PERFIL. VÍCTOR VALERA CELEBRÓ SU OCTOGÉSIMO CUMPLEAÑOS TRABAJANDO COMO NUNCA
Retrato del ARTISTA niño
Texto: Alexis Blanco

El creador recibirá este año el homenaje de la Feria Internacional de Arte y Antigüedades de Maracaibo. Nació el 17 de febrero de 1927. Ha ganado los premios más importantes que se otorgan a los creadores.

El niño que era Víctor Valera recordaría más tarde ciertos pasajes de esa infancia: “Para ese entonces no tenía hermanos, jugaba solo y la arena que levantaba el aire me pinchaba como espinas”.

Ese niño, nacido en Maracaibo, cumplió ayer 80 años. Sus manos crean cada día nuevas formas, colores, texturas, ritmos y armonías sensoriales. Cada muestra suya desnuda una nueva dimensión de su obra creadora. Su mente recrea, incesante, nuevos senderos para honrar la perplejidad y la alegría de la contemplación. “El arte es la única razón para mantenerse vivo”, pensó Walter Benjamin. Valera asiente.

“Todavía echo de menos los inmensos volantines de rabos acaracolados que en su horizonte se perdían, fijándose en mi memoria. Yo mismo los construía con lajas de caña, cordones de sisal, con pedazos de tela atados a curricanes amarillos, y con la fugaz compañía de las golondrinas en su peregrinar”, confesó.

Peregrinar condensó la vida temprana de Valera. “Así, entre historias, mitos y leyendas fui creciendo como el aire, libre como el viento, equívoco como la sombras, y me dí cuenta de que había un espacio que debía llenar”. Intentó llenarlo en la milicia, con relativo éxito, ya que formaba parte de la guardia de honor del presidente Rómulo Gallegos. Allí decidió estudiar artes plásticas y se inscribió en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas. En ella estuvo hasta 1950.

Volvió a su ciudad y entabló una amistad decisiva con Jesús Soto. Éste lo insta a marcharse a París. Cinco años más tarde, Jean Arp presenta una exposición suya. Antes, había trabajado en el taller de Jean Dewasne y el de su tocayo, Vasarely. Fue obrero al servicio de Fernand Leger y amigo del escultor Jacobsen. En 1954 volvió para trabajar con Carlos Raúl Villanueva en el proyecto de integración de las artes de la Ciudad Universitaria de Caracas. También estuvo en el Salón des Realites Nouvelles, en París. En 1958 consagra su carrera, al ganar el Premio Nacional de Escultura.

La gloria no hace mella en él. De 1963 a 1964 participa en el taller que dictó Kenneth Armitage. En 1966 participó en la Bienal de Venecia. En 1972 gana el Primer Premio del Salón Arturo Michelena. Un soldado del arte puro.

La obra de Valera, sostiene el crítico de arte Juan Calzadilla, trabaja fundamentalmente con la luz. Una iluminación que concuerda con las imágenes de la infancia que el artista viene escribiendo como una recopilación de su memoria de Maracaibo.

Su madre bailaba con una escoba y trataba de enseñarlo: “Casi nunca la vi triste, y pocas veces lloraba. Mi madre era inmensa, vertical, alta, con una alegría a flor de piel. Yo fui su hijo, su amigo y su amante. Con fuerza poderosa me parió el 17 de febrero del año 27. En un pueblo de fronteras, al lado de un inmenso lago”.

Años de oro

El adolescente Víctor Manuel relataría después su performance: “Entre presagios y supersticiones continuaba creciendo como un cedro, mientras tomaba los tizones que un fuego había dejado, y dibujaba con ellos muros encalados de los amigos vecinos. Me gustaba manchar las paredes trazando monigotes, bosquejando soles, pájaros y nubes, con sexos imaginados que no tenían nombre”.

El crítico de arte Víctor Guédez enfoca: “Es un caso muy extraño en la plástica venezolana, porque mientras uno nota una especie de senectud prematura, de envejecimiento anticipado, en muchos artistas de su época, sin embargo él se mantiene, no solamente en una línea de continuidad, sino en el sendero de ruptura, es capaz de reiniciar sus propuestas plásticas, de una manera muy versátil y muy profunda. Es un hombre que se renueva con capacidad asombrosa”. Un niño reciclable.

La clave del artista es sencilla: “El amor. Por eso he vivido, soy quien soy y he tenido momentos extraordinarios. No creo que se pueda vivir sin eso”. Por eso, él creó obras para que los ciegos pudieran disfrutar la experiencia estética. Por eso sigue trabajando, pensando, haciendo. Como un niño infatigable, de 80 años.

“¡Estáis hecho de barro!”, le dijo su madre. Fue una admonición. El término laureado es para él más que un adjetivo. La ciudad arremolina: “La única deuda que tengo es con mi pueblo, donde he sido mal entendido y hasta burlado. Hay obras que no existen porque las tumban sin pedirme un permiso, sin consultar muchas cosas. Hay otras que pertenecen casi a la historia de la escultura del país, que están en manos de quien no tiene que tenerlas, porque las quitaron de los lugares públicos donde estaban. Hay otras tiradas en los talleres sin terminarlas. He sido muy despreciado como zuliano. Es una realidad y me duele. Maracaibo: te amo pero con dolor”, afirma.

Elizabeth de Castillo, galerista de esta ciudad interviene: “Nunca deja de investigar, de crear. Con los años reflexiona con más intensidad sobre el fenómeno de la creación. Es un hombre muy conciente de su obra”.

Alumno de Valera, Daniel Suárez considera que es el mejor escultor de Venezuela en la actualidad. Trabajó 30 años con él. “Mi maestro. Me enseñó el arte de domar el espacio”.

Príncipe del sueño

Ante el “boom” de Reverón, Valera dibuja con el dedo gordo en el aire: “Tendría yo unos 20 años cuando, al conocer a aquél loco maravilloso, me enteré de que era un tipo de gran cultura y un apellido que pesaba, pero él le dio la vuelta a su familia y se dedicó a ser el hombre libre que fue, el loco maravilloso que fue y el gran artista que es”.

Al final bocetea su trayectoria y configura su trascendencia: “Espero que la reencarnación exista, porque sueño con la vida eterna, que es la muerte. Y si volviese a tener esa oportunidad, me gustaría ser libre, en un ambiente mucho más sano, que no fuese la época del diablo que estamos viviendo”. El niño crece, duro.

ARTÍFICE

EN 1956 Ganó el Primer Premio del segundo Salón D’Empaire, en Maracaibo.

EN 1956 Asumió el hierro como su material esencial.

EN 1984 El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas le dedica una muestra retrospectiva.

EN 1982 Obtuvo el primer Premio de la Primera Bienal Nacional de Escultura Francisco Narváez, en el estado Nueva Esparta.

pionero Del arte público nacional, con murales y esculturas.

© Panorama Digital, 2007