PERFIL. UN PRESIDENTE PRAGMÁTICO DE AMPLIA VISIÓN
Jacques Chirac: El perfecto animal POLÍTICO europeo
Camaleón Bonaparte, o “un bon gars”: O un buen tipo. Así suelen llamar los franceses a su presidente Jacques Chirac. El perfecto animal político, poseedor de un exquisito instinto natural para estar en la cúspide.
Por casualidad no se pasan 45 años de exitosa vida política, que el próximo 16 de mayo llegará a su fin. Casi medio siglo en la vitrina pública han dejado ver lo mejor y lo peor de quien nunca se dejó encasillar ideológicamente, a pesar de sus orígenes gaullistas (seguidor de Charles de Gaulle, primer presidente de la V República Francesa).
“Su habilidad radica en que es muy pragmático, sabe leer las diferentes corrientes. Es como el corcho, siempre está flotando”, asentó el analista político, Isaac Bigio, desde Londres.
Para el ojo crítico del analista José Toro Hardy, Chirac es un político conservador, con cierta tendencia a la derecha, que con primeros ministros socialistas supo conservar siempre la unión de Francia y evitar conflictos internos.
“Es un líder de amplia visión. Pese a las diferencias con los primeros ministros, supo mantener la unidad de su país”, dijo Toro Hardy.
Jacques Chirac nació el 29 de noviembre de 1932, en la sempiterna ciudad de las luces, París.
Se casó,en 1956, con Bernadette Chodron de Coucel, con la que tuvo dos hijas, Laurence y Claude, puntales de su imagen de padre cariñoso.
Estudió en el Colegio Nacional de Ciencias Políticas y en la universidad norteamericana de Harvard. Mientras participaba en las agitaciones callejeras y coqueteaba con el partido comunista, en 1954, se diplomó en el Instituto de Estudios Políticos de París.
De espíritu inquieto y aventurero, se le recuerda como a los 18 años, aprovechando los cálidos vientos del verano, se montaba en un carbonero que cumplía la ruta Sudáfrica-Cunkerque.
Prestó el servicio militar en Argelia, donde fue testigo de la guerra colonial durante dos años.
Amante de los estudios, a su regreso a Francia, continuó afinando y perfilando su carrera política al graduarse en la Escuela Nacional de Administración.
Como buen sagitariano, quienes se caracterizan por saber indagar en las pasiones humanas y apuntar a grandes objetivos, Chirac ha sabido contarle a los votantres lo que quieren escuchar. No por suerte fue dos veces primer ministro, la primera vez a los 28 años. Destacó como alcalde de París durante 18 años y ha dirigido a su país como Presidente por los últimos 12 años. Antes ocupó varias secretarías de estado y fue ministro de Agricultura y del Interior.
En 1976 dimitió al cargo de primer ministro, en la presidencia de Valéry Giscard d´Estaing, para fundar su propio partido: Agrupación para la República.
Simpático, de legendario apetito, aficionado a las peleas de sumo, de reputación entre las mujeres y algo tramposo que no importa mucho a los franceses.
“Es un hombre elocuente, frío y calculador, es un francés. Trata de imitar, de algún modo, a Charles de Gaulle, sin tener la grandeza de éste”, describió la internacionalista Maruja Tarre.
Como Napoleón Bonaparte, ha ganado grandes batallas, pero en el campo político. Como legendaria, por su capacidad para sacar de competencia a su oponente, se recuerda su triunfo en el 2002.
Hace cuatro años, Chirac fue el más votado en la primera vuelta presidencial con un 19,6% de la preferencia, pero seguido muy de cerca por el ultraconservador Jean-Marie Le Pen, con un 17,07%.
En una jugada maestra, para la segunda vuelta centró su campaña en el tema de la delincuencia. Se aprovechó también del temor generado por el extremista programa de Le Pen para sumar a su favor el voto de la izquierda, centro y derecha moderada. El resultado: Chirac resultó reelegido con más de un 82% de los votos.
Un año después afianzó su liderazgo interno y europeo al asumir una férrea oposición a la guerra en Irak, a pesar que muchos esperaban su respaldo a Estados Unidos que invadió el país árabe. Esta posición le valió para ser considerado candidato al premio Nóbel de la Paz, en el 2003.
Pero no todo ha sido miel para Chirac, quien probó el amargo sabor de la derrota en dos campañas presidenciales, frente al socialista Francois Mitterrand, en 1981 y 1988.
Como Presidente, sufrió un duro revés cuando, en el 2005, los franceses rechazaron la Cosntitución Europea, impulsada por Chirac.
Un año después, su Gobierno fue estremecido por violentos disturbios callejeros protagonizados por jóvenes y sindicatos, que rechazaron la sustitución del Contrato de Primer Empleo, cuyo punto más álgido permitía que los jóvenes menores de 26 años podían ser despedidos sin indemnización. El desempleo juvenil llegó a ubicarse en un 25%.
Luego de dejar la presidencia, muy posiblemente Chirac tenga que afrontar otra dura batalla: Puede ser convocado por la justicia para rendir cuentas sobre un escándulo de empleos ficticios durante sus años de alcalde de París.
Mientras espera, camaleón Bonaparte hace planes para dedicarse a una fundación de diálogo entre culturas y la ecología.
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