Diomedes Díaz alegró anoche a más de 15 mil seguidores en Maracaibo
Un CACIQUE sin tesoros
Se colaba en las parrandas para que le dieran una oportunidad para cantar. Tiene 11 hijos legales y otros 14 sin reconocer. Su devoción por la Virgen del Carmen le ha llevado a componerle varios temas. Fue condenado a 12 años y medio de prisión, pena que le fue rebajada a 32 meses.
Texto: Jainelly Fernández Urdaneta
En la oscuridad de una celda tal vez algunos consigan en el rezo una ocupación. “Con estas cadenas no puedo hacerte la capilla en El Valle... ahora te pido por lo que más quieras que me pongas lo más pronto en la calle pa' hacerte la capilla que te he prometido”.
Esa fue la súplica melodiosa del entonces reo Diomedes Díaz, el cantante recluido en la cárcel de Valledupar, que una vez más le pidió a la Virgen del Valle su mediación.
El tema “A Mitad del camino”, uno de los 12 contenidos en la producción “Pidiendo Vía” que se grabó en octubre de 2003 tras las rejas, fue un canto para pedir “auxilio”.
A su intérprete, también llamado El Cacique de la Junta, le fue concedida la libertad condicional, el pasado 12 de noviembre de 2004, luego que en la medianoche del 14 de mayo de 1997, Doris Adriana Niño, una joven bogotana de 22 años, llegó al edificio Plaza Navarra, ubicado al norte de esa ciudad capitalina en la calle 147 con carrera 19, para cumplirle una cita al artista. Sin embargo, nunca regresó a su casa y su cadáver, hallado al día siguiente en un paraje de Boyacá, fue confundido al principio con el de una trabajadora sexual y fue sepultado “sin nombre”, según reseña del Diario El Tiempo.
Cuatro años después, la justicia halló culpable al artista vallenato, para ese entonces prófugo, por la muerte de su amiga, y lo condenaron por homicidio preterintencional a 12 años y medio de prisión, además de multarlo con 35 millones de pesos.
Según las declaraciones de la autoridad 46 Penal del Circuito, Claudia Bohórquez, publicadas en el diario bogotano: “Él no quería causarle la muerte, pero no hizo nada para impedirlo”.
De acuerdo con los análisis practicados por Medicina Legal, se determinó como causa de su deceso una sobredosis de cocaína y alcohol. La Fiscalía del vecino país, ordenó profundizar los exámenes, fue entonces cuando concluyeron que la muerte fue originada por “asfixia mecánica”.
Fue capturado el 3 de octubre de 1997 y le concedieron el beneficio casa por cárcel, tras comprobarse que tenía la enfermedad Guillián Barré. En esa oportunidad los médicos no determinaron qué le produjo la afección, especularon desde la disminución de las defensas del organismo, la tensión y el exceso de drogas o alcohol.
Pero, el 11 de agosto de 2000, cuando la jueza del caso consideró que ya había superado la afección que lo mantuvo cuadrapléjico durante meses ordenó nuevamente su captura.
A la orden
“En ese tiempo teníamos que hacerle todo, creo que fue uno de los momentos más difíciles que ha atravesado. Él era una masa, la recuperación fue muy lenta y comenzó con los dedos de las manos”, expresó su representante, compadre y amigo por más de 30 años, Joaquín Guillén.
Sobre su paradero se especuló mucho. Se dijo que estuvo en Sierra Nevada, muy cerca de Valledupar, donde hacía continuas parrandas con sus amigos más cercanos.
En este sentido, Pastor López, cantante venezolano de música tropical, aseguró que Diomedes pasó algunos días en una finca localizada en el municipio Machiques y en otra en Villa del Rosario, en Venezuela, aunque dijo desconocer los detalles acerca de quiénes eran los dueño de las propiedades.
“Fui objeto de allanamiento en mi casa hecho por policías. No tuve nada que ver, yo quería que se entregara”, reveló Pastor López.
El 26 de septiembre de 2002, el Cacique se presentó en la Penitenciaría de Valledupar a las 3:30 pm. Seguidamente, el Tribunal Superior de Bogotá le rebajó la pena a 37 meses.
