PERSONAJE. EL SARGENTO LUIS CONTRERAS DEDICA SU VIDA A SALVAR LA DE OTROS
El alma de un HÉROE
Texto: Margioni Bermúdez
Foto: ARCHIVO

Nació en 1955 en el seno de una familia pobre. Desde niño sintió inclinación por ayudar al prójimo. Con sólo 13 años, fue voluntario en la tragedia aérea de Ziruma. Ha recorrido el país llevando suero antiofídico para salvar a más de mil víctimas de mordeduras de serpientes.

El sargento es un experto en serpientes. lo han mordido en cinco oportunidades culebras venenosas y más de 60 veces ofidios no venenosos.

Repostero, marino mercante, dirigente estudiantil, detective privado, enfermero, bombero marino, mesonero, bombero municipal, experto en serpientes y periodista empírico. El súperman marabino se ha puesto casi todos los trajes de héroe que existen en la vida real.

No vuela, no tiene una capa, ni súper poderes, tampoco lo debilita la criptonita. Su fuerza nace de su deseo de servir al prójimo. Aunque no ha protagonizado ninguna producción de Hollywood es todo un personaje. Un auténtico héroe anónimo.

Siendo apenas un muchacho de 13 años desafió los cordones de seguridad para adentrarse entre las llamaradas y el amasijo de hierro en el que quedó convertido el avión DC9-30 de Viasa, que se estrelló el 16 de marzo de 1969 en el barrio Ziruma, de Maracaibo.

Habían pasado minutos de la tragedia que cobró más de 200 vidas y Luis Contreras intentaba ayudar a los boy scouts a socorrer a los sobrevivientes.

Todo era confusión. Nadie podía creer la dantesca escena que interrumpió la calma de aquel domingo. Para Luis no era extraño colaborar en situaciones difíciles. A sus ocho años corría desde la casa de su hermana Mercedes, en Amparo, hasta la Circunvalación 2, cada vez que había un accidente de tránsito.

Cuando se estrelló el jet, Luis, junto con unos amigos, veía jugar a Lino Conell —padre— en el estadio de béisbol Luis Aparicio. Escuchó el estruendo y corrió. Para su sorpresa, uno de los sobrevivientes era el pequeño Lino Conell —hijo—.

“Recuerdo a los bomberos sacando al bebé. Tuvieron que romper la pared del cuarto para rescatarlo. El resto de la familia murió”.

Allí se formaban sus sueños por ser médico o bombero. El quinto de los siete hijos de María Contreras nació el 12 de junio de 1955. Las manos de una comadrona reciben al recién nacido entre las paredes de bahareque de una de las primeros ranchos de Cañada Honda, al oeste.

Antes que él vinieron al mundo Alba, Mercedes, Félix y Ramón. Luego de él siguieron Benito y José. Además de estar unidos por el nexo materno, también tienen en común el hecho de ser víctimas del abandono paterno.

Sólo tenían un ventilador y un viejo radio en la familia Contreras. Para ver televisión los hermanos debían caminar siete cuadras hasta la casa de un vecino.

De su padre poco se sabe. Es María quien lleva la responsabilidad de levantar a sus siete muchachos vendiendo ropa y utensilios de cocina en un tarantín de la plaza Baralt.

Mientras eso pasa, los hermanos se dedican a ser niños y a jugar entre terrenos enmontados. Las culebras abundan y Luis, de carácter rebelde y travieso, no puede evitar sentir miedo por las serpientes de las que tanto le ha dicho su mamá que se cuide.

A los 16 años decide hacer su sueño de ser bombero realidad. Luego de ver por la televisión el llamado que hacían los bomberos de Caracas no lo pensó dos veces y partió a probar suerte.

A Luis le favoreció que su hermano Félix se mudara a Caracas, pues dormía en su casa. Félix alquiló un apartamento en La Pastora.

Presentó las pruebas, pero no tuvo éxito. El rechazo no fue suficiente para frenarlo. Debía esperar un año para volver a presentar los exámenes. Durante ese tiempo se dedicó a ser bombero voluntario en Sucre, Miranda.

La experiencia acumulada le sirvió para pasar la segunda prueba. Fue así como inició estudios por un año. En 1978 egresó como efectivo bomberil y pidió su traslado a Maracaibo.

