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Actualizado hace 21 minutos

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Experiencia Panorama
09:00 AM / 12/02/2017
Betania, la joven coreógrafa que nos da una lección de vida: "Ni el cielo es el límite"
Daniela Romero Nava
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Américo Torres

 Se abre el telón en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (Camlb), en el casco central de la capital zuliana. Son las 5:00 de la tarde de un domingo familiar ¡y vaya que es familiar! Los asientos están copados de madres, padres, abuelos, tíos... Y un sinfín de voces de niños y niñas que se mezclan en el bullicio entre el público y tras bastidores. 

Sobre el escenario unas 12 pequeñas aparecen desplegadas en posición fetal para dar inicio al primer baile de Danzas Jackelin. La sala de espectáculos queda en silencio y solo se deja oír el ritmo de una mezcla que representa la cultura musical de los años 60, cuya técnica se empieza a ganar las palmadas del público en el centro de arte y que no espera mucho para ponerse de pie para aplaudir a Betania, una de las bailarinas del elenco de turno. Sin duda, la que más destaca.

“Esa es una de las cosas que más me gusta, transmitirle a la gente que sí se puede, que no hay impedimento que valga para cumplir los sueños”

Moviendo suavemente los hombros, las bailarinas se van levantando hasta quedar de rodillas para luego imprimir movimiento y desplazar todo su son por cada rincón del escenario. Pero hay algo particular en esta danza: mientras todas se apoyan con sus pies y se levantan, Betania se sostiene de sus rodillas y se desplaza con sus brazos. La hazaña justifica la lluvia de aplausos que no se detienen.  

La adolescente —a quien una hipoxia cerebral durante su nacimiento, hace 17 años, no le impidió cumplir los sueños que traía impregnados en las venas— no puede caminar por sí sola y se ha sometido a 10 intervenciones quirúrgicas. Tiene una afectación en sus miembros inferiores, una parálisis.

Poco a poco, el público que por primera vez ve a Betania se va dando cuenta de su condición y queda pasmado por la impresión que genera observarla moverse con tanta pasión como el resto de las niñas, aún cuando no puede desplazarse con facilidad sobre el escenario. Segundos después de culminar la pieza, la ovación se replica en ecos de admiración que conmueven. 

“Esa es una de las cosas que más me gusta, transmitirle a la gente que sí se puede, que no hay impedimento que valga para cumplir los sueños”, dijo a PANORAMA Jaiquelis Betania Alvarado Méndez, como en realidad se llama la adolescente de ojos negros y profundos, desde el estudio de ensayos que comparte con su mamá y en el que ambas preparan sus grupos de danzas, en la urbanización Lago Azul de Maracaibo.

En un espacio de cinco por cinco metros Betania dirige a más de 50 niñas que conforman el grupo que lleva por nombre su homónimo. Con la ayuda de dos de las chicas mejores entrenadas imparte las clases a través de técnicas que dicta a las facilitadoras. “Morado al centro en forma de círculo”, ordena sentada en el piso a un  grupo de niñas. 

Mientras observa desempeñarse a su hija frente al  espejo que cubre toda una pared dentro del salón, Jackelín Méndez expone con naturalidad — ya acostumbrada a explicar el caso—: “Llegué a la clínica con dolores de parto y hubo retraso para practicarme la cesárea. Betania sufrió una hipoxia que le afectó los miembros inferiores y por eso no puede caminar”. La  profesora de Educación Física, bailarina y coreógrafa desde hace 33 años agrega: “Fue muy duro para mí. Una prueba que me hizo mirarme en muchos espejos y que me ha dejado infinidad de enseñanzas”.

Siempre de punta en blanco, con su cabello negro recogido y un tocado acorde a la pieza a ensayar, Betania recibe a cinco grupos los días martes, miércoles, jueves y viernes. El equipo de PANORAMA acompañó una de esas clases.

