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Experiencia Panorama
07:30 PM / 08/03/2018
Conoce la historia de 2 mujeres zulianas que lucharon para servir
Adriana González
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Panorama

Historias de mujeres valientes y luchadoras hay muchas, de féminas entregadas a dar sin esperar mucho a cambio, sólo la satisfacción que guardan en lo profundo de su ser al poder entregar sus conocimientos, amor y apoyo a otros.

Lida Bravo de Lenoci protagoniza una. Ella ha formado parte de las Voluntarias del Hogar Clínica San Rafael desde la inauguración del club en 1999. Hoy, el grupo suma más de 18 voluntarias que dedican su día a día a servir y amar. Conocida por vestir el uniforme “verde esperanza” – como ella misma lo llama- que caracteriza al grupo de voluntariado, Bravo se ha dedicado por más de veinte años a asistir a los pacientes que requieran de su apoyo.

El inicio del trayecto fue inesperado. Prestaba sus servicios en la capilla y luego fue trasladada a Pastoral de Salud. Estando en labores de consulta, se encontró agonizando por un intenso dolor en el área abdominal. Rápido la asistieron y, tras un proceso médico, determinaron que tenía cáncer.

“Yo llegaba de las quimioterapias y entraba a la capilla. Ahí me quedaba, me sentía mejor allí. Yo miraba la cara de San Juan de Dios y de San Rafael y se me quitaba todo”, explicó Bravo, quien luego de esa experiencia cuenta que sintió mayor fortaleza para seguir sirviendo.

La muerte de su esposo, hace un año, y la de su hermana, unos meses más tarde, la llenó de mayor entusiasmo por querer ayudar a otros. “Con mayor fuerza me dediqué a estar al pendiente del Hogar Clínica. Servir me hizo olvidarme de las tristezas, por el contrario, pude encontrar paz y regocijo en ayudar a otros”, contó Bravo, mientras sus ojos no paraban de brillar.

“Aquí se respira puro amor”, es la respuesta que da cuando le preguntan por su labor que, junto a sus compañeras, desempeña desde muy temprano en la mañana. El día rápido se hace noche para ella, quien cuenta que a veces se retira del centro de salud a más de las ocho de la noche. “Esta es nuestra vida”, dice, hablando por todas las mujeres que, como ella, brotan amor y hospitalidad, valores esenciales para el voluntariado.

Otra mención merece Sofía Rincón, otra empoderada protagonista. La docencia y la repostería son sus mayores pasiones, así lo asegura con una cálida sonrisa y la ternura que acompaña su hablar. A la primera, le ha dedicado toda su vida; aun cuando en algún momento su salud parecía querer alejarla de las aulas de la Facultad de Odontología de la Universidad del Zulia (LUZ).

A sus 21 años, el diagnóstico de un sarcoma le dio un vuelco a su vida. Rincón luchó con este poco frecuente tipo de cáncer, producido en huesos y tejidos blandos, recién entrando en sus labores como docente universitaria. El proceso médico que sostuvo por más de diez años, en el que estuvo sometida a unas 7 operaciones, no fue impedimento para dejar a un lado la enseñanza.

A pesar de su delicado estado de salud, en el que estuvo cerca de someterse a la amputación de una de sus piernas, sólo hubo algo que la mantuvo firme. “Mi mayor motivación era volver a mis labores. Yo me decía, ‘tengo que seguir adelante, tengo que seguir luchando’ porque sentía una responsabilidad muy grande (…) mi mayor preocupación era poder reponerme para continuar con mis evaluaciones, con la enseñanza. Era una gran motivación  estar pendiente de no quedarles mal a mis alumnos, tenía que recuperarme pronto”, relató la profesora de Odontología.

Rincón es sobreviviente de sarcoma, tras cerrar una amplia batalla a los 38 años de edad, saliendo victoriosa y con un norte muy claro: su compromiso con la formación de futuros profesionales. Recientemente fue condecorada por LUZ con una orden especial como la docente universitaria activa con mayor antigüedad, tras 31 años de labor continua.

Su segunda pasión, la repostería, hizo que una de sus recetas fuese acogida por el restaurante del Club Palmer, de golf, en The Woodlands, Texas. El brownie con chispas de chocolate, nueces y banana, acompañado con una porción de helado, fue bautizado por los norteamericanos como el “Hot Venezuelan Banana Cake”, llevando el nombre de nuestro país en el distinguido menú y convirtiéndose en la primera opción en las sugerencias de postres de la casa.

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