Su presencia se haría sentir en poco tiempo. Es 20 de febrero de 1979 y en la página 16 de El Vespertino hay un titular a ocho columnas: ‘Expulsado bombero denunciante. No le perdonan haber dicho la verdad sobre el cuerpo’, se lee en un destacado en letras negras y fondo amarillo.


“En ningún momento he tratado de perjudicar a la institución en la cual trabajo (...). Sólo he denunciado públicamente los graves problemas que confrontamos (...). Las unidades están en mal estado y carecen de los equipos necesarios para controlar cualquier caso de emergencia”.

La aseveración le cuesta el cargo, pero igual no le tiembla el pulso para denunciar que de las 30 unidades sólo 11 funcionan.

“Es un buen hermano, tiene bonitos sentimientos. Es un poquito peleón, pues le gustan las cosas bien hechas”. Refiere su hermana de crianza, Mirla.

El temor a las culebras se disipa con los años y se transforma en una pasión casi obsesiva que lo convierte en un experto en materia de serpientes. Un curso de seis meses costeado por la empresa petrolera Maraven en 1980 es el inicio de un camino que lo ha llevado a salvar más de 1.000 vidas. Su formación comenzó luego de un accidente aéreo en Amazonas donde estuvo involucrada una avioneta de Maraven.

Venía de una adolescencia rebelde. Más de una vez estuvo preso por buscar reivindicaciones para los estudiantes.

Su ímpetu de liderazgo le viene desde muy joven. Siendo alumno de bachillerato es nombrado vicepresidente del centro de estudiantes del Instituto de Comercio de Maracaibo, hoy liceo Duarte.

Para costear sus estudios —cursó hasta tercer año de bachillerato— y colaborar con su hermana Mercedes, quien quedó viuda y con tres hijos; vendía quesillo, tortas para bodas y brazos gitanos que él mismo preparaba. En más de una ocasión trabajó como mesonero en matrimonios y otros eventos.

Después de salir de los bomberos municipales ingresa en 1980 a la Escuela de Formación de Bomberos Aeronáuticos de La Carlota, en Caracas. También hace una pasantía de seis meses por los Bomberos Marinos de Maracaibo a la espera de un nombramiento como personal fijo. La impuntualidad en los pagos lo llevan a abandonar ese camino e ingresa a la marina mercante.

Por tres años surcó los mares en buques de la empresa Venezolana de Navegación que llevaban y traían desde carros último modelo hasta explosivos. Recorrió los puertos de Tampico y Veracruz, en México; Buenaventura, en Colombia; Tenerife, en España; y New York, Miami y Filadelfia, en Estados Unidos. En esa época descubrió que el mundo es infinito, inimaginable.

Fue camarero y aceitero de sala de máquinas. Conoció la televisión a color en Estados Unidos y fue testigo de la inseguridad de México.

Luis Contreras también conoció el invierno. “En una ocasión llegamos al río Mississippi y no nos bajamos del barco porque había demasiado frío”.

El amor rondaba su puerta cuando partió a surcar los mares. En Maracaibo María Ferrer, su novia, lo esperaba. De los puertos que visitaba le traía perfumes y ropa. En los planes del marinero no estaba clara la idea del matrimonio, sin embargo, María logró cautivar su corazón. Desde niños se conocieron. Ella vivía frente a su casa.

Cansado de navegar abandona la Marina Mercante, de donde sale con el título de patrón de segunda. La llama de querer servir se mantiene latente. Unos meses después de volver a tierra firme se casa. Tenía 25 años.

Entonces inicia otra fase en su existencia. Esta vez será la unidad de cuidados intensivos del Hospital Coromoto de Maracaibo, donde se ganará la vida cuidando a pacientes quemados.

Conocía de enfermería porque a su salida del Instituto de Comercio de Maracaibo había hecho un curso. Quería ser médico, pero la falta de recursos y la necesidad de tener que trabajar para ayudar a sus hermanos le impidió cumplir ese anhelo.Trabajando en el Coromoto nace Karina, su primera hija. Dos años después llega Gabriela, su segunda y última hija.

Luego trabajó un año y ocho meses en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Universitario, pero en su mente gravitaba otro ideal: ser bombero.

***

Transcurre el año 1997 y el súper héroe de carne y hueso vive con su esposa y sus dos hijas en Cañada Honda, un barrio signado por los robos y los atracos, como muchos otros de Maracaibo. En ese momento su vida da otro giro. Está a punto de convertirse en un protagonista que luchará contra los ‘malos’.

