PERFIL. El importante artista colombiano cumplió 75 años, el jueves pasado
Botero ENGORDA al orbe
Texto: Alexis Blanco

Exposiciones simultáneas en distintos lugares del mundo consolidan el prestigio del creador. Nació en Medellín, el 19 de abril de 1932. La galería Freites, de Caracas, prepara una muestra para este año.

Fernando Botero es, hoy por hoy, la más alta insignia viviente del quehacer artístico continental.

Un niño deja de jugar con sus hermanos y entonces se pone a dibujar su ciudad natal, donde se ve a un payaso descorrer una raída cortina, detrás de la cual se verá a Medellín.

El niño se llama Fernando Botero y sus padres no pueden creer que sienta tanta pasión por aquellos garabatos de los cuales, su maestra, ha advertido como una pasión muy secreta que el muchacho experimenta. Su hermano, Juan David, alienta esos trazos y comparte con él juegos de memoria y algunos imaginarios paseos a caballo.

El mundo aguardará por el soñador de formas y colores con figuras gorditas. Pronto será sorprendido por su desparpajo, la ironía y el sarcasmo con los cuales insurgirá como un gran artífice de la humanidad.

Tesón y disciplina

No le vendrá de la nada el abrumador éxito que le acompañará durante toda su vida. Miles de veces habrá de recordar las larguísimas jornadas que pasó estudiando, tratando de descifrar los secretos y los códices de los grandes creadores.

Un día, en México, tal como cuenta su paisano, el escritor Álvaro Mutis, descubrió que al Giotto se le podía jugar una broma muy pesada, engordando sus figuras. Que a los grandes pintores del Renacimiento, con sus madonas, núbiles y tentadoras, podría adjudicarle rango y valor moderno.

Humor inteligente, transformado en alas mágicas, guiaron sus manos por el rumbo definitivo. Comenzó a relatar una gran crónica figurativa de los aconteceres populares del continente. El drama de la pobreza, del narcotráfico, la prostitución y los rituales y las creencias, surgieron en sus telas, pero con un valor agregado: eran figuras gordas, magníficas, rubicundas y con una misteriosa hermosura.

El sarcasmo aparecía diluido en ternura. A las fiestas y a las tragedias las dotó de una teatralidad excelsa y, tal como él mismo lo reconocerá, introdujo “apuntes pictóricos secretos”, datos transportados de las grandes obras de los autores que más le habían impresionado, y construyó entonces su propia versión, su elaboración particular de una mitología estética.

Él mismo recordaba, en una entrevista con este redactor, en octubre pasado: “Una tarde, cuando estaba pintando Naturaleza muerta con mandolina, al hacer el hueco de este instrumento musical, lo dibujé muy pequeño e inmediatamente la figura adquirió monumentalidad y volumen; a partir de ese cuadro seguí pensando en las redondeces, en la sensualidad de la forma, digamos que soy una especie de Greco, pero latinoamericano y redondito”.

Mutis acude, en la cita tomada al vuelo: “Botero se detenía, de pronto, en las anónimas esquinas de la colonia Nápoles para explicarme, con sabio y razonado entusiasmo, sus exhaustivas incursiones en la obra de Piero della Francesca o cómo preparaba sus azules el Giotto. A medida que nuestros paseos se hacían más largos, fui descubriendo al otro Botero, a ese monstruo de endemoniada lucidez, que registra, con el ojo implacable de un felino al acecho, la cotidiana y sandia existencia de sus semejantes”.

Lírica obesidad

“Fernando Botero es, hoy por hoy, la más alta insignia viviente del quehacer artístico continental. Su generosidad carece de límites y su sentido de la responsabilidad histórica que todo creador debe tener como norte es inconmensurable”, afirma la galerista de Maracaibo, Elizabeth Hazim de Castillo, quien afirma que “son muy pocas las personas que poseen obras originales del artista, debido a su altísima cotización”.

Desde Caracas, la representante de la galería Freites, María Jaume, interviene: “No es fácil describir a un artista como Fernando Botero. Él es magistral en todo lo que acomete: dibujo, pintura en todas sus técnicas y escultura. También su calidad humana se refleja en su trabajo, ya sea costumbrista o en temas de actualidad. Es un hombre que tiene tiempo para todo. De naturaleza cordial y sencilla y muy observador de la vida. Para cualquier galería es un honor contar con sus obras tanto para exhibición como para venta. A finales de año, probablemente, inauguraremos la nuestra”.

La poetisa Maribel Prieto, docente de la Universidad Bolivariana, refiere el “carácter de delirio que alcanzan algunas de sus series, como la de los toreros, las representaciones de obras clásicas de la pintura, como con Velásquez, pero, sobre todas ellas, la de los torturados en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, dan cuenta del respeto que siente por la vida humana, un aspecto que habla más que cualquier tratado sobre su personalidad de artista contemporáneo”.

Sin embargo, en la película que sobre su vida y obra mostró el museo de Medellín, en octubre pasado, Botero afirma sentirse mejor como un creador tradicional. “El arte siempre será lo mismo: un asunto de creatividad y de asombro, para compartir con aquellos que queremos”.

El artista enfatizó en la escultura de grandes dimensiones a partir de 1976. Dicha disciplina también incluye los temas de “gordos”: seres sensuales, donde se da suma importancia al volumen y la perfección técnica. Sus monumentales obras se han exhibido, desde los años 90, en los Campos Elíseos de París, en Park Avenue de Nueva York, en la Plaza Della Signoria de Florencia y en muchos otros espacios históricos del orbe.

En Cartagena de Indias, el pintor callejero Alcibíades Arciniegas, hace retratos frente a la gigantesca gorda ubicada en la ciudad amurallada: “Después de Picasso, ningún otro artista ha manejado mejor. Botero tiene un sensible, casi ‘autobiográfico’, conocimiento sobre la pintura renacentista y el arte del pasado en general, lo cual se traduce en mayor accesibilidad hacia el significado de su trabajo. Un maestro en todo sentido y un orgullo para quienes venimos aquí, a ver a los turistas tomando fotos”.

El niño continúa jugando, a sus 75 años. Una leyenda inagotable que ahora mismo trabaja sobre el circo, ese lugar infinito donde todo infante acude a soñar. Circos gorditos.

© Panorama Digital, 2007