PERFIL. EL PRIMER MINISTRO BRITÁNICO ENTREGA EL PODER EL 27 DE JUNIO DE 2007
Bagdad cambió el DESTINO de Blair
Texto: Juan Pablo Crespo
Ilustración: Moira Olivar

El primer ministro británico no pudo hacer realidad su esperanza de no enviar a jóvenes a la guerra. “Todo iba bien hasta que se alió con Estados Unidos para apoyar, en el Consejo de Seguridad de la ONU, la política exterior de Bush”, dijo el director de la escuela estudios internacionales de la Universidad Central de Venezuela. El premier colocó a Inglaterra entre los países más atractivos para vivir e invertir.

Lo que hizo con las manos, prácticamente lo destruyó con los pies. La decisión de Bagdad fue suficiente para pasar de ser el primer ministro más popular de Gran Bretaña, a ser uno de los más impopulares, pese a los buenos resultados económicos.

Tony Blair; carismático, contradictorio, seductor, elegante y con un fino tacto inglés para atacar a sus detractores, se despedirá de su cargo, el próximo miércoles 27 de junio, con apenas un 27% de respaldo popular, luego de tener un histórico 93%, en septiembre de 1997. El gran responsable: la guerra de Irak.

El sucesor de John Major dejará su residencia oficial, la número 10 de Downing Street, luego de 10 años en el poder, pero a diferencia de Michael Owen, camiseta 10 de la selección inglesa de fútbol, que no cansa de deslumbrar por su constante capacidad para definir frente al arco, Tony Blair llegó a la meta con pocas fuerzas y con una tarjeta amarilla a sus espaldas.

Pese a que sus logros son insoslayables en el terreno socioeconómico, la decisión de apoyar la invasión a Irak (2003), promovida por el Gobierno de George W. Bush, se ha convertido en el principal punto de referencia de Blair.

“El gran problema fue Irak, sin duda su error más grande y costoso. La guerra, en combinación con el desgaste de cualquier líder con muchos años en el poder, es la causa de la erosión de su popularidad”, dijo el analista político, Alejandro Tarre.

Un sondeo publicado en abril pasado y elaborado por el dominical The Observer (El Observador), reveló que para los británicos la guerra de Irak es el factor más determinante para juzgar el legado de Blair.

“Él (Blair) evaluó su posición y en el momento no vio la invasión como un error”, aunque “moralmente sí lo fue. Al principio su alianza con Estados Unidos no fue mal vista”, declaró a PANORAMA el profesor del departamento de ciencias políticas de la Universidad Autónoma de México, Alfonso Sánchez.

“Todo iba bien hasta que se alió con Estados Unidos para apoyar, en el Consejo de Seguridad de la ONU, la política exterior de Bush. Ésto le costó, tanto interna como externamente, puntos en su popularidad”, agregó el director de la escuela estudios internacionales de la Universidad Central de Venezuela, Melvin Rodríguez.

No en vano, Bush llegó también, el pasado jueves, a su punto de aprobación más bajo, un 26%, según una encuesta realizada por la revista Newsweek.

El ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, declaró el año pasado que Blair es un buen hombre, pero que pudo haber utilizado su influencia sobre Bush de una manera más sabia: “Me he sentido muy decepcionado por el aparente servilismo de las políticas del Gobierno británico en relación con muchos de los graves errores que se han originado en Washington”.

Poco después de asumir su cargo, el 2 de mayo de 1997, Blair expresó su esperanza de que se levantara la primera generación que no enviaría a sus jóvenes a la guerra.

Sin embargo, el tiempo se encargó de sepultar esas esperanzas: Blair envió soldados a más guerras que cualquiera de los otros gobernantes británicos desde el fin de la segunda Guerra Mundial, en 1945.

Irak en 1998, Kosovo en 1999, Sierra Leona en 2000, Afganistán en 2001 y de nuevo Irak en 2003, figuran en la lista bélica.

