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Actualizado hace 27 minutos

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Experiencia Panorama
10:23 AM / 09/09/2018
John Lennon sigue mirando a su asesino
Alexis Blanco
1
Agencias

 

 Los ojos de John continúan mirando a Mark David Chapman mientras estampa su rúbrica en el libro que su fan le extiende, horas antes de dispararle cinco veces por la espalda, a la entrada del edificio Dakota, en Nueva York.

Esa mirada que, lejos de acusarlo, continúa perdonándolo. Total, no fue el revólver de Chapman lo que acabará con su vida, sino una compleja maraña de intrigas tejidas en los oscuros laberintos del poder establecido en USA.

Por décima vez, Chapman ha pedido a la justicia estadounidense que le perdone. Diez negaciones de su propia negación. Al asesino lo perdonará ese mismo Dios que Lennon denostó en una célebre canción que, a su modo, refería la legendaría frase del filósofo alemán F. Nietzsche: “Dios ha muerto”.

 

“Dios es un concepto, / con el que medimos / nuestro dolor. / Lo diré de nuevo / Dios es un concepto / con el que medimos / nuestro dolor. No creo en la magía, / no creo en el Ying Yang, / no creo en La Biblía, / no creo en el Tarot, / no creo en Hitler, / no creo en Jesús, / no creo En Kennedy, / no creo en Buda, / no creo en el Mantra, / no creo en el Gita, / no creo en el yoga, / no creo en los reyes, / no creo en Elvis, / no creo en Zimmerman, / y no creo en Los Beatles.  Sólo creo en mi, / en Yoko y en mi, / es la realidad. / El sueño se acabó / ¿Qué puedo decir? / El sueño terminó / ayer. / Yo era el tejedor de sueños, / pero ahora he vuelto a nacer. / Yo era la morsa, / pero ahora soy sólo John. / Así es queridos amigos. / Tienen que seguir ustedes. / El sueño terminó”.

La amnistía o perdón a M.D. Chapman abre un abanico de reflexiones acerca del perdón y la ética de la norma. Cuando Lennon niega a Dios, a Buda y a los íconos espirituales, como él mismo, está, al igual que Nietzsche, reafirmándose como un plusvalor. La abogada melómana, Isabel Perozo, compone: “Depende de su comportamiento. Un asesino debe pagar completo pero el ser humano tiene voluntad y ésta puede ir hacia la redención o la condena”.

“ Me imagino a muchos niños pequeños jugando en un gran campo de centeno y todo. Miles de niños y nadie allí para cuidarlos, nadie grande, eso es, excepto yo. Y yo estoy al borde de un profundo precipicio. Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno. Sé que es una locura; pero es lo único que verdaderamente me gustaría ser. Reconozco que es una locura”.

 

Jerome David Salinger jamás pensó que su novela cumbre, El guardián en el centeno, inspiraría un asesinato. Mucho menos el que se haría ícono de la violencia instigada por la ideología. El crimen de John Lennon, anunciado al orbe aquella misma noche del ocho de diciembre de 1980, por el comentarista deportivo Howard Cosell, transformó  al asesino Chapman, no sólo en el trágico émulo de Holden Caulfield, el protagonista de la obra, sino en ese símbolo de muerte que ahora intenta reivindicarse, sin éxito. Esa  mirada de Lennon.

 

 “¡Que se lo cojan...!!”, increpa el músico Juan José Moreno en torno a Chapman. “El mundo aún no para de llorar a uno de sus más entrañables defensores. El aprueba la décima decisión de las autoridades de Nueva York, ante las cuales Chapman ha estado rogando,  cada dos años, su libertad, desde 2000. Con sus 63 años purga una condena mínima de 20 años que podría incluir su propia muerte en vida, en la prisión de alta seguridad de Wende. La  Junta de Libertad Condicional del estado de Nueva York argumenta que la liberación sería “incompatible con el bienestar y la seguridad de la sociedad y menospreciaría la seriedad de su crimen, con lo que minaría el respeto a las leyes... El informe de su historial criminal refleja que este es su único crimen. Sin embargo, eso no mitiga sus acciones”, señala su texto.

También resalta el documento que  Chapman, quien tiene un historial penitenciario "limpio" desde 1994, también “actuó con premeditación y en busca de "celebridad"... Admitió que planificó con cuidado y ejecutó el asesinato de una persona conocida en todo el mundo sólo para adquirir notoriedad y  mostró un desprecio cruel por el carácter sagrado de la vida humana y el sufrimiento de otros”.

 

Y la música de John continúa martillando la conciencia de su verdugo: “Hemos nacido en una prisión, / criado en una prisión / enviados a una prisión llamada escuela. Lloramos en una prisión, / amamos en una prisión, / vivimos en una prisión, / como tontos (...) Trabajar en una prisión / Y el odio en una prision / y morir en una prisión / como una regla.  Vivimos en una prisión / Entre los jueces y guardianes / y esperar a que haya ninguna razón o utilizarla. Nos reímos en una prisión, / Ir a través de las cuatro estaciones / Y morir con una visión / o la verdad”.

 

Navegando en el barco de la vida, la artista y poeta Meimalín Berbesí, añade a la polémica: “Yo entendería un asesinato en ciertos casos como el de una víctima que logre asesinar a su violador por ejemplo, pero por razones viles o fanatismo soy partidaria de la pena de muerte, creo que los derechos humanos deben serlo para los humanos”. Palabras que Lennon canta:

“Imagina que no hay cielo, / es fácil si lo intentas. / Sin infierno bajo nosotros, / encima de nosotros, solo el cielo. Imagina a todo el mundo. / viviendo el día a día... / Imagina que no hay países, / no es difícil hacerlo. Nada por lo que matar o morir, / ni tampoco religión. / Imagina a toda el mundo, / viviendo la vida en paz... Puedes decir que soy un soñador, / pero no soy el único. / Espero que algún día te unas a nosotros, / y el mundo será uno solo. Imagina que no hay posesiones, / me pregunto si puedes. / Sin necesidad de gula o hambruna, / una hermandad de hombres. / Imagínate a todo el mundo, / compartiendo el mundo...”.