Y mientras sus canciones resuenan en casi todas las casas de la ciudad donde reside, el cantante regresó a la luz pública y se encontró con lo que, sin duda, fue la bienvenida a un héroe, a pesar de que se debía rendir a la policía, redactó el periodista del Financial Times, James Wilson, quien publicó en su reportaje que “su paradero fue por más de dos años un secreto a voces, el artista pasó su tiempo escondido en su rancho, La Virgen del Carmen, a pocos kilómetros de Valledupar, donde escuadrones de guardias paramilitares mantuvieron a los curiosos a raya”.
Estuvo en un cuartico aparte de los demás reclusos de 3 x 3 metros con su baño interno, justo al lado de la cancha de fútbol. Allí disfrutaba de la compañía de una “grabadorcita” (a través de la cual escuchaba a Calixto Ochoa y Alejo Durán, cantantes vallenateros, y a veces a Antonio Aguilar), un ventilador y un televisor, detalló su amigo.
Inicios
El flaco muchacho de tez oscura que se colaba en los escenarios apenas alcanzaba los 15 años cuando comenzó a ser temido por los vallenateros de la época.
De ruego en ruego para que lo dejaran presentarse como cantante, Diomedes arrasaba en las parrandas y dejaba varados a cuanto criollo se le atravesara.
“Él no podía ver una fiesta porque se metía, buscaba a los dueños y les pedía que le dieran un chance para interpretar sus temas. Cuando lo hacía se convertía en el amo y la gente le pedía que siguiera cantando. Por eso, a los músicos no les gustaba hacerle el favor, porque luego los apartaban a ellos y se quedaban sólo con él”, manifestó Joaquín Guillén.
Sabía de la limitación vocal que le imponía tener una voz diferente y algo estridente, pero sus sueños no decayeron. Consciente de su desventaja para ese momento, se propuso salir a la palestra pública de la mano de su tío, un reconocido acordionero llamado Martín Maestre, con la composición de sus primeras canciones.
Infancia
Su padre, Rafael Díaz, lo recordaría en sus mejores días, como aquel pequeño jornalero que ordeñaba vacas, cabras y ovejas, enlazaba caballos, trabajaba con machete, cortaba leña y hasta cosía mochilas.
Elvira Maestre lo parió el domingo 26 de mayo de 1957, a las 7:00 am, en una modesta casa de bahareque con techo de paja en medio de un matorral y maíz recién molido para las arepas que luego acompañarían con un aromático café recién colado.
Su infancia transcurrió en ese mismo lugar, en la finca El Carrizal, ubicada en la Junta, cerca del cerro del Higuerón, en la Guajira colombiana.
“Yo nací en Villa Nueva y él en la Junta, pero pasó mucho tiempo en mi pueblo. Teníamos como unos 10 o 12 años, cuando estudiábamos en el Colegio Liceo Colombia. El maestro era Rafael Peñaloza”, rememora Rafael Romero, integrante del Binomio de Oro.
Continúo evocando: “Era una persona muy sana, trabajador, vendía arepitas de mazorca en la puerta del cine para ayudar a su familia. En pocas palabras, un muchacho muy sencillo. En el colegio no tuvo mucha notoriedad”.
De sus inicios artísticos recuerda que se acercaba la celebración del Festival del Fique, al que Diomedes lo invitó a participar como acordionista.
“Mientras yo cursaba cuarto de primaria, él hacía tercero. Desde el principio éramos amigos, pero no sabía que él cantaba. Cuando me habló del concurso, le dije que me gustaría participar, pero no tenía quién cantara, él respondió: “Yo canto”. Y le repliqué: “Yo nunca te he escuchado, además debes saber tocar guacharaca”. Inmediatamente respondió que él también lo haría”, relató Romero.
“Llegada la fecha, siendo unos niños, nos presentamos con famosos en el acordeón como Chema Ramos y quedamos en segundo lugar”, recordó notablemente emocionado su compañero.
¡En escalada!
