JESÚS MARCANO TRILLO, ex grandeliga y coach de águilas del Zulia
Un “INDIO” con corazón zuliano
Fue firmado al profesional como receptor. Una apuesta lo llevó a convertirse en uno de los camareros más solventes de las mayores. Ha colaborado con el desarrollo de figuras en el equipo rapaz.
Texto: Augusto Cárdenas
La decada de los años 50 significó para Venezuela el nacimiento de su época dorada de campocortos en las Grandes Ligas.
En 1950, Alfonso “Chico” Carrasquel, pionero entre los torpederos criollos, se estrenó en las mayores. Seis años más tarde lo haría el único Salón de la Fama venezolano, Luis Aparicio.
El principio de esa década también significó el nacimiento del considerado mejor segunda base venezolano de todos los tiempos, Jesús Marcano Trillo.
Un esperado regalo de navidad tuvieron Trina Rosalía Trillo e Ismael Marcano el 25 de diciembre de 1950, con la llegada al mundo de su tercer hijo, Jesús Manuel, en Caripito, estado Monagas.
“Desde que nací mis padres estaban separados y siempre viví con mi madre”, rememoró Marcano Trillo. “A pesar de no vivir con mi padre, mi infancia fue bastante normal, porque mi mamá cumplía las dos funciones para cuidarme a mí y a mis hermanos Ismael, Eneida y Zunilda”.
“Siempre sentí el calor de mi madre”, agregó. “Con mi padre no era muy allegado, pero de vez en cuando lo veía”.
La persona que se encargó de encaminar al pequeño Jesús Manuel hacia el deporte que le dio fama fue Rómulo Ortiz, profesor de deportes de la escuela donde estudiaba.
“Mis padres trabajaban con las compañías petroleras, en aquel tiempo Lagoven, y en la escuela siempre sacaban equipos de béisbol”, manifestó. “Él (Ortiz) me trató como un hijo y fue un padre para mí. Siempre me buscaba para integrarme al equipo de béisbol para jugar contra escuelas de la zona”.
Durante su época de estudiante nació el apodo de “Indio”, el cual le ha acompañado hasta la fecha.
“Me lo puso Rómulo porque yo no era una persona muy sociable y muy reservada. Siempre estaba escondido, no me quería meter en nada, y él me decía: ‘Muchacho, no seas tan indio, ven a ver lo que está sucediendo aquí’”.
Playball
Su pasión por el deporte comenzó a los siete años, emulando en las paradas cortas a dos de los tres grandeligas que tenía el país para ese entonces, Carrasquel y Aparicio.
“Como a los nueve años, el catcher de mi equipo se lesionó y me llamaron para jugar esa posición”, dijo el monaguense. “No me gustaba estar detrás del home y me la pasé todo el juego llorando porque pensaba que me iban a golpear con un foul”.
“Al final terminé ese partido y después me quedé en esa posición por un buen rato”.
Ese “rato” fue bastante largo, e incluso fue firmado al profesional como receptor en 1967.
“Yo trabajaba para Filis de Filadelfia y Leones del Caracas”, expresó Pompeyo Davalillo, una de las personas que más ayudó al jugador en su carrera.
“Vivió conmigo dos años. Lo llevé a mi casa con el permiso de su mamá y la recomendación de Rómulo Ortiz”, señaló Davalillo, quien practicaba con su nuevo pupilo en el estadio de la UCV casi a diario.
“Le recomendé que cambiara de posición y confieso que no se me ocurrió probarlo en la segunda base”, apuntó el cabimense. “Lo probé en tercera, en primera y en el outfield, pero terminó firmando como catcher para Filis y Leones”.
Al norte
“La primera vez que viajé a los Estados Unidos, a los 17 años, lloré porque me costó separarme de mi familia”, reconoció “El Indio”.
En el norte fue donde comenzó su cambio a la segunda almohadilla.
“Estaba en una práctica con Eulises Arrieta, quien era shortstop y también jugaba para el Caracas. Hicimos una apuesta por un refresco y me fui a practicar en el campocorto. Da la casualidad que allí comenzaron a darse cuenta que tenía las facultades para jugar en el cuadro”.
