Texto: Mercedes Contreras Soto / Foto: Cortesía / Armando Aristiguieta
El miércoles celebrará 91 años de vida. Su éxito Concierto en la llanura ha recorrido el mundo. Es una de las 100 personalidades Latinoamericanas del siglo.
La llanura fue definitivamente la fuente más pura de inspiración para Juan Vicente Torrealba. Cada vez que un pájaro cantaba la musa le llegaba, cuando el viento lo envolvía, las notas encajaban.
No había nada en el horizonte abierto que a este hombre de caballos, soga y toro bravo le impidiera crear las más hermosas piezas de un folclor recio, pero al mismo tiempo acariciado por la dulzura de lo estilizado.
Torrealba es sin duda “el que ha escrito uno de los capítulos más brillantes de la historia de la música venezolana