Aquel muchacho inquieto logró emplearse en Radio Guatapurí como mensajero en bicicleta. Esta oportunidad le ayudaría a mejorar su situación económica con un salario de 700 pesos mensuales, al tiempo que tendría la facilidad de que le difundieran sus composiciones, según la revista electrónica “vallenata.com”.
Otra ventaja de trabajar allí sería la de conocer y hacerse amigo de los artistas y la farándula que frecuentaba la radio.
La experiencia no fue fácil. Aun así cumplía con sus obligaciones en el Colegio Lopera, donde cursaba sus primeros años de secundaria. Según su representante, luego de tantos esfuerzos y sacrificios con sus ahorros logró grabar un disco al lado de Náfer Durán, acordionero hermano de Alejo Durán.
Aunque ya habían compuesto temas que fueron ampliamente difundidos como “La negra” y “Cantor campesino”, fue la interpretación que hizo Rafael Orozco de la canción “Cariñito mi vida” la que lo llevó al estrellato. “Allí, Rafa lo bautizó como El Cacique de la Junta”, aseguró Romero.
Su amigo de la infancia afirmó que con “Chanchillito”, Diomedes debutó oficialmente como intérprete en 1978, al tiempo que reconoció que mantener el estilo más autóctono y la corriente tradicionalista le garantizó el éxito tanto en su tierra como en otros países.
Romero recalcó que la condición de ser un cantautor y la constante superación le abrieron el camino al éxito en un momento muy difícil cuando estaban como líderes Poncho Zuleta y Los Oñates, que hacía muy fuerte entrar en ese grupo.
El hijo de La Junta tomó la decisión de renunciar a su trabajo y, poco a poco, fue dejando el colegio para ingresar al mundo artístico comenzando por cargar maletas, arreglar cables y sincronizar sonido en el grupo de Freddy Peralta y Miguel López, publicó la Revista Romanceros en diciembre de 1997.
El tema que lo sacó a la luz pública fue “Cristina Isabel”, una composición de Edilberto Daza y en el que se describe el amor por una morena de Montería.
A partir de este disco, los amantes de la música vallenata se dieron cuenta del surgimiento de una figura que se caracterizaba por cantar con una sensibilidad impresionante, con una voz y una forma muy diferente a los de la época y que, además, era compositor.
Desde entonces obtuvo más de quince millones de copias vendidas en su vida artística, 23 discos de oro, 25 de platino, 15 de doble platino, 3 quíntuple platinos y una fama que lo sigue a todas partes.
Su ferviente devoción por la Virgen del Carmen le ha permitido cantarle y componerle varios temas, a la vez que menciona a algunos de sus 11 hijos legales, sobre todo a Rafael Santos, sin contar otros 14 que tiene “por la calle”, dijo su amigo de la infancia, quien ratificó que actualmente su compañera sentimental sigue siendo Betsy Liliana y que hace algunos años le operaron la nariz para colocarle una pasta en el tabique.
Aunque no supo decir por cuál razón se efectuó la intervención, se especula que las constates inhalaciones de cocaína le destruyeron ese órgano.
“Para mí es el número uno del folclor vallenato”, afirmó con voz imponente Pastor López, quien explicó que todas sus canciones son sentimentales y llegan al corazón del pueblo.
“No sé cómo será con las demás personas, conmigo ha sido muy solidario y amable, recuerdo en mis comienzos una vez que viajaba desde Bogotá hasta Río Hacha. Él iba a una presentación a Maicao, el capitán del avión no lo conocía y yo me paré y hablé con él, si quiere lo sienta aquí en mi asiento y así pudo viajar, Diomedes constantemente lo recuerda y me lo agradece”, comentó.
A pesar de la fama que logró en los años 90, fue apodado “no vienes Díaz”, debido a que confirmaba presentaciones a las cuales ocasionalmente no asistía. Así, dejó embarcados a muchos empresarios. Pero, anoche la realidad fue otra en Maracaibo. En esta oportunidad llenó la Plaza de Toros, donde puso a bailar y cantar a más de 15 mil seguidores, quienes esperan por la publicación de sus memorias escritas de su puño y letra.
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