LITERATURA. LA MUERTE DE MIGUEL DE CERVANTES ES UNA EFEMÉRIDE PARA EL IDIOMA

El CABALLERO de las letras

Luchó contra los moros, nació marcado por La Inquisición y vivió cinco años preso. El autor de El Quijote cumple este año cuatro siglos de fama, desde la publicación de su antinovela. Poeta y dramaturgo, vivió en un tiempo en que los textos de caballería eran la principal distracción de los españoles, mientras que los combatientes a caballo apenas desvanecían derrumbados a fuerza de cañón.

Texto: Karelys Inciarte

“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis (...); el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de La Mancha”.

Un retrato literario hacía Miguel de Cervantes Saavedra en el prólogo de la primera edición de su libro más famoso y emblemático de la lengua castellana, a falta de una pintura que en vida no inspirara a hacer a ningún artista.

Su existencia, desarrollada entre dos siglos: el XVI y XVII, resulta una novela, género que revolucionó para agregarle el apellido de “moderna”, como reconocen siglos después estudiosos de la literatura entre los que se cuenta Miguel Ángel Merino, profesor de la Escuela de Letras de La Universidad del Zulia.

La descripción de Cervantes parece la sombra del Quijote proyectada sobre la pared de una Europa dominada por la Iglesia católica y las invasiones árabes, contras las que luchó empleando pólvora en vez de escudos y armadura.

En un lugar de España, cuyo nombre aún no está precisado, quizá Sevilla, tal vez la misma La Mancha, Cervantes escribió la historia de su caballero de triste figura, a ratos retrato suyo, y de principio a fin, espejo de una sociedad que no tenía mayor distracción que la literatura, entre una minoría con acceso a la educación.

En una época cuando el aseo no era cosa diaria y en la que las guerras mantenían a los reinos aliados o en pugna, él escribió la antinovela, desde la visión de la escritora venezolana Valentina Truneano, quien hace referencia a la burla del paradigma literario que entonces tenía por nombre Amadís de Gaula.

Signado por la cruz

El Índice Inquisitorial, que daría a la Iglesia católica continuidad de una etapa terrible, por la cual siglos después uno de sus Papas, Juan Pablo II, tuvo que pedir perdón, vio luz el mismo año, 1547, en el que nacía el cuarto hijo (de siete) de Juan de Cervantes, abogado y cirujano, y de Leonor de Torreblanca.

La “limpieza de sangre”, como se conocía a los cristianos llamados puros, debía ser probada según los requerimientos de esa doctrina eclesiástica, que en España tuvo un giro dramático a cargo de los inquisidores.

Esa sombra le perseguiría, a pesar de que la escasa biografía que sobre él se conoce, incluso en la Biblioteca Cervantina, confirma que su familia por línea paterna tenía buena relación con la Iglesia, la Inquisición y la realeza.

Aunque ya era conocido el Nuevo Mundo, Roma, a través del cristianismo, se mantenía como una hegemonía que apoyaba y tenía bajo su servicio a las fuerzas militares y de pensamiento, mientras que los médicos e ingenieros resultaban personas de no muy buena jerarquía social, por lo que la familia cervantina tuvo que luchar para garantizar el alimento diario.

Nacido en este ambiente, el natural de Alcalá de Henares mantuvo su constancia al escribir, aunque diversos documentos publicados sobre él, afirmen que no confiaba plenamente en su talento.

Surge un héroe

Era primavera cuando Cervantes vio luz, en un pueblo que 500 años más tarde conserva casi la misma estructura, lo que le ha valido ser considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La misma catedral donde más de una vez tomó comunión, como buen cristiano que presumía ser, se mantiene en pie, al igual que edificios como la Universidad de Alcalá. “La plaza mayor lleva su nombre por ser su hijo ilustre. Casi toda la ciudadela se conserva detenida como buena muestra del Renacimiento”, se atreve a comparar Neydalid Molero, venezolana doctorada en artes de la Universidad Complutense de Madrid, quien vivió en esa ciudad.

Su terruño inalterable, le rinde culto cada año con lecturas maratónicas del batallador de molinos, que nació, como su creador, en la misma estación del año, pero tocada todavía por el invierno.

Sus textos cómicos, sobre un orate y su ayudante campesino Sancho Panza, fueron impresos en la empresa de Juan de la Cuesta, en la calle Atocha, en el centro de Madrid y causaron tanta sensación, que los biógrafos de la Sociedad Cervantina aseguran que hubo que hacer una nueva tirada para evitar la proliferación de la piratería.

Siglos después, otros novelistas, quienes no compartieron su tiempo, como Octavio Paz, le otorgan el título de “inventor del humor”, ironía que se exalta en sus textos y que choca con su vida un tanto atormentada, menciona Cósimo Mandrillo, profesor de literatura de LUZ, para quien la época tal vez sólo vio en él a un excelente satírico “y no comprendió la esencia del libro más importante de la lengua castellana”.

Así como Alonso Quijano (nombre real del compañero de Sancho), Miguel también cambiaría de nominativo durante el relato, tomando uno de origen morisco “Sid Ameti Belincheli”, cosa un tanto extraña en vista de que los moros para él no traerían buenos recuerdos.

Aunque se supone, por la fecha de publicación de la primera parte (1605), fue escrita en una cárcel de Sevilla, donde purgaba prisión por deudas entre 1592 y 1597, todavía no se tiene la certeza de cuál paisaje vio a luz este relato.

“Cervantes realizó un manual donde describe su sociedad, de cómo pedir favores y cómo dirigirse a la gente, pero que a pesar de los siglos no pierde vigencia, de allí su grandeza”, dijo a PANORAMA Belisario Betancur, ex presidente colombiano y cervantista.