Blair, de 54 años, anglicano (aunque la prensa británica dijo que pronto anunciará su cambio al catolicismo), casado, con cuatro hijos y al frente del Partido Laborista desde 1994, llegó a revitalizar las esperanzas presentes y futuras de los ingleses con el anuncio de la Tercera Vía, que él mismo definió: “Es un camino de renovación y éxito para la moderna democracia social (...). Persigue adoptar los valores esenciales de centro y de centro-izquierda y aplicarlos a un mundo de cambios económicos y sociales, libre del peso de una ideología obsoleta”.


Al respecto, Rodríguez explicó: “Representaba una esperanza, una tendencia más progresista dentro de los laboristas. Venía enarbolando la tesis de Anthony Giddens: La Tercera Vía”.

“Había mucha expectativa sobre el sistema que pudiera compensar ciertas fallas de la economía de mercado, e incorporar algunos métodos de corte socialista. La Tercera Vía buscaba lo mejor de ambas propuestas”.

El primer ministro británico más joven desde 1812, de una gran capacidad para manejar los medios de comunicación, conservador en materia de inmigración y liberal para otorgar derechos a los homosexuales, será recordado también por ser el primero en la historia de su país que ha declarado por un caso criminal.

El gobernante prestó declaraciones dos veces como testigo en el escándalo de la venta de títulos y honores a cambio de donaciones o préstamos a su partido. El caso está en manos de la Fiscalía.

Pese a su baja popularidad, Blair es sinónimo de éxito.

Hoy día la economía británica marcha con paso firme, inclusive, sobre el promedio de sus similares europeas.

“Blair destruyó la idea de que no se puede confiar en los laboristas para el manejo de la economía (...). Durante su administración, más de 3 millones de personas han salido de la pobreza”.

“Su desempeño impresiona más que el de otros gobiernos recientes de centro izquierda en el mundo, como el de Bill Clinton, en Estados Unidos, o el de Schroeder, en Alemania. Ni hablar de Francia”, explicó Tarre.

Desde la Universidad de George Washington, en la capital de Estados Unidos, el analista político, Roberto Izurieta, dijo: “El primer ministro británico colocó a Inglaterra entre los países más atractivos para vivir e invertir”.

Blair ha sido elogiado por la defensa de Kosovo, por su lucha contra el calentamiento global y, sobre todo, por su crucial papel en el proceso de paz de Irlanda del Norte, donde protestantes y católicos tienen un Gobierno compartido.

“Es un hombre que tiene mucha disposición para negociar. Esto es una ventaja para un político moderno”, describió Rodríguez.

“Tuvo una gran capacidad de adaptación, desde la izquierda, a los nuevos retos de la globalización. Pudo entender los cambios del mundo”, agregó Sánchez.


Dentro de su partido político, sí cumplió con las expectativas de un delantero nato. Con su Gobierno reformista de un nuevo laborismo condujo los destinos de su equipo a tres victorias parlamentarias consecutivas, algo sin precedentes.

“El legado de Blair será el de un primer ministro joven que renovó y llevó a su partido a sorprendentes triunfos electorales”, señaló Izurieta.

Contrario a lo que pueda pensarse, Blair no es inglés. Abogado de profesión, nació en Edimburgo, Escocia, en 1953.

Hijo de un abogado, profesor universitario y políticamente conservador. Casado con otra profesional de las leyes, Cherie Booth, que lo impulsó a la vida política.


En su boda, en 1980, ambos hicieron un pacto por el que el primero que consiguiera un escaño se dedicaría a la política y el otro continuaría ganando el pan para la familia.

Para sus defensores, no ha existido otro dirigente que haya escrito una página más gloriosa en los 105 años de historia del laborismo. Para los críticos de Tony Blair, su apoyo casi incondicional al presidente Bush desdibujaron lo que pudo ser una carrera brillante de principio a fin.

© Panorama Digital, 2007