Su tarea comienza cuando es contratado por una línea de buses en Las Pulgas bajo la figura de coordinador de seguridad. En poco, asume el papel de investigador privado dedicado a desenmascarar delincuentes.

Haber tenido una formación como enfermero, le proporciona herramientas para intimar con los delincuentes. “En el centro había una banda llamada Los Pulgueros. Llegó a ser una de las más grandes de Latinoamérica con más de 200 miembros. Acosaban a los choferes, violaban niñas y atracaban a los pasajeros. Como sabía de enfermería me buscaban para que los curara”.

Las capturas de delincuentes se incrementaron gracias a las informaciones aportadas por Contreras, quien debía dormir en el puesto de policía de El Mamón, en la parroquia Idelfonso Vázquez, para resguardar su vida. En más de una ocasión utilizó el teléfono público cercano al comando para llamar a este diario y dar el reporte policial.

“Me gusta el periodismo, de pequeño veía a los periodistas cubriendo hechos tan difíciles como las guerras”, confiesa.

Durante dos años fue el “Robin Hood” de Las Pulgas. Cada día daba gracias por amanecer vivo. El peligro rondaba sus horas por haberse convertido en una amenaza para las bandas que operaban desde el centro de la ciudad hasta Idelfonso Vázquez.

En 1999 entra en vigencia el Código Orgánico Procesal Penal y sale de Maracaibo para evitar represalias de los acusados puestos en libertad por los beneficios de la nueva ley.

Pero el giro hacia su pasión bomberil recobra energías. El deslave de Vargas, el 15 de diciembre de ese mismo año, pone a prueba los conocimientos adquiridos en la universidad experimental de Barinas sobre serpientes. Se va como voluntario.

Manipular especies de tres metros y torear las mordeduras venenosas es algo a lo que no le teme.

A sus 51 años lo han mordido unos 65 ejemplares, entre venenosos y no venenosos. Su cuerpo ya no resiste más inyecciones de suero antiofídico, pues sufre reacciones alérgicas.

Cual pitoniso, en Vargas y Caracas comenzó a anunciar que habría una proliferación de serpientes debido al derrumbe que le costó la vida a unas 25 mil personas. “Las serpientes bajarán de los cerros y hay que tomar medidas”.

Sus palabras son ignoradas y es tachado de alarmista, pero su habitual insistencia lo lleva a imponerse sobre los escépticos. Hace bulla en los medios de comunicación hasta lograr ser escuchado. Llevó un saco lleno de serpientes a uno de los periódicos capitalinos para hacerse escuchar.

Su preocupación está mezclada con un olfato por la noticia. Maneja con habilidad la información, sabe cuándo algo es importante y es un ferviente creyente de la utilidad de abordar los medios de comunicación para lograr avances en sus causas.

Su obstinación dio frutos, al día siguiente los titulares advertían sobre la posibilidad de decesos por emponzoñamientos.

Luego de la tragedia de Vargas se instaló en una carpa provista de sueros antiofídicos que consiguió tocando las puertas de embajadas y empresas privadas. Ocho meses después sus profecías se cumplieron. En un mes llegaron a reportarse hasta 250 casos de mordeduras.

“A veces hemos tenido pacientes y no tenemos antídoto disponible y Contreras llega al hospital antes que el paciente con el suero en la mano”.

Así resume el toxicólogo Víctor Núñez, adjunto del Servicio de Toxicología del Hospital Chiquinquirá de Maracaibo, la labor del hombre que ha dedicado su vida a las causas que no por inusuales dejan de ser importantes.

Como “un hombre valioso” lo define Marcos Rondón, consultor saliente de Emergencias, Desastres y Salud Ambiental de la Organización Mundial de la Salud para Venezuela, quien lo conoció en el deslave de Vargas.

“Él no tiene estudios formales, es básicamente un práctico. Ha contribuido a salvar vidas y tiene la voluntad de acudir a los llamados a cualquier hora”.

El justiciero ha colgado su bata de enfermero, su braga de marino mercante, su bandeja de mesonero. Ha abandonado las crónicas policiales para dedicarse a su propósito más noble: buscar sueros antiofídicos y salvar tantas vidas como jamás imaginó. Que le permitan seguir trabajando es todo lo que quiere este súper héroe con traje de bombero.

© Panorama Digital, 2007