toda clase de fauna humana. Después cumplí con el servicio militar, un punto de inflexión en mi vida. Al salir, entré en una multinacional, gané dinero y me compré mi primer vehículo. Lo dejé todo, me fui a Estados Unidos, me casé en Las Vegas, regresé a España. Al volver me convertí en  taxista”. 
 
Su padre siempre le dijo que el taxi es un estilo de vida. “Primero lo hice por homenaje, sin estar muy convencido, pero pronto comprobé que me permitía conocer y disfrutar de todas las personas que entraban y salían de mi auto, y eso me gustaba. Es una gran experiencia que me regalan en cada trayecto, mucha gente me cuenta lo que seguramente no se atreven a contar a nadie. Es un lujo, soy un explorador de las relaciones humanas”.
 
Su tiempo lo divide entre el taxi por la mañana y las clases de yoga por la tarde, más las promociones del libro. En el carro lleva un afiche del Virayoga y le sirve para interactuar con los usuarios. “Muchos quedan sorprendidos de ver que el chofer es profesor de yoga y tiene un libro (risas)”. 
 
Así va sumando lecciones. Con el trabajo del taxi ahorró dinero para realizar su primer viaje a India. Allí conoció a Ganesha (la deidad hindú que abre los caminos y rompe los obstáculos) y coincide con el nombre de la escuela donde se inició en las artes marciales en Barcelona con el maestro Paco García.
De esta manera Arjuna desde hace 13 años fue acumulando aprendizajes de las tres actividades que le cambiaron la vida: taekwondo, yoga y meditación. Ahora las juntó y define virayoga como esa fuerza para enfrentar el día a día, con actitud de superación y serenidad, la única y verdadera intención de la práctica milenaria hindú. 

A él, al igual que a su profesor Paco, les causa mucha curiosidad que sean más las mujeres que los hombres quienes conecten más rápido con esta disciplina. A su juicio, lo que los hombres ignoran o le huyen al yoga es despertar la energía femenino, basásicamente por machismo. “Es un poder que me dio a mí. Es la mayor evolución. Ya yo no tengo amigos hombres. Todos mis amigos son chicas. Disfruto de conversaciones, aprendo mucho más de ellas. Los hombres tienen tan poco para decir que es aburrido reunirme con ellos. Los hombres pasan de meditar porque parten del estereotipo que eso es para mujeres. Eso es un bloqueo energético. Los pocos amigos hombres que aceptan venir a mi clase se sorprenden de no aguantar los primeros 15 minutos. Es incultura e ingnorancia”.
 
Arjuna confiesa que sus maestros lo ayudaron a despertar con su lado femenino. “Ojalá muchos se dieran a la tarea de conocer su energía yen. Le tienen miedo por ignorancia. Les da vergüenza. Aun parecemos del paleolítico. Seguimos arrastramos machismo aunque vamos de muy modernos y globalizados. El hombre siente que   debe mantener el estatus de hombre, es un error. Hay que ser natural. Lo más natural es evolucionar. La mujer va muy avanzada, es sutil. Los límites no nos dejan evolucionar”.

 Sus alumnas terminan motivando a sus maridos y los llevan a clase, “lo marcial y lo yóguico es un sistema muy versátil. Cada quien toma lo que más necesite, hay gente que aprovecha lo físico, lo meditativo o lo espiritual. Lo importante es que se beneficien. En mi caso, te diría que hay que trabajar más la meditación. Algo si te digo quien no haya encontrado a Dios haciendo yoga es porque entonces ha hecho es gimnasia”.
Describe detalladamente alguna de sus rutinas en la que destaca una muy especial para él: “Me gusta ir al templo  Hare Krishna de Barcelona donde tengo amigos con los cuales simpatizo mucho por se r gente humilde y de corazón que se entregan al servicio de Dios y de los demás.  Cada mañana tengo como costumbre poner incienso en mi altar a mis dioses y voy cantando  mantras hasta el taxi, allí tengo mis deidades y mis mandalas”. 

Al profesor no le da pena reconocer que siempre le costaron las posturas, la mejor parte de su práctica era la meditación. Y eso lo confirmó en un viaje a India. En India se levantan y viven, no importa que sea lunes o martes... allí está el secreto. Vivir desde la sencillez y no lo consigues solo en India, está en todos lados. La naturaleza de conectarse con los más sencillo es un regalo. No hay nada más gratificante que sonreír sin motivos, esa magia es inexplicable. Venezuela no pierde eso a pesar de las circunstancias y no lo pueden perder, los venezolanos sonríen desde el corazón”.

Arjuna resuelve que el mundo necesita más compasión, “vivimos en el ego, estamos en la era de la ignorancia. Hay que ser más humildes y sonreír un poco más, ser más naturales y más humanos. Al final siempre buscamos ponernos máscaras y ser algo con categoría que permanecer en la esencia de que no somos nadie. La competencia de ideales trae guerra, conflicto y violencia. Si se hiciera más yoga fuera otra historia”. 

Él está convencido que todas las personas tienen un dharma, dharma es el camino interno, “pregúntate para que has venido a este mundo, cuál es tu misión, ya yo sé que yo vine a servir”.

El mensaje de su libro es que se puede hacer un cambio siendo un verdadero guerrero desde el corazón sin miedos.

Aunque el autor no lo dijo en su texto, el miedo más difícil que ha tenido que librar es su vida fue el divorcio. “Mi situación era incongruente. En 10 años de relación todo era perfecto, parecía muy feliz, todo fluía... me fui de retiro a la india. y le dije a mi esposa, si nuestro amor es verdadero cuando regrese seguiremos en pareja, de lo contrario tendremos que ser amigos. Descubrí que estaba en una zona de confort. Tomé la decisión. Me daba miedo porque era saltar al vacío. Siento que estamos muy dividos, el cerebro y el corazón van por sus lados”.

¿Es usted feliz? “La gente y la felicidad en el consumismo es complicado. No te puedo decir que es la felicidad, te puedo decir cuál es mi felicidad. Buda decía: “El yo de hoy no será el mismo yo de mañana”. “Mi felicidad ha ido cambiando de manera evolucionada con el yoga”.

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