PERFIL. EL POETA GARCÍA LORCA FUE EJECUTADO EL 19 DE AGOSTO DE 1936, y su cadáver jamás fue encontrado
FEDERICO mártir, a las cinco en punto
Texto: Alexis Blanco
Foto: ARCHIVO
Formó parte de la llamada Generación de 1927, al lado de creadores como Cernuda, Guillén o Alberti. Viajero incansable que con su Poeta en Nueva York reflexionó sobre lo que hoy conocemos como globalización. La envidia y su talento sentenciaron su vida.

El prólogo abre con la canción El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, mientras que cuatro niños, dos hembras y dos varones, juegan con una tela blanca, extendida de un extremo a otro. Uno de ellos, llamado Federico, espera que el pequeño tinglado esté listo y comienza a recitar: “En el portal de Belén / los gitanos se congregan. / San José, lleno de heridas, / amortaja a una doncella...”.


Al comenzar la escena primera, el niño Federico hace una pausa, espera que una guitarra andaluza rasgue el viento, deje escapar su “quejío” y, en medio de palmas sincopadas, vuelve a recitar: “Voces de muerte sonaron, cerca del Guadalquivir...”.

Entra en escena Vicenta Lorca, maestra, madre de Federico, Francisco, Concha e Isabel. Desde lejos, sobándose la panza, el padre, Federico García Rodríguez, contempla la escena.

El pequeño recitante, que mostró cierto episodio de parálisis a sus cuatro años, vuelve con su canto: “Quiero matar al único testigo / para el asesinato de mis flores / y convertir mi llanto y mis sudores / en eterno montón de duro trigo...”.

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La segunda escena encuentra al joven Federico, talentoso bachiller de Granada, entrando a la Residencia de estudiantes, en Madrid. Allí lo recibe un grupo de “nerds”, a quienes se les conocerá como la Generación de 1927. El pintor Salvador Dalí, con quien desarrolló una amistad de profundo significado en su arte, al punto de dedicarle una oda, así como el realizador Luis Buñuel, quien lo recuerda, contundente: “Él era la obra maestra”.

El colega Raúl Estefanía, de BBC Mundo, habla desde Granada por la web: “Fue un hombre adelantado a su tiempo. Federico vivió en una España que caminaba hacia atrás...”.

El poeta venezolano Rafael Cadenas interviene, por teléfono, desde Caracas: “En su generación hay nombres muy importantes, como Pedro Salinas, Jorge Guillén y Luis Cernuda, que son los que más me interesan, sin que eso signifique el valor de los otros, de la poesía de Lorca...”.

Enfoca el autor de En torno al lenguaje, que García Lorca comprendió muy bien los valores esenciales de la tradición literaria popular de las distintas regiones de España y que, al impregnarlos de cierto cosmopolitismo, terminó por ser un ejemplo integral de lo positivo que podría tener el concepto de globalización. “No estoy contra ella. Soy bastante cosmopolita. Él también lo fue”.

El poeta granadino vuelve a reflejarse: “Canto a España y la llevo hasta en la médula, pero, antes que esto, soy hombre de mundo y hermano de todos...”.

Viajero infatigable, el muchacho recorrió toda su patria, junto con su maestro Martín Domínguez Berrueta. Él mismo se autodefine: “Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico”.

Semejante desparpajo lo llevaría precozmente a la tumba. Su biógrafo, Ian Gibson, quien es el comisario de la conmemoración de los 70 años de su asesinato, plantea: “La envidia fue un factor muy importante en la muerte de Lorca”.

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En la tercera escena, aparece el hombre triunfador. “Cuando él está cerca, no hace frío ni hace calor: hace Federico”, metaforiza su colega y amigo, Jorge Guillén. El poeta viajó a Estados Unidos, donde el choque cultural que le produjo la gigantesca urbe, instigará un libro esencial, Poeta en Nueva York.

El comentario de Estefanía apuntala los elementos constantes en la poética dramatúrgica de Lorca, que contrastan en la Gran Manzana: la luz de las casas blancas de Albaicín; el aire limpio de la serranía; el luto de las comadres sentadas en los quicios de las puertas; el silencio religioso de la hora de la siesta y la algarabía de los gitanos, cantando por bulerías en Sacromonte.

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La cuarta escena contiene un cartel, a modo de epígrafe: “No duerme nadie por el cielo. / Nadie, nadie. No duerme nadie. / Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. / Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan / y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas / al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros. / No duerme nadie por el mundo...”

El 16 de agosto de 1936, un comando de la Guardia Civil lo arresta, en su casa de Callejones de los García. Tres días más tarde, sus padres fueron conminados a firmar el acta de defunción, sin que apareciera el cadáver. “Sólo para testimoniar su muerte, la cual ocurrió en Fuentevaqueros, en un lugar entre Viznar y Alfacar”, según la crónica histórica de Gibson. “¡Un tiro en la nuca, y al hoyo!”, definía el método usado en las ejecuciones masivas.

El escritor zuliano Piero Arria aporta su comentario, abriendo el quinto cuadro vivo: “Está estrechamente ligado a la figura del mártir político, si bien él mismo nunca se identificó como miembro exclusivo de ningún bando. Un poeta de nocturnidad que abogó por un arte popular, de todos: En este momento dramático del mundo el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas. Éste es el Lorca a recordar, el de codo a codo con la vida, no con la muerte...”.

El cineasta Marcos Zurinaga realizó una laureada película sobre la ejecución del creador de los Títeres de cachiporra. La protagonizó Andy García, quien, en determinado momento del filme, esgrime como un manifiesto: “La poesía no quiere adeptos, quiere amantes”. La cinta evidencia que fue un pariente lejano de Lorca, llamado Juan Luis Trescatos Medina, quien hizo el disparo fatal.

Es la misma versión que plantea otro importante documental, llamado El mar deja de moverse, escrito y dirigido por Emilio Ruiz Barrachina, quien promueve la imagen de un artista vanguardista, muy distanciado de los cánones conservaduristas, quien con su vida y obra devino en un enemigo muy peligroso para la pésima ética de la dictadura.

Epílogo: “Voces de muerte sonaron / cerca del Guadalquivir. / Voces antiguas que cercan / voz de clavel varonil...”.

SÍMBOLOS

LA LUNA El más frecuente en Lorca. Alude la muerte, pero también puede simbolizar el erotismo, la fecundidad, la esterilidad o la belleza.

EL AGUA Generalmente, tiene un significado negativo, de muerte.

LA SANGRE Vida, al ser derramada es la muerte. Representa también lo fecundo, lo sexual.

EL CABALLO (Y su jinete). Muy presente en toda su obra portando siempre valores de muerte.

LAS HIERBAS Su valor dominante, aunque no único, es el de ser símbolos de la muerte.

LOS METALES Sigue reinando la muerte. Aparecen bajo la forma de diversos objetos: puñales, cuchillos, navajas..., con lo que esa muerte se liga a la violencia y a la sangre.

© Panorama Digital, 2007