Publicidad

Actualizado hace 34 minutos

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Opinión
08:07 AM / 09/02/2015
Una miss narra la experiencia de quedarse sin cabello tras sufrir de alopecia
Marielys Zambrano Lozada
0

Yukency Sapucki, quien fue Miss Amazonas 1986, narra la experiencia de quedarse sin cabello tras sufrir de alopecia areata. Ella vivía de su imagen desde su participación en el Miss Venezuela. “Esto es terrible. No soy la misma. Me han buscado jóvenes en igual condición. Estoy haciendo una fundación para ayudarlos”, cuenta a PANORAMA.

Marielys Zambrano Lozada   

 

Que pararse de la cama y mirarse en el espejo por las mañanas sea el momento más terrible del día, no es nada fácil. Porque debe ser cuando más se necesita inspiración para salir a comerse el mundo que apenas despierta. 
Sorpresivamente, eso le pasa todos los días a una miss venezolana, Yukency Sapucki.

Ella es bella. Tiene ojos indios, nariz perfilada, labios gruesos, tez morena. Pero la inconformidad de lo que ve en el espejo cada día le tortura el alma. A ella le llegó un cambio radical en su aspecto: quedó calva.

En el álbum de fotos se estampó el recuerdo de su larga, lisa, abundante y azabache cabellera. Un día inesperado le comenzaron a aparecer redondeles en su cabeza, semejantes a monedas que le exponían el cuero cabelludo. Estaban ocultos en la parte baja del cuello y dieron paso, después, a la caída paulatina de la espesura de su pelo, por montones.

Inevitable es para Yukency contar su historia sin quebrarse. Por eso, a lo largo de la entrevista llora a ratos y se calma. Se entiende que está en pleno proceso de lucha. Y se espera que va a salir adelante con mucha fe.

“Puedo llorar un día, me encierro y no quiero salir al mundo. Al otro me repongo y salgo más tarde. Pero hay gente que se encierra y no encuentra la manera de superarlo. Cuando me levanto por las mañanas veo a una mujer distinta. Es como si te hubieran borrado parte de tu cara, porque no hay cejas, que son el marco de tus ojos. Tampoco pestañas. Mucho menos cabello. Es un impacto muy fuerte. Pero yo soy como los llaneros; del tamaño del problema que se me presenta”.

El contraste de la estampa actual, comparada con la que otrora exhibió cuando fue la flamante Miss Amazonas 1986, donde se midió en belleza en el mismo concurso con Maite Delgado, Bárbara Palacios, Catherine Fullop, Raquel Lares y Carolina Perpetuo, la golpea.

Recuerda con orgullo que previo a la intempestiva llegada de la alopecia areata se ganaba la vida como modelo en Venezuela, Latinoamérica y Estados Unidos, así como, una divertida bartender en el pulmón turístico de República Dominicana: Punta Cana.

Los venezolanos y latinoamericanos la vieron batir su cabellera como figura de un comercial de shores. También, presentarse audaz con pantalones ajustados de Didijin y Wrangler. Lucir la lencería y ropa de las tiendas Grafitti. Disfrutaron su cuerpazo en trajes de baño de distintas marcas.

La ovacionaron cuando desfiló en pasarelas venezolanas para un manojo de diseñadores, así como, en las internacionales siendo una de las bellas modelos de Kosiuko, donde también escogieron como imagen a Norelys Rodríguez, Veruska Ramírez y Deisy Arvelo. Con ellas viajó a Houston y Las Vegas para promocionar la marca, porque eran la viva estampa de la belleza venezolana. Y dentro de su más reciente trabajo internacional destacó ser escogida como la modelo principal del video clip del merenguero Ruby Pérez, para la canción Tonto corazón, con más de 600 mil visitas en Youtube.

Que a una miss y modelo le pase esto no es nada sencillo. Implica, tácitamente, quedarse sin oportunidades de trabajo a las que estaba acostumbrada. También implica un duro golpe a la autoestima. Por eso batalla contra el encierro, pues, el complejo le ha tocado la puerta, y duro.


Ella, con fuerza de voluntad, lo está superando a retazos, mientras se acostumbra a mirarse al espejo sin el mismo terror que al principio.

“Todavia hago cositas. Cuando llegó el boom porque me quedé sin cabello, la única modelo pelona era yo. Por estar así me estoy haciendo famosa. Me entrevistan para que hable de lo que me ha pasado. Creo que ahora soy más famosa sin cabello que antes con toda mi trayectoria como modelo trabajando en muchas partes”, dice mas relajada.

La alopecia le comenzó hace tres años cuando llegó a Venezuela de vacaciones y se quedó casi un año buscando oportunidades. La complicada situación económica del país había menguado las contrataciones para el medio artístico.

“Ese año no trabajé casi nada y me estresé. No salían contratos. Estaba dura la cosa. No tenía un trabajo fijo. Obviamente ya no tengo 20 años. Y se me hizo difícil hacer otras cosas que no estaba acostumbrada. Cosas como, bueno...Yo en República Dominicana trabajaba como modelo, en discotecas y en una revista musical, similar a Las Vegas, de jueves a domingo. Éramos elenco de 35 personas. Eso era lo último que estaba haciendo. Cuando llegué acá y no encontré nada tuve que ponerme a trabajar con un tío que vende materiales. Yo no estaba en mi mundo. Eso me estresó. Y ahí comencé a notar que se me hacían claros en la cabeza. Cada vez que me ponía nerviosa, eso se pelaba. Pero me volvía a salir cabello”.

El estrés estaba asomando una migaja de lo que le vendría. Deduce que fue el estrés porque, en su genealogía familiar no existe ninguna herencia de alopecia areata. Y Yukency, a pesar de ser modelo, no exponía su cabellera a excesos.
Es que Dios la había premiado con un cabello liso, indio, natural, que poco arreglo necesitaba.

“Yo vivía en la playa, sola, rodeada de muchas amistades en Punta Cana. Solo me pintaba un mechón, eventualmente, porque me estaban saliendo canas por ahí. Era un mechoncito canoso. Pero no todo el cabello. Ver que estaba perdiéndolo tan bruscamente me desconcertaba. Porque yo decía: ‘Dios mío, si yo no someto mi pelo a excesos, no me lo pinto, siempre lo tengo natural, una que otra vez que me paso una planchita para que se vea más bonito, no era razón para estar así. Noté que cuando me tocaba el cabello se me salía solo”, cuenta.

Decidida a volver a Dominicana y dejar a Venezuela atrás, emprendió su regreso. Pero antes de irse, las alarmas se encendieron cuando en todas partes dejaba las trazas de cabello caído. Un día, su tía, en cuya casa estaba pernoctando, le dijo: “Me tienes loca. Tu pelo esta regado por todos lados en la casa”.
Y la pena en el corazón de Yukency apareció.

“Me fui a Dominicana. Y como a los cinco meses de haber llegado se acentuó la caída. Ya no eran los hoyos que se tapaban cada dos o tres meses. Sino que se empezó a caer detrás, en la nuca. Aunque sentía eso raro, yo no me atrevía a revisarlo con el espejo. Una vez me invitaron a una piscina y cuando salí me quería morir. Toda la piscina estaba llena de cabello. Me encerré. Si yo veía que el piso de tu casa era muy blanco ya no quería entrar”.

Que una amiga le revisara a detalle su cuero cabelludo fue peor. Entonces, sus temores le nublaron el juicio. “Empezó mi mayor estrés porque vi que no tenía cabello debajo de la nuca”.

Las conversaciones via Skype con la actriz Carolina López —residenciada en Miami— le asomaron un posible diagnóstico: alopecia areata que ataca a hombres, mujeres, niños y jóvenes. La recomendación de un dermatólogo conocido no fue la mejor elección: le inyectó dolorosos esteroides en la cabeza, sin mejoría alguna.

“Tomé la decisión de raparme la cabeza, porque el pelo se iba a caer. Lloré mucho previo a hacerlo. Tú te aferras como si te fueras a quitar un brazo o algo importante. Y hoy miras atrás y dices: ‘Que tonto es el ser humano. Aferrado a cosas superficiales”, reflexiona.

Dos amigos y vecinos, la dominicana Francine y el estadounidense Chris, fueron incondicionales. El día que se cortó el cabello, pasaron a ser testigos de sentir lo que es vivir con alopecia. Ambos lo tomaron sin remordimientos.

“Francine me acompañó a la peluquería de unos amigos. Entramos y me pasó la ‘cero’ (corte total). Al abrir los ojos grité. Me dio una crisis de nervios. Tuvieron que sacar a los niños que estaban allí. No podía salir del local. Mi amiga lloraba y me dijo: ‘Hazme lo mismo. No estarás sola en esto’. Yo no quise. Le dije: ‘Hazte un corte loco’. Y así hizo, quedó casi pelona. Llegó Chris y me dijo que lo rapara a él también. Salimos pelones los tres. Lo agradezco en el alma”.

Desde Venezuela su familia también la apoyó. Su hermano Isaac se rapó la cabeza y le envió la foto con la frase: “Te lo dedico así estés lejos de mí”.

Ahora, Yukency está de vuelta a Venezuela con un afán: Ayudar a quienes padecen la misma condición. Por eso, afina detalles de una fundación: Fundareata que está partiendo de cero y necesita de todo. “Entiendo el encierro de quien la padece. Es como salir desnudo a la calle. La gente te mira, te señala. He tenido aquí malas experiencias por mi nuevo aspecto. Hay que enseñarles a no ser cruel ante lo distinto. Con las entrevistas que he dado me han buscado personas por las redes sociales que tienen lo mismo. ¡Muchos jóvenes! Dos han intentado suicidarse. Les aconsejo que no lo hagan. Pero entiendo su dolor. Una me escribió: ‘Siempre he sido fea. Ahora me siento peor’. Yo no tengo hijos, pero ellos son mis nuevos hijos por quien luchar para ayudarlos. No están solos. Lloro mucho cuando me escriben. Estoy aprendiendo a manejar esas emociones fuertes. Estoy buscando un latex para ponérselo a los niños en las escuelas para que no se burlen del calvo, de la persona quemada, del que le falte un brazo. Nosotros no decidimos estar así. Fue algo que nos pasó. Y a cualquiera le puede pasar”.

¿Te gustó la nota?
Publicidad
0
TOP 5 DE NOTICIAS
Publicidad
0Comentarios
AVANCES
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS
MAS NOTAS DE Opinión
Ver más
MAS NOTAS DEOpinión
Ver más