Los historiadores lo ubican en cualquiera de los 2.500 kilómetros donde se desarrolla la historia que atraviesa antiguos caminos, vías pecuarias y fluviales que se pasea desde Campo de Montiel, Campo de Criptana y El Toboso.

El manco de Lepanto

Su estreno como poeta ocurre en 1569, con cuatro composiciones, que según los entendidos tenían influencias de Garcilazo de la Vega, quien le fue contemporáneo al igual que Lope de Vega.

Con aquellas iniciaría la ruta del negro sobre el blanco.

Su maestro, el humanista Juan de López de Hoyos, rector del Estudio de la Villa, en la Relación oficial que se publica con motivo de la muerte de la reina Isabel de Valois, le llama “caro y amado discípulo” e incluye sus cuatro composiciones, pero en esa misma fecha el aprendiz se va a Roma, donde fue camarero del cardenal de Aquaviva, de quien se especula era su pariente.

Con fecha incierta, aunque parece situarse en el verano de 1571, se alista en la compañía de Diego de Urbina, en la que ya militaba su hermano Rodrigo y que formaba parte de la Santa Liga, que bajo las órdenes de don Juan de Austria, luchó en Lepanto a bordo de la galera Marquesa.

Como su gran personaje se ufanaba de esta aventura, exhibiendo su marca hasta el momento de su muerte, con el orgullo de haber quedado inútil de la mano izquierda. Nacía la leyenda de “El Manco de Lepanto”, como se le conoce.

La batalla escenificada el 7 de octubre de 1571 detuvo por momentos la expansión turca, pero no lo liberó de una prisión de cinco años.

Al año siguiente muere Pío V, el inquisidor creador de la “Liga santa” y cuatro años después cae prisionero del rey de Argel, Hasán Bajá, de quien intentó escapar en cuatro oportunidades y quien, perdonándole la vida, luego de tenerlo por años con grilletes y azotes, le confina en un baño.

Quinientos ducados costó su liberación, rescate fechado el 19 de septiembre de 1580, gracias a la labor de los padres trinitarios en vista de que su familia no poseía dinero cómo recuperarlo.

Sin libertad

Frente a un reino español azotado por la peste de 1599, sin conocer la penicilina y mezclado con los moriscos que dominaban Valencia, Aragón, Castilla, Murcia y Andalucía, los seis dientes de Miguel de Cervantes Saavedra debieron parecer perlas que ostentaban salud, porque junto con su Quijote cabalga su fama de Don Juan.

Al volver a Madrid inicia una vida marcada por varios episodios íntimos: unos presuntos amores con Ana de Villafranca, también llamada Ana Franca de Rojas, esposa de un tabernero, quien le dará una hija natural, Isabel, nacida en otoño de 1584; y, en diciembre del mismo año, su unión por legítimo matrimonio con Catalina de Salazar, hija de un hidalgo recién fallecido.

La privación de libertad vuelve a marcarle, pero en esta ocasión y en eso coinciden los cervantistas, le llevaría a idear su texto cumbre.

En su prólogo, el autor confesaría la soledad que ésto le producía y a describir “una cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación”, en la cual bien pudo ver surgir, al menos, la idea primera del libro que ocho años más después le valdría una tardía consagración, en vista de que el lenguaje y la gente que se codeó con él, distaba mucho en jerga y modos de los círculos monárquicos, quienes en muy poco se ven retratados en su obra.

Su encarcelamiento se debió a una inexactitud en sus cuentas, cuando se desempeñaba como contador. Rafael Romero Pirela, profesor de LUZ, confirma que: “Nunca un tiempo de ocio fue tan bien aprovechado. Al final de su gestión le faltaron 2.641 reales; por este motivo, se ordenó su arresto el 6 de septiembre de 1597, el cual se ejecutó unas semanas más tarde. Fue liberado pronto, tal vez en enero de 1598. Sobre este faltante fue de nuevo requerido Cerbantes por lo menos en enero de 1603”.

Al explayarse en su explicación, Romero lanza un dato poco conocido: “Cerbantes se escribía con b y no con uve, pero en fue con la impresión del Quijote que hubo este cambio que se mantiene hasta nuestros días”.

El soldado, luego recaudador de impuestos, no pudo ver su texto impreso en 50 idiomas, sólo en el castellano.

La misma Iglesia, a la que nunca pudo probar su pureza de sangre, aprobó que América recibiera en 1605 su texto, el cual se desembarcó impreso en seis ejemplares desde la goleta “La encarnación” que atracó en México.

Aunque combatió con los moros, ficcionó en su relato a un personaje llamado Sid Ameti Belincheli, quien sería el supuesto autor del libro que 400 años después es el más vendido en Venezuela, Chile y Estados Unidos.

Su cerebro se convirtió en el más temible molino de viento, luchando contra la hidropesía, que como en el libro terminó por ganar la batalla al más fiero caballero de las letras.

MOMENTOS

Sólo se tiene referencia de que fue bautizado el 9 de octubre de 1547, aunque se cree que nació el 29 de septiembre, Día de San Miguel.

Escribió: “Novelas ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614), Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615) y Persiles (1617).

En el primer año de publicación se hicieron cinco ediciones de su Quijote y en vida alcanzó a ver 16 impresiones. Fue considerado un éxito literario.

La segunda parte se publicó en 1615, después de la salida de un falso “Quijote Apócrifo”, que hace una crítica de la primera parte y, además, del autor. Llevaba como firma el seudónimo Alfonso Fernández de Avellaneda.