Publicidad

Actualizado hace 15 minutos

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Experiencia Panorama
11:37 AM / 12/09/2018
Latinoamérica a fuego lento: ¿por qué no avanzamos más en energía solar?, por Haiman El Troudi
Haiman El Troudi
1
www.haimaneltroudi.com

En el mundo y en particular para América Latina y el Caribe, las fuentes de energías renovables se han convertido en una alternativa real para la producción de electricidad. Aun cuando, el uso de energía solar ha venido repuntando desde el 2012, queda mucho por avanzar.

Si bien la capacidad solar fotovoltaica instalada de la región aumentó, considerablemente, en los últimos cinco años pasando de 228 MW en 2013, a 3.785 MW a finales 2017, este último dato apenas representa el 0.9% de la capacidad total instalada para generación eléctrica, de acuerdo al Informe de Estadísticas de Energías Renovables, publicado en julio de 2018, por la  Agencia Internacional de Energías Renovables , conocida como IRENA, sus siglas en inglés.

Los países con mayor capacidad solar instalada son Chile (2.110 MW), Brasil (1.097), México (570 MW), Honduras (471 MW) y Uruguay (239 MW), señala el mencionado informe.

Matriz energética renovable y mixta

América Latina y el Caribe tiene una de las mayores participaciones en la producción de energías renovables en el mundo, gracias al desarrollo de la energía hidroeléctrica y la bioenergía. Cerca del 80 % de las renovables que se producen en la región, provienen de las centrales hidroeléctricas, con Brasil a la cabeza, al generar casi un 40% de electricidad, de acuerdo al Análisis del Mercado de Energías Renovables, publicado por IRENA en 2016.

La inversión en energías renovables de la región, distintas a la hidroeléctrica, se ha incrementado de forma notable. Según la Agencia Internacional de Energía, entre 2010 y 2015, superó los 80.000 millones de dólares (no incluye las hidroeléctricas). Sólo en 2015, ascendió a 16.400 millones de dólares, el 6 % del total mundial.

La preocupación por la seguridad energética como consecuencia del incremento de la demanda, el impacto de los cambios climáticos en la generación de energía hidroeléctrica (fuertes períodos de sequía) y los elevados costos económicos y medioambientales asociados a la construcción de las infraestructuras para la generación de energía hidroeléctrica, ha incidido en el incremento en la producción de otras energías renovables: solar, eólica, geotérmica, marina, bioenergía.

Para principios de 2016 se había triplicado la capacidad instalada de producción de energías renovables en la región, al pasar de 10 GW a 36 GW entre 2006 y 2015, según cifras de IRENA.

Por otra parte, en un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se estima que América Latina tendrá un crecimiento acumulado de la demanda de energía de 72%. Es decir, tomando como punto de comparación el año 2016, aumentará de 1.500 TWh a 2.500 TWh en 2030, aproximadamente.

“Para cubrir el crecimiento de la demanda de energía en el transcurso de 15 años, se requiere a manera de ejemplo la energía equivalente de 568 nuevos generadores con turbinas de gas tradicionales o 388 plantas de ciclos combinados de gas, lo cual puede dar una idea aproximada de las grandes inversiones necesarias en el futuro para suplir las nuevas necesidades energéticas en la región”, se indica en el informe final del mencionado estudio.

La complementariedad entre la hidroeléctrica con otras energías renovables como la solar y la eólica, pueden fortalecer el desarrollo de proyectos que permitirán mejorar la eficiencia y confiabilidad de los sistemas de energía eléctrica; así como a la disminución de los costos medioambientales y de consumo.

Entre las 10 mayores plantas solares del mundo

Con base a los datos presentados por IRENA en el informe de julio de 2018, Chile tiene el 55.8% de la capacidad solar fotovoltaica total instalada en toda América Latina, con la producción de 2110 MW.  Le siguen Brasil con 1097 MW, México con 570 MW, Honduras con 471 MW y Uruguay con 239 MW.

Chile aumentó en 316,5% su capacidad solar instalada entre 2013 y 2017, período en cual pasó de 15 MW a 2110 MG.

De las infraestructuras para el aprovechamiento de la energía proveniente del Sol, destaca El Romero Solar, ubicada en el desierto de Atacama, con una potencia máxima de 246,6 megavatios (MWp) -196 MW nominales-, lo que la ubica como una de las diez mayores instalaciones fotovoltaicas en el mundo y la planta en operaciones más grande en América Latina a la fecha.

De 2013 a 2017, Brasil aumentó su capacidad solar instalada en 54,85%, pasando de 5 MW a 1097. El país suramericano cuenta con plantas o parques solares, como también se les conoce, en varios estados de la Nación.