Filadelfia lo convirtió en utility al notar que el criollo tenía buenas manos y buenos desplazamientos, siendo utilizado principalmente en tercera. Tras pasar a los Atléticos de Oakland, fue cuando finalmente Trillo se convirtió en camarero.
“Cuando estaba en Triple A, hubo un momento en que mi hermano, Gonzalo Márquez, y un puertorriqueño de apellido Morales me dijeron que el único chance que me veían para subir a Grandes Ligas era como segunda base, y todos los días antes de los juegos nos íbamos muy temprano a practicar”.
“Eso lo hacíamos durante una o dos horas diarias, practicando rollings y doble plays. Fue ahí cuando Oakland se dio cuenta que trabajaba mucho en esa posición y como siempre tuve buenas temporadas en Triple A, me dieron el chance”.
El solvente guante del entonces novato de 22 años, y su oportuno bate fueron tomados en cuenta por los californianos para hacerlo debutar el 28 de junio de 1973 ante Kansas City.
“El primer turno siempre lo tendré en mente porque fue un hit hacia el right field, empujé la primera carrera, que fue la que nos llevó a la victoria, y me fui de 3-1”.
En dos años con Oakland tuvo una actuación limitada (38 juegos), por lo que comenzó a su estrellato cuando fue cambiado a los Cachorros de Chicago, club que le dio la titularidad.
“El primer año no fue muy bueno con el guante porque hice 29 errores. Mis compañeros me decían que era como la vitamina, una diaria, pero poco a poco los errores fueron desapareciendo”.
En 1979 Manny Trillo, como era conocido en Estados Unidos, volvió a los Filis, y a medida que transcurrían los años fue consolidándose como uno de los mejores en su posición.MVP
La campaña de 1980 fue bastante redonda para “El Indio”, quien ganó el primero de sus dos Bates de Plata al ligar para .292, siendo pieza clave en la Serie Mundial conseguida por Filadelfia ante Kansas City.
El camarero se erigió como el Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional de ese año, luego de batear para .381 (21-8), con una anotada, par de dobles, un triple y cuatro empujadas, convirtiéndose en el primer venezolano en obtener esta distinción.
“Siempre anhelé llegar a Grandes Ligas, y lo hice, ganar una Serie Mundial, y la obtuve, pero nunca pensé en llegar a ser Más Valioso de una serie de playoffs”, subrayó. “Lo único que quise hacer y no pude fue batear .300”.
Otro momento trascendental en su trayectoria aconteció en 1982, cuando impuso una marca para camareros de más partidos sin errores con 89, récord superado en 1989 por Ryne Sandberg, de los Cachorros.
La seguidilla la inició el 9 de abril y concluyó el 31 de julio, en un compromiso desarrollado en el Veteran Stadium ante los oseznos.
“Estaba bateando Bill Buckner y yo le estaba jugando hacia los lados de primera. El rolling pasó casi por encima del pitcher, un bound alto, y pensé que el segundo bound iba a pegar en la grama, pero dio en la tierra, y como era grama artificial, la bola saltó más y me dio en el codo. Pienso que le pudieron haber dado hit, pero la costumbre de hacer fáciles las jugadas difíciles me perjudicó”.
El anotador oficial esperó casi tres minutos para tomar la decisión. Tras confirmarse el error, el juego se detuvo y el público ovacionó de pie al criollo por más de cinco minutos. “Eso es una de las cosas que más recuerdo. Yo decía ‘Bueno... uno hace un error y lo aplauden’”, bromeó.
Nueve años después de esa racha, y tras 17 campañas en las mayores, Trillo decidió colgar los spikes con los Rojos de Cincinnati en 1989, luego de ser relegado al rol de utility por su ex compañero en los Filis, Pete Rose.
A los 38 años fue dejado libre, y a pesar de recibir otra oferta de los Atléticos, decidió retirarse.
En casa
En Venezuela, Marcano Trillo fue una de las tantas figuras con las que contaban los Leones del Caracas en la década de los 70, junto con Víctor Davalillo, César Tovar, Gonzalo Márquez, Joe Tartabull, Antonio Armas, Luis Peñalver y Baudilio Díaz.
En 1980 se realizó una de las transacciones más polémicas de la pelota local, luego de ser canjeado a Águilas del Zulia por el entonces novato Jesús Alfaro.
