Publicidad

Actualizado hace 15 minutos

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Espectáculos
09:00 AM / 08/05/2015
Conoce la vida y andanzas del "sargento full chola"
Sabrina Machado
0
archivo

El inconsciente traiciona y sale de la boca “Señor Full Chola”. Ya es tarde para corregir y viene la pena, pero es que por décadas ése ha sido su nombre: Sargento Full Chola. Su álter ego le ha ganado la carrera al Laguardia, y se sobrepone en trayectoria. Los micrófonos, las tablas, el séptimo arte y la pantalla chica han sido testigos del talento del hijo de Cádiz.

Es sargento al igual que su padre, con la mera diferencia que su progenitor condujo tanques de guerra en la “fratricida guerra española” y él tiene la risa y el despertar de los venezolanos como tarea diaria, actividad que se impuso desde que se montó por primera vez en la avioneta Tango Tango Fox para advertirle de las colas a los caraqueños. 

 Reconoce que no es capaz de cambiar de horario. En una oportunidad se lo ofrecieron, sería la antesala para Nelson Bocaranda, en un intento por subir la sintonía al programa previo del comunicador social, pero desistió la oferta y prefirió agarrarse unos “días sabáticos”. Estaba claro: no sabe acostar a la gente, porque “nada más los sé despertar”.

 

Sin embargo, el hijo predestinado al sacerdocio no la tuvo fácil para llegar a los micrófonos radiales y dar rienda suelta a su carrera artística, ya que su padre desde el campo de batalla predestinó su futuro, al ofrecerse en carne propia al servicio religioso. Otro presbítero sería el responsable de sacarlo de este camino signado por la angustia y la fe.

 “Mi papá le dijo a Dios que si él se salvaba en la guerra iba a ser sacerdote, no lo cumplió, pero lo quiso cumplir conmigo. Yo soy salesiano, porque él me puso en tantos colegios salesianos que soy salesiano. A mí lo único que me falta es ponerme la sotana”, dice desde la propia emisora donde minutos antes despidió Una nueva mañana.

El padre Héctor Fontana, director del liceo donde cursó estudios Juan Manuel Laguardia, sería el responsable de que el locutor se levante hoy frente a los micrófonos, luego de advertirle a su papá que su hijo no servía para cura, sino para artista y, en caso dado que lo castigara, aunque fuera con la “pluma de una gallina”, él sería excomulgado. Su padre —antes de morir— ya decía: “Mi hijo, el artista, ¡el mejor del mundo!”.

 Criado en medio de una gran devoción religiosa, Juan Manuel confiesa que no asiste a misa todos los domingos, porque se comunica particularmente con Dios, y ser un gran creyente de la Virgen de Coromoto, con quien tiene una especial relación desde el día de su primera comunión, ceremonia que hizo de forma clandestina, ya que sus padres no pudieron comprarle los implementos necesarios para recibir el sacramento, debido a su condición humilde.

El adolescente decidió que igual iba a comulgar y esperó que todos sus compañeros salieran de la iglesia para hacer su cola y conocer la ostia y el sagrado sacramento. “Cuando salí vi a la virgen, fue como si me hubiera hecho un guiño, quedé prendado”, afirma al hacerle frente a la emoción de los recuerdos. 

La intensa relación con la patrona del país seguiría muchos años después, luego de pedirle con gran intensidad por la salud de su tercer hijo, quien con seis meses  no hallaban razones para los vómitos y la diarrea que presentaba de color verde. Al salir de su encuentro en la iglesia El Recreo el pequeño comenzó a mejorar. “Los que no creen, allá ellos. Los que creen bienaventurados y los que tienen dudas algún día la saldarán con sus propias vidas”, dice.

La trayectoria de Laguardia pasa por unas cuantas décadas en la radio, cuatro películas para cine, programas en televisión, un semanario de humor político, varias obras de teatro, ocho radionovelas y el programa radiofónico más escuchado en el país, según las mediciones del circuito FM Center.

 A su paso por los pasillos de la emisora algunos le saludan “Fulchi”, él levanta la mano con naturalidad y devuelve el gesto. Reconoce que así le llaman incluso dos de sus hijos. Tiene cinco en total, de dos matrimonios. Su álter ego se impone, sin significar molestia. 

Reconoce la gratitud de la gente, que apartando cualquier tipo de diferencia le concede tres horas en la mañana. “En un espacio donde caben 35 personas, en una buseta, me escuchan, unos se ríen, otros piden cambiar la emisora, pero logran convivir”. Este es su deseo para el país. A su parecer es imperativo apartar a los radicales, a los que considera minoría, a pesar que se crean mayoría. 

No le gusta hablar de política; sin embargo, hay que sacarlo varias veces de ese ambiente. Rechaza ser encasillado en algún bando, porque no es político, ni trabaja para la política. Esquiva las entrevistas, ya que algunos  juegan a presionarlo y a intentar definirlo, sobre todo después de la entrevista realizada a Hugo Chávez en la campaña por la reelección presidencial. 
Justo este encuentro con el fallecido Mandatario le valió al “Sargento Full Chola” conocer en carne propia la intolerancia, al extremo que debió salir del aire unos días mientras las aguas regresaban a su caudal. 

“Trajo mucha polémica e insultos, hasta mi mamá cobró ahí”, dice al momento de señalar que a Venezuela hay que hacerle una operación de alta cirugía y eso incluye “quitarse las vendas y el odio y todo lo que estamos viviendo seremos totalmente distintos. No es que tiempos viejos sean mejores, eran más ‘vivibles’. La política está acaparando todo y no debe ser”, asegura.

 Una entrevista presidencial no era cosa nueva para Laguardia, pero los insultos sí. Ya antes se había colado en el internado judicial de El Junquito para entrevistar al relegado Carlos Andrés Pérez, quien elegantemente vestido de beige y sweater pullovers, mal habló de algunos adecos, mientras seguidores le llevaban flores, frutas y hasta una gallina. En esa oportunidad salió con el cassette dentro de su interior, para protegerlo de los guardias de custodia.

El mismo Jaime Lusinchi le “mamó gallo” en la propia oficina presidencial, luego de entregarle la concesión de su emisora radial en Vargas. El presidente adeco pretendió que en cuestión de minutos Laguardia le realizara una cuña sobre la memoria y cuenta de su gestión, para eso lo dejó solo en su despacho, momentos antes de él salir a cumplir con un compromiso personal. 

“Salió y me quedé yo solo ahí y empiezo a pasar las páginas y digo: ‘éste lo que ha hecho es mamarme gallo, porque esto es imposible’. ¡Me echó una vacilada en su escritorio, en Miraflores!”, recuerda ahora entre risas.
Asimismo sale a la luz los consejos nutricionales del presidente Rafael Caldera. “Él  solo comía la mitad de lo servido para mantener la forma”. Recuerda que se sintió sorprendido al ser llamado Full Chola por su entrevistado, debido a la seriedad e investidura del personaje.   

Así salen a flote recuerdos productos de largas jornadas de trabajo, compaginando radio, cine, televisión y papel, ya que todavía se aprecia a “El Camaleón, un rato con el Gobierno y otro con la oposición” y al señor Camacho de Domingo de resurrección.

¿Te gustó la nota?
Publicidad
0
TOP 5 DE NOTICIAS
Publicidad
0Comentarios
AVANCES
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS