20-04-2008
PERFIL. EL BRASILEÑO SE RETIRÓ, OFICIALMENTE, ESTA SEMANA: ES UNO DE LOS ÚLTIMOS GRANDES CAÑONEROS
Romario, CARNAVAL toda la vida
Texto: Humberto Perozo Suárez / Foto: Archivo


Más de mil goles, según sus cuentas, inflaron las redes desde 1981. El Mundial de 1994 lleva estampada su firma. Las fiestas y la falta de entrenamiento, una constante.

En un metro con 68 reunía toda la fuerza, la inteligencia y la chispa de todo el Brasil. Su fútbol era samba y los puso a bailar a todos. Su vida, un eterno carnaval.

Romario de Souza Faría dijo, “No más”. Y, con dos palabras, le puso un epílogo, si se quiere un tanto gris, a toda una vida plena de goles, fiestas y sonrisas.

“Sé que si no hubiera salido por las noches y me hubiera cuidado más, habría sido mejor futbolista… Aunque no habría sido tan feliz”, definió el nacido en Río de Janeiro, el 28 de enero de 1966.

Nació pobre, como lo hizo Pelé, Garrincha y compañía. Mulato, de cuerpo menudo, sin gran espíritu y para entrenar y mucho para bailar, debutó en 1981 con el Vasco Da Gama.

Allí comenzó la constante de romper las redes. Y el artillerito llegó a la selección nacional brasileña, el Olimpo amazónico, donde no muchos arriban y menos son los que triunfan.

Romario se coloca la camiseta amarilla. Sin triunfos desde los tiempos del gran Pelé, las vitrinas de la “Confederacao” lucían vacías desde que se fue el negro de Tres Coracoes.

Pero el “Bajito” se tomó como un reto resucitar a su país, y para eso asumió la Copa América de 1989 como un reto personal. Marcó tres goles y, junto con Bebeto, le dio el triunfo a los de casa.

El mito nació

El PSV Eindhoven lo agarró y se lo llevó a Europa. Holanda fue su hogar desde 1988 hasta 1992: arrasó. Fueron 165 goles en 163 partidos, entre oficiales y amistosos.

Romario continuó depredando, y esta vez se fue al Barcelona. Un año y medio tenaz, donde se convirtió en el ídolo de la afición azulgrana, siempre con su bocota y su buen juego como estandartes.

Allí le recuerda la periodista Imma Mentruit, del centenario diario El Mundo Deportivo, como uno de los integrantes del mítico “Dream Team”, “Equipo de ensueño” que tuvo a Johan Cruyff en la dirección técnica.

La redactora evocó, en una conversación con PANORAMA: “Los aficionados del Barcelona nunca olvidarán aquel maravilloso gol con el regate de la ‘cola de vaca’ del 8 de enero de 1994, con el que Romario ‘rompió’ la cintura de Alkorta y logró el primero de sus tres goles ante el Real Madrid en un mítico partido que acabó 5-0 para los azulgrana”.

El brasileño dejó su impronta, con 30 goles que le situaron como “Pichichi” de la temporada 1993-94 y ganador de la Liga española de esa campaña.

“Es uno de los mayores artistas que han vestido la camiseta del Barcelona. Romario regaló magia con cada uno de sus tantos”, sentenció la periodista, desde 1984 en las páginas del periódico catalán.

Pero nunca dejó de lado la vida nocturna y la falta de entreno, que le acarreó problemas con su entrenador y estar en la mira de los medios de comunicación. “Ciertamente, no fue un tipo disciplinado”, rememora el argentino Eduardo Biscayart, analista y uno de los conductores del programa Fuera de Juego, de Espn. “Se rebeló cuantas veces quiso en la vida, tal como en el área se rebelaba ante marcadores y arqueros. Su gran talento para el gol hizo de Romario un especialista pleno de oficio. Cuando joven hacía goles de todas las facturas; cuando más veterano, apeló a las mañas para resolver en espacios tan limitados donde otros apenas podían moverse”, señaló Biscayart, en charla con este rotativo.

Rey del mundo

Estados Unidos 1994 fue el momento escogido por Romario para resucitar a su selección, dormida en los mundiales desde 1970, cuando Pelé y compañía le regalaron al gigante del sur su último cetro planetario. Encabezando a un equipo sin muchos nombres ni juego brillante, pero con las garras afiladas, el “Baixinho” marcó cinco goles. Unido a Bebeto, su dispar compañero -Romario era la fiesta, Bebeto la serenidad-, volvieron a elevar la copa, luego de vencer a Italia en los penales.

Uno de los que se rindió a sus pies en aquella celebración fue el legendario escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su “El Fútbol a sol y sombra”. Venido desde quién sabe qué región del aire, el tigre aparece, pega su zarpazo y se esfuma. El arquero, atrapado en su jaula, no tiene tiempo ni de pestañear. En un fogonazo, Romario asesta sus goles de media vuelta, de chilena, de volea, de chanfle, de taco, de punta, o de perfil”, plasmó el oriental en sus páginas. Romario ganó el Mundial y regresó tras las vacaciones al Barça con 23 días de retraso. Cuenta la redactora Mentruit: “Sus relaciones con Johan Cruyff se tornaron turbulentas. Y en enero de 1995 el ‘Baixinho’ hizo las maletas rumbo al Flamengo, sin casi despedirse de sus compañeros”.

De caricaturas

La lista de redes infladas prosiguió, pero también las idas y venidas: del Flamengo a Valencia, y viceversa, entre 1996 y 1999; Vasco Da Gama, Fluminense y Al Saad, de Qatar, desde 1999 hasta 2006; el Miami FC, de la Major League Soccer estadounidense, y el Adelaida United, de Australia, hasta cerrar con el Vasco, en el 2007.

Maracaibo también padeció la astucia del genial delantero. En las eliminatorias al Mundial de Corea-Japón 2002, convocado por el técnico Candinho, arremetió contra la vinotinto del argentino José Omar Pastoriza.

Aquel 8 de octubre, el “Chapulín” se llevó todo el calor del sol marabino y lo cambió por goles que enfriaron al “Pachencho” Romero. Cuatro veces bailó samba Romario, con un Gilberto Angelucci crucificado con seis clavos verdeamarillos.

“Es el típico jugador brasileño sin muchas condiciones, sin ser un superatleta, pero con técnicas naturales y picardía. No cooperaba en defensa, pero siempre estaba bien ubicado. Siempre te engañaba, pues no corría, pero en dos metros te mataba”, definió “El Gigante de Turén”.

Esta semana, luego de no jugar desde finales del año pasado (lo había hecho de manera itinerante), Romario le puso un punto y final oficial a la larga historia de su vida futbolística. “No jugaré más de forma oficial. Ha llegado el fin de mi carrera”, señaló el delantero de 42 años. Y confesó: “Mi hora ha llegado. Todo este tiempo ha sido muy entretenido”.

Detrás de él deja, según sus cuentas (incluye partidos amistosos y “pachangas” futboleras) 1.002 goles. Para la Federación Internacional del Fútbol Asociado, y en investigaciones de revistas especializadas como Placar y Globo Sporte, sólo fueron 904.

Sin embargo, no es la cantidad, sino la calidad. Como lo dijo Jorge Valdano, ex mundialista argentino y técnico suyo en el Valencia: “Romario es un futbolista de dibujos animados”. Pura fiesta.

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