“No me molesté por el cambio. Venía de ganar la Serie Mundial y les dije (a los directivos) que si no querían que jugara con ellos que me cambiaran porque yo lo que quería era jugar pelota y da la casualidad que me enviaron para el Zulia”.
“Nunca se dio una explicación del cambio porque hubo mucha gente que tuvo miedo de decir la verdad, pero aquí en el Zulia me han demostrado que siempre seré bien recibido”, confesó Trillo. “Al Zulia lo quiero tanto como a mi pueblito en Monagas”.
“Cuando llegó al equipo causó revuelo porque él era un ídolo”, expresó Antonio Soler, jefe de prensa de los rapaces. “Águilas no tenía a un pelotero de su calibre y él ayudó a formar a Johnny Paredes, quien fue el primer grandeliga firmado por el Zulia”.
“Algunos vieron ese cambio como un robo por nuestro equipo”, dijo Jorge Miquelena, bat boy en los 35 años de Águilas. “Él era grandeliga y Alfarito un novato, pero que rindió buenos dividendos al Caracas”.
En Maracaibo también tuvo la oportunidad de formar un hogar, luego de conocer a su actual esposa, Nuncia Venecia, quien era directora de protocolo del hipódromo de Santa Rita.
“La culpa de eso la tiene Luis Soto (periodista de PANORAMA). Yo iba mucho al hipódromo a jugar caballos, la vi de lejos y me gustó. Él me la presentó, la empecé a cortejar y aquí está conmigo”, refirió Trillo.
“Tuvimos un año de novios y nos casamos en marzo de 1992”, dijo su esposa, quien lo define como un “buen padre, buen hijo y buen esposo”.
“Él es una persona de pocas palabras”, recalca la actual directora de relaciones públicas del municipio Santa Rita. “Es muy sincero y honesto. Su único defecto es que no es muy expresivo, y eso ha hecho que algunas personas piensen que es pedante o presumido, pero no es así, lo que pasa es que es muy sencillo, humilde y no le gusta figurar”.
La pareja tiene dos hijos, Jesús Manuel, de 11 años, y Sofía Guadalupe, de 7, a quien recientemente llevó a México para cumplir una promesa a la Virgen de Guadalupe. “Llevamos 13 años de casados y ese contrato va para largo”, dijo sonriente el actual coach de Águilas del Zulia, quien tiene otra hija de 28 años, Aloha María, fruto de su primer matrimonio con la también marabina María Elena Rincón.
Por “cosas de la vida” se divorció, pero Trillo cataloga el momento más difícil de su vida el día que falleció su progenitora en 1993.
“Ese ha sido el día más triste de mi vida. Si a uno le salen las cosas mal, uno las puede solucionar, pero nunca se puede recuperar a una madre”.
Desde su retiro de los diamantes, Marcano Trillo ha sido mentor de nuevos talentos de Águilas, como Guillermo Quiroz, Humberto Quintero y Carlos Maldonado, a quienes les ha impartido la disciplina que lo ha caracterizado durante toda su carrera.
Su futuro seguirá ligado al béisbol, luego de pactar por dos años más como coach de ligas menores de los Medias Blancas de Chicago, aunque ahora comparte su tiempo con otro deporte que practica desde hace 20 años, el golf.
“Sé que va a ser imposible que no me recuerden por los logros que obtuve, pero me gustaría que apreciaran el comportamiento que tuve dentro y fuera de los terrenos”, sentenció Trillo, quien aspira que sus pupilos mantengan la misma dedicación que él tuvo para dejar una huella imborrable en la historia del béisbol venezolano
Trayectoria
En las mayores actuó con Oakland, Chicago, Filadelfia, Cleveland, Montreal, San Francisco y Cincinnati a lo largo de 17 temporadas. Ligó .263, con 61 cuadrangulares y 571 fletadas.
Ganó tres Guantes de Oro (79, 81 y 82), y actuó en cuatro Juegos de Estrellas (77, 81, 82 y 83).
En Venezuela se retiró en la campaña 87-88, cuando también fue manager de Águilas del Zulia. En 19 zafras dejó promedio de .277, con 29 jonrones y 325 empujadas.
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