La Central Fotovoltaica Pirapora, ubica a 350 km al norte de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais (sudeste), con una capacidad de 400 MV, que podría abastecer electricidad a 420.000 hogares durante un año; y el Parque Solar Nova Olinda en municipio de Ribeira do Piauí con 292 MW de capacidad instalada y puede producir más de 600 GWh por año, energía suficiente para satisfacer las necesidades de consumo de unos 300. 000 hogares, por mencionar algunas de ellas.

México, Honduras y Uruguay

Para 2017, México había incrementado en 467% la capacidad instalada de energía solar fotovoltaica, con la producción de 570 MW en contraposición con los 82 MW obtenidos en 2013.

Además de la Planta Solar Villanueva, ubicada en Viesca, estado norteño de Coahuila, con 754 MW, inaugurada en marzo de este año, Mexico tiene actualmente 37 centrales solares en construcción en diversos estados (Sonora, San Luis de Potosí, entre otros).

Mientras que Honduras, ha tenido un crecimiento promedio anual, en los últimos 3 años, de 419,5 MW a partir de 2015 cuando inauguró la Fotovoltaica Nacaome-Valle.

El incremento de la capacidad solar instalada del país centroamericano incrementó 23,45 % entre 2013 y 2017 al pasar de 5,2 MW a 451,1 MW.

La planta solar inaugurada en mayo de 2015, aporta más del 10% de la electricidad requerida por Honduras, cerca del golfo de Fonseca, a 110 kilómetros de Tegucigalpa y genera energía para 150.000 familias hondureñas cada día. Sin embargo, por limitaciones técnicas solo se permitió el ingreso de 300 MW al sistema interconectado hondureño.

En el de caso de Uruguay, el incremento de la capacidad solar fotovoltaica instalada tuvo un importante crecimiento entre 2015 y 2017, 155,71 %, al pasar de 65,1 MW a 239,2 MW. En 2013, la capacidad instalada era de 2,1 MW.

Este avance considerable es consecuencia de la política energética del país sureño establecidas para el período 2005-2030, en la que cual se establece la necesidad de diversificar la matriz energética, a partir de energías renovables y autóctonas especialmente.

El desarrollo de la energía solar en Uruguay “se ha concentrado en la investigación del recurso solar, el desarrollo de la energía solar térmica para el calentamiento de agua y la energía solar fotovoltaica para generar energía eléctrica”, de acuerdo a información del Ministerio de Industria Energía y Minería de la nación suramericana.

La planta solar La Jacinta, ubicada en Salto, al norte de Uruguay, la primera central solar a gran escala del país tiene una capacidad instalada de 64 MW, suministra el 100% de su energía a UTE y abastece las necesidades eléctricas de aproximadamente 35.000 hogares.

Gran potencial para el desarrollo sostenible

El potencial bruto de capacidad solar fotovoltaica promedio de Latinoamérica es 1029,12 GW, de acuerdo al estudio del BID denominado “La Red del futuro. Desarrollo de una red eléctrica limpia y sostenible para América Latina”.

El crecimiento exponencial de la capacidad solar fotovoltaica instalada en los últimos cinco años, evidencia el interés de los países de la región de diversificar su matriz energética, con la incorporación de otras fuentes de energía (solar y eólica en particular), distinta a los combustibles fósiles.

Sin embargo, aunque se han dado pasos muy importantes en ese sentido, la región depende en buena medida de los combustibles fósiles (petróleo y carbón). Es necesario acelerar la marcha y aprovechar con eficiencia el inmenso potencial solar de América Latina y el Caribe.

Descarbonizar el sector energético de Latinoamérica, además de contribuir a minimizar mitigar el cambio climático, reducir la emisión de CO2, reducir la contaminación urbana, contribuye al desarrollo sostenible y generación de empleo, de cadenas de valor locales, entre otros beneficios.

Siendo la energía solar un recurso renovable, no contaminante y disponible en todo el planeta, puede ser empleada para generar electricidad a gran escala y conectarla las redes eléctricas nacionales, no genera pasivos ambientales, presenta una disminución significativa y acelerada de los costos de las células fotovoltaicas, entre otras ventajas comparativas, no se justifica que América Latina y el Caribe desaproveche esta oportunidad de ser protagonista del cambio global necesario para preservar la vida en el Planeta y salvar la especie humana.

¿Te gustó la nota?
Publicidad
1
TOP 5 DE NOTICIAS
Publicidad
1Comentarios

1

domador antiopositores 15/09/2018 07:26 AM

Brillante. En mi opinión (que poco importa y nada influye para cambiar la realidad) Suramérica siempre será Suramérica, gracias a los suramericanos.


AVANCES
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS