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Actualizado hace 65 minutos

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Experiencia Panorama
07:00 AM / 29/08/2018
Michael Jackson, el rey triste
Lolimar Suárez Ayala
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Composición: José Cerrudo

Todo parece estar dicho sobre el tránsito vital del Rey del Pop, Michael Jackson, quien hubiese cumplido hoy, 29 de agosto, 60 años de edad. Pero este genio de la música que fue abusado por su padre y utilizado como producto es todavía una especie en estudio.
A poco más de nueve años del fallecimiento del artista más galardonado del planeta en al menos tres décadas consecutivas, su influencia seguirá vigente, aunque su vida privada siga siendo un misterio.
Nacido al sudeste de Chicago, en Gary, Indiana (EE UU) era el séptimo de nueve hermanos que tenían una fuerte inclinación por la música.

 

Su padre Joseph, trabajaba en una acería pero para la época surgía un importante movimiento musical afroamericano en importantes ciudades de los Estados Unidos, lo que promovió el entusiasmo para organizar jóvenes bandas o lanzar solistas en distintos géneros, como el Soul, el Gospel y el Rock, entre otros.

 A Joseph le gustaba el negocio del espectáculo, así que no dudó en conformar una banda con sus propios hijos, a la que le pondría el título de “The Jacksons Five”. En la casa todos cantaban, pero Michael los deslumbró cuando tenía 5 años de edad. 
Esa fue la etapa definitiva que explicará lo que ocurrió después con este músico que odiaba mirarse al espejo y que, fuera de un escenario, lo que más hacía era llorar.

A confesión suya para Oprah Winfrey en 1993, quedó claro lo que para millones de admiradores era un imposible: Que el niño prodigio, el ídolo de impresionante voz, el bailarín eximio que vestía como un oficial de algún ejército espacial era en realidad un hombre triste.
Era difícil entender cómo el “golden boy” de los Jackson nunca fuera feliz teniéndolo “todo”. 
La fama que lo acompañó desde temprana edad lo alejó de la vida normal. No hubo escuela, ni amigos, ni paseos familiares. Jugar era la excepción en la agenda. Se crió con tutores privados y trabajaba como un adulto, con tareas que no contemplaban el regreso al estado original: Ser niño. 

Como estrella de la Motown, Michael no comprendía el peso de su destino, pero no tenía más que seguir las directricies del patriarca que fungió más como agente artístico que como padre. “Joseph era un desconocido para mi... Cuando lo veía a veces, vomitaba, lo hice de niño y también de adulto, su sola mirada me daba miedo”, confesó. 
Michael tenía 34 años y no había hablado con la prensa al menos en 15 años. Era la primera vez que accedía a mostrar parte de su mundo desde su lujoso rancho Neverland. Incluso permitió preguntas incómodas que no quiso responder, como por ejemplo si aún era virgen.

No es secreto que Joseph Jackson le pegaba, lo hacía con los cables de los micrófonos, con manotazos. Exigía perfección. El niño que se refugiaba en la comida y en los shows televisados de James Brown, se escondía en los armarios de los hoteles para intentar retrasar las giras de conciertos. No tuvo la suerte de ser comprendido. Para la prensa de la época, el niño declaraba que su “lado  malo” era que a veces olvidaba hacer sus tareas y que parecía un frijol saltarín. 
Ni Katherine, su madre, pudo percatarse de los daños de la fama. Tampoco sus hermanas cantantes: Rebbie, Janet o La Toya. En casa todos cantaban, bailaban, estudiaban piano, componían. Se trataba del negocio familiar y siendo que la música es entretenimiento, no vislumbró el impacto del éxito en el más vulnerable del clan.

“No tuve amigos cuando era pequeño. Mis hermanos eran mis amigos. En las giras jugaba con Marlon, Tito, Jermaine y Jackie. Mi vida eran los ensayos, las presentaciones, las grabaciones, la asistencia a entrevistas de televisión, las sesiones de fotografías, los viajes”. 
El encanto de Michael desapareció con la adolescencia. Así lo admitía este artista negro que ante las cámaras lucía cabello completamente liso, piel blanca y con otro rostro producto de las cirugías. La rebeldía de Michael Jackson fue contra su propia imagen y esa guerra comenzó con el desarrollo de sus facciones. La burlas de su padre por el acné o lo grande de su nariz lo llevaron a iniciar una “liberación” excéntrica y suicida.
 Separarse de los Jacksons Five a finales de los 70 y la salida del clan de la Motown hacia el sello Epic Records le permitió vivir a su ritmo y despegar como astro del espectáculo, ahora sin el tutelaje de Joseph.  Su voz de contratenor podía lograr notas impecables. El mismo Frank Sinatra reconoció que era la mejor voz masculina que existía. 
 Pero Michael repetía que nunca estaba conforme con nada, ni con él mismo.

 

Ante Oprah negó sus  cirugías insistiendo en que era mejor hablar de música, de su trabajo. 
 “Me gustaría poner las cosas en su sitio. No me he operado las mejillas ni los ojos. No me he retocado los labios ni me he sometido a una dermoabrasión ni a un peeling. Estas afirmaciones son ridículas. Si fueran ciertas lo diría, pero no lo son. Me he operado la nariz dos veces y últimamente me he puesto un hoyo en la barbilla. Nada más. No importa lo que digan; es mi cara y lo sé muy bien. Soy un norteamericano negro, estoy orgulloso de serlo, estoy orgulloso de mi raza, de quien soy. Tengo una condición en mi piel que no puedo controlar. Apareció poco después de Thriller, mi padre decía que venía de su familia, y me duele que digan que el blanqueamiento de  mi piel ha sido un deseo mío”. 

 

Pero la lucha de Michael con el espejo era obvia. Eso explicaba sus ausencias de los escenarios durante meses e incluso años. Cada vez que reaparecía, se notaba algún cambio en su rostro, pero sobretodo en su piel. 
Su autopsia confirmó la enfermedad, y como  las manchas blancas eran masivas aplicaba una sustancia llamada benoquin para uniformarse mientras que en las partes visibles  se ayudaba con maquillaje.Tenía tatuadas partes de la cabeza para disimular entradas, los párpados estaban tatuados y en los labios había pigmentos rosados.  Las pocas veces que se le fotografiaba, como por ejemplo durante sus audiencias por las denuncias de abuso hacia niños, mostraba guantes,  tapabocas, lentes o sombreros. Se especuló que tras quemarse la zona superior de la cabeza durante la grabación de un comercial de Pepsi  usaba un peluquín. “Yo tenía quemaduras de tercer grado en el cuero cabelludo que casi me legaban hasta el cráneo”, escribió.

Con los quirófanos llegó  la adicción a los sedantes, a la anestesia, un camino distinto en el contexto del ‘show business’, donde las drogas son moneda común. En su libro Moonwalk, publicado en 1988, reconoció que estuvo tentado, pero no llegó a más. “Éramos músicos que realizábamos un trabajo durante una época en la que el uso de las drogas era corriente. No quiero dictar sentencia, ni siquiera es para mí un asunto moral, pero he visto que las drogas destruyen demasiadas vidas para pensar que se puede tontear con ellas. Ciertamenten no soy ningún ángel, y puedo tener mis malas costumbres, pero las drogas no se encuentran entre ellas”.
A los 50 años, con tres hijos no biológicos, dos matrimonios  y una apariencia casi perturbadora se aferró a la adicción por los sedantes. Los aprovechaba para mitigar dolores, lesiones producidas por años de trabajo.
 Una paradoja de su puño y letra tocó el tema de la muerte en su libro.
 “En el pasado, muchos artistas han sido figuras trágicas. Muchos de los verdaderamente grandes han sufrido o han muerto a causa de la tensión y las drogas, especialmente el alcohol. Es triste. Como fan te sientes defraudado por no haber tenido la oportunidad de verles evolucionar con los años. 
No puedes menos que preguntarte qué actuaciones podría haber hecho Marilyn Monroe o lo que habría podido hacer Jimi Hendrix en los años ochenta”. Esa misma pregunta, con su partida, ha quedado en el aire.

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1Comentarios

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domador antiopositores 30/08/2018 02:16 PM

Era un genio. Ahora está todo bien despues de fallecido. Cuando vivía?, casi lo crucifican.


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