Vehemente en sus cantares, la trova de Alguna Duque sigue la estela del Poseidón Lennon: “Lo que odiaba con toda su rabia eran los iconos del tercer mundo, a los que despreciaba tíránicamente. Los llamaba los 'santos muertos'. Estimaba malamente a Gandhi a Martin Luther King y al propio Kennedy. Los llamaba también héroes muertos, porque decía que los verdaderos mensajes hay que lanzarlos todavía vivos, cuando se puede ser un apóstol para dar el auténtico poder al pueblo”.

El joven músico Juan Diego Villalobos aboga por Chapman: “Sería bueno merece un poco de crédito. Lennon no era lo que le mostraba al mundo. Él ha pasado como uno de los íconos del siglo XX, pero se ha convertido en otro de los 'santos muertos' que tanto odiaba. Seguro que Lennon se hartaría de la cantidad de panegíricos que escupimos en sus aniversarios...”.

Esa apasionada inspiración, esa constante personalidad en ebullición, ese volcán creativo, irreverente y cáustico, tenía que padecer severas contradicciones. Del hombre que niega a Dios para reafirmarlo dentro de sí mismo. Todo Lennon es un cauce deltaíco, desbordando los sentidos con su música plena de poesía y de sentido común.

Por eso existe toda una “teoría de la conspiración” en torno al crimen.

 Lennon habría sido una piedra en el zapato para muchos encumbrados factores de poder en el país que lo hospedaba. Según las reseñas, en la mañana de ese ocho de diciembre de 1980, la fotógrafa Annie Leibovitz fue al apartamento de Ono y Lennon para realizar una sesión fotográfica para la revista Rolling Stone. Después, Lennon dio la que sería su última entrevista al DJ de San Francisco, Dave Sholin, para un programa musical en la RKO Radio Network.? A las cinco en punto de esa tarde John y Yoko abandonaron su apartamento para irse a mezclar juntos la pista “Walking on Thin Ice”, con Lennon en la guitarra principal, en Record Plant Studio. 

Chapman, quien en esa primera instancia, logró acercarse a Lennon y lograr de él un autógrafo, contó a Larry King que la mirada del cantautor penetró profundamente su psique. Sin embargo, con el libro de Salinger en el bolsillo, lo esperó que regresara, en la noche, para dispararle a quemarropa.

La voz del “ancla” de la cadena deportiva Espn, en el juego del lunes de fútbol americano, terminó siendo una lápida que desató el dolor de millones de adoradores del ex beatle, tal como lo era Chapman. Dijo el locutor: “Esto, tenemos que decirlo. Recuerden que esto es solamente un juego de fútbol, no importa quién gane o pierda. Una inexpresable tragedia nos fue confirmada por ABC News en la ciudad de Nueva York: John Lennon, afuera de su edificio apartamental en el West Side de Nueva York, el más famoso, quizá, de The Beatles, fue disparado dos veces en la espalda, llevado rápidamente al Roosevelt Hospital, y muerto al llegar”.

 

 

En Liverpool. Inglaterra, había nacido John Winston Lennon, el nueve de octubre de 1940. Además de músico capaz de tocar con excelencia distintos instrumentos, también ejercía sus dones como poeta, dibujante, escritor, actor, pacifista, activista y compositor. Sus ideas políticas eran harto radicales y a menudo escandalizaban los diferentes escenarios donde el poder intenta ejercerse de acuerdo a la frase “políticamente correcto”. John fustigaba.

 

“Una parte de mí quería ser aceptado por todas las facetas de la sociedad y no ser el músico bocazas y lunático que soy. Pero no puedo convertirme en algo que no soy. Dada mi actitud, los padres de los otros chicos reconocían instintivamente lo que yo era, es decir, un alborotador. Sabían que no iba a ser un conformista y que influenciaría a sus hijos[...] Había cinco mujeres que eran mi familia. Inteligentes y fuertes. Cinco hermanas,   eran fantásticas [...] Esa fue mi primera educación feminista [...] Una de ellas resultó ser mi madre..”

Convertido en John Ono Lennon, tras una carrera legendaria con Los Beatles, la cual  signó la historia de la música popular, trazó su propio rumbo y así, su álbum Doble Fantasía, signó una ruptura y un renacimiento. Temas como Imagine, Mujer es la negra del mundo, Denle una oportunidad a la paz, Dios y Celoso, son  emblemas de su poética. Y así, los ojos de John continúan fustigando la miserable existencia de su predador. Cada instante en el que una persona escucha un tema de John, supongamos, la Balada de John y Yoko, al igual que los amantes, desnuda su alma y comienza a corear esa eterna canción tierna.

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1Comentarios

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domador antiopositores 09/09/2018 10:41 AM

Muy interesante. En lo personal y de acuerdo con mi experiencia de vida. Que sea un doctor en filosofía de la ciencia, no me hace ni doctor, ni científico, ni filosofo. Con solo ver como esta Grecia, los sabios griegos nunca fueron tan sabios como parecen. En el Tíbet estudié la cultura bonpo tibetana. Eso del tercer ojo occidental? El ojo de la chinchurria sin nervio?. Sigan inventado vergas, vayan! …..fumen incienso, desinféctenme el mostrador que me espantan los clientes. Sigan prisioneros de vuestras propias ideas. Arranca que el semáforo está en verde.


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