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Experiencia Panorama
09:00 AM / 13/02/2017
Abuso contra niños deja una marca indeleble
Sabrina Machado smachado@panodi.com Fotografía: Archivo
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Año a año informes como los del Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap) revelan las terribles estadísticas que pocas veces llegan a las primeras páginas de los medios. El año pasado,  el escándalo de un supuesto abuso sexual cometido por un profesor de natación a un estudiante, de un colegio capitalino, evidenció que este acto es un monstruo que actúa en medio de la impunidad y del temor, dejando graves cicatrices entre sus víctimas, necesarias de ser tratadas para su superación. 

Ante esta realidad expertos alertan sobre la necesidad de hablar con absoluta claridad y tranquilidad con los más pequeños de la casa sobre la sexualidad, para que obtengan las herramientas psicológicas necesarias para afrontar posibles situaciones y se encuentren en capacidad de comunicar a sus padres de eventos irregulares en su entorno, sin sentirse culpables de cualquier hecho que les pueda pasar, ya que —como aseguran los especialistas— en el círculo más íntimo del niño/a se encuentra el agresor, en la mayoría de los casos. 

“Es fundamental la educación de los niños, hablemos del tema de la sexualidad como hablamos de otros temas, acorde a esa edad. Así como le decimos que hay que tener cuidado al cruzar la calle, que hay comidas que le pueden hacer daño o que eviten calles solitarias, también tenemos que hablar de sexualidad y no como algo fuera de nuestra vida”, explica a PANORAMA Fernando Pereira, director de Cecodap.

El experto hace énfasis en la necesidad de que los niños entiendan que “nuestros genitales nos pertenecen y solo pueden ser tocados por la persona que me quiere, y que cuando alguien nos hace sentir mal o nos incomoda debemos decirlo a nuestros papás”. Además, agrega, que los pequeños saben reconocer cuando una caricia tiene otro sentido, que los hace sentir incómodos. 

Por ello, aboga porque se respete la decisión del niño, a que no se les obligue a saludar con besos y abrazos a quien no desea, porque esto les permite “empezar a ser autónomos afectivamente desde pequeñitos, para que cuando no estemos tengan la capacidad de decir no y puedan poner límites a personas que quieren algo, a pesar que ellos no se sientan a gusto. Que sean capaces de decir ‘eso no me gusta”.

En tres años, entre el 2013 y el 2015, esta ONG’s que vela por la promoción y defensa de los derechos humanos de la niñez y adolescencia ha documentado más de mil casos de abuso sexual. Los reportes se realizan desde las denuncias que logran alcanzar los medios de comunicación, ya que —hasta los momentos— se desconocen cifras oficiales en esta materia, como señala Fernando Pereira, coordinador general de la organización. Situación que solo remite una visión parcial del problema.

En los tres años en estudio las variaciones han sido pocas. En comparación entre el 2013 y 2014 se registró un leve ascenso de 1,22% de denuncias reportadas. El año pasado la situación cambió al presentarse 359 situaciones de violencia sexual contra niños y adolescentes en todo el país, lo que incidió en un aumento de 10,3% de los casos conocidos, según los estudios de Cecodap.

Expertos consultados aseguran que el delito de índole sexual en contra de personas menores de edad no es una novedad en el país, solo que por el carácter de estigmatización que confiere a la víctima sus familiares prefieren hacer silencio, callarse y ahorrarse la denuncia, junto con la vergüenza de exponer una situación tan íntima ante la propia familia y el círculo cercano del afectado, lo que genera un círculo vicioso de gran impunidad, que solo protege al agresor y deja al desamparo a próximas víctimas. 

“El abuso sexual está cargado de tabú, de vergüenza, tratamos de esconder, de que no se sepa, y con estas actitudes se revictimiza a la niña o al niño, porque los hacen sentir mal, casi que culpable por lo sucedido”, explica Pereira, quien considera que el mejor tratamiento está en abordar el tema, con respeto, con claridad, en procura de que el niño entienda que no es el culpable de la situación y, así pueda cicatrizar sus heridas, sin necesidad de que aflore en él deseos negativos que se desarrollarán en el futuro y que pueden afectar su normal desarrollo como persona adulta. 

La Ley orgánica para la protección de niños, niñas y adolescentes sanciona con hasta seis años de prisión a la persona que atente en contra de un menor de edad y en caso que el abuso conlleve penetración la pena asciende hasta los 20 años, teniendo un agravante si el culpable “ejerce sobre la víctima autoridad, responsabilidad de crianza o vigilancia”, tal cual está establecido en el artículo 259 del referido cuerpo legal.

Se indica en el artículo 34 que el Estado debe asegurar servicios forenses con personal especialmente capacitado para atender a los niños y adolescentes, principalmente para los casos de abuso o explotación sexual.
“Siempre que sea posible, estos servicios deberán ser diferentes de los que se brinda a las personas mayores de dieciocho años”, reza el articulado.

Asimismo, establece esta legislación que el Estado debe garantizar programas permanentes y gratuitos de asistencia y atención integral a los niños, niñas y adolescentes que hayan sido víctimas de abuso o explotación sexual. No obstante, esto no se cumple a cabalidad, afirman fuentes desde el Ministerio Público.

Aunque reconocen el esfuerzo de las instituciones para brindar el apoyo adecuado a las víctimas, entre ellos la creación de la Unidad de atención de la víctima de violencia de género, que tiene entre sus obligaciones la atención a los niños y adolescentes también victimizados.

El funcionario, con experiencia en materia Lopna, explica que la violación sexual es “un delito altamente feminizado”, porque generalmente la violación la comete un hombre hacia una mujer, cuando las víctimas son hombres se trata, generalmente, de personas transgéneros. 

“El delito sexual tiene mucho de componente sexista y de género. Es la imposición del género masculino sobre el femenino, la exigencia de la mujer de tener que servir sexualmente al hombre. Nuestra estructura cultural no termina de avanzar, la mujer sigue siendo un objeto en nuestra sociedad”, sostiene el experto. Sin embargo, admite que en menor grado hay víctimas de sexo masculino y, en estos casos, el silencio tiende a imperar en mayor grado.

El directivo del Centro Comunitario de Aprendizaje desmonta uno de los principales mitos en esta área: los varones también son abusados y —al igual que el funcionario de la Fiscalía— explica que en esos casos “hay una estigmatización mayor por el tema del machismo”. Creencias como que la virilidad del niño se verá supuestamente afectada de forma irremediable o que esa situación generará una conducta homosexual, hace que la familia tenga mucha más vergüenza, a la hora de afrontar el hecho ante las autoridades. 

“El niño es doblemente más víctima, primero por el agresor y luego por el entorno, por tener vergüenza de lo que sucedió”. al parecer del directivo de la organización no gubernamental.

De acuerdo con las estadísticas de Cecodap, de los últimos tres años, el 80% de las víctimas de violencia sexual son del sexo femenino, y la edad que predomina es la de los 12 a los 17 años. El estado que presenta el mayor número de registros en esta materia es Zulia, manteniendo un amplio margen con la siguiente entidad.

En el año 2015 se reportaron 95 víctimas en dicho estado. Anzóategui ocupó el segundo lugar con 54, seguido de Bolívar con 48. En el 2014, la tendencia fue similar. La entidad occidental lideró los registros con 116 casos, en contra de los 32 y 32 reportados en Miranda y Anzóategui.  

A pesar de la alarmante diferencia, Pereira no le confiera mayor importancia a los registros en cuanto a determinador de conducta por estado, ya que depende de los espacios que estas denuncias hayan encontrado en los medios. “Lo único que nos indican estas estadísticas es que en el Zulia efectivamente estos casos pueden ser más difundidos, pueda haber más medios de comunicación o más instituciones donde hacer las respectivas denunciados. No podemos aseverar más nada por carecer de estadísticas oficiales”, explicó.

Mientras Cecodap prepara el informe del año 2016, las denuncias continúan llegando a los medios y Susana intenta convencer a su hija de seis años para que le hagan el examen médico forense por abuso. Ella sufrió el abuso de su padre, pero no acepta que su hija viva la misma experiencia. Está dispuesta a denunciar, a diferencia de su madre.

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