Niñas con edades comprendidas entre los tres y los 16 años. “Betania me inspira responsabilidad. Me motiva a hacer las cosas con cariño y eso me hace lograr que todo salga bien. Verla a ella hacer lo que le gusta con empeño me hace sentir que yo también puedo hacerlo”, dice Valeria, de 12 años, quien tiene seis tomando clases de baile en Danzas Betania.

“Desde los 2 hasta los 14 años ha entrado a quirófano para corregirse caderas, rodillas, fémur, tobillos, tendones. A los 14 años le fue corregido un estrabismo. Para cada operación ameritaba que le colocaran un yeso

La disciplina, la constancia, el ritmo y la técnica son elementos que no faltan sobre cada ensayo para Betania. Son cualidades que aplica en su vida diaria en virtud de las circunstancias que le ha tocado vivir. “Desde los 2 hasta los 14 años ha entrado a quirófano para corregirse caderas, rodillas, fémur, tobillos, tendones. A los 14 años le fue corregido un estrabismo. Para cada operación ameritaba que le colocaran un yeso. Aún así participaba en la coreografía de los eventos”, cuanta Jackelin, quien recuerda que a sus seis años Betania le dijo: “Mami, no abandones lo que te gusta hacer (la coreografía) por mí. Al contrario, yo voy a ayudarte”.

Siempre más madura de lo que debería ser para su edad; estudiante de 20 puntos, practicante de natación y gimnasia desde los 2 añitos, cinta naranja en kárate a los 6 y catequista actualmente en la iglesia San Ignacio de Loyola. Son algunas de las cualidades que quienes la conocen refieren de ella para describirla. “Es una muchacha disciplinada, caracterizada, además, por el orden. Se compenetra de una forma increíble con las niñas y tiene un carisma especial”, dice Mery Cuevas, Madre de Carlota, una de las pequeñas bailarinas a cargo de Betania.

Ella misma justifica esa descripción alegando que de niña quería ser docente. “Desde los seis meses mi mamá me inscribió en colegios para niños especiales. Estudié en instituciones de esa categoría hasta la primera etapa de mi niñez. Me creía la maestra de los niños y hasta los regañaba y les imponía cosas (risas)”.

Aunque jugaba a ser la maestra de pequeña, ahora sueña con ser psicóloga. “Precisamente para ayudar a la gente a encarar la vida con una mejor visión de las cosas quiero estudiar psicología. Qué mejor forma de dar el ejemplo que con un testimonio propio, a partir del cual hay que educar a las personas para el llamado a la conciencia, a la no discriminación, a no autosabotear sus sueños y sus anhelos”, argumenta la joven bailarina, quien se confiesa amante de la literatura.

“La novela que leo y releo: El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher”

No creo en las barreras. Todas pueden sobrepasarse. Lo vivo día a día.

Para Betania, la única hembra del matrimonio Alvarado Méndez y cuya familia ha tenido que sortear dificultades que van desde la discriminación hasta las pocas oportunidades para el desarrollo de talentos como el de ella bajo su condición, una premisa es su lema de vida.

“Cuando quiero algo lucho por ello, me aferro a Dios porque soy una muchacha de retos —dice la bailarina convencida de que puede superarse día día—. No creo en las barreras. Todas pueden sobrepasarse. Lo vivo día a día. Por eso me repito y comparto con cualquiera esta frase a diario: ‘No me digas que el cielo es el límite cuando en la luna ya existen huellas’.
         Para Betania, como aquel domingo en el “Lía Bermúdez”, el telón se abre y se cierra a diario en su estudio de ensayos, desde donde sigue cumpliendo sus sueños e inspira a más de 50 niñas a lograr los suyos y a quienes repite: “Con voluntad y fe todo puede lograrse. Que no se te olvide: ni el cielo es el límite”.

 

Por: Daniela Romero Nava

Fotos: Américo Torres

PANORAMA

 

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1Comentarios

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carol pe 16/02/2017 10:29 AM

Dios, te bendiga niña hermosa,,y a todas esa personas q estan para apoyarte..a todas esa niñas q estan contigo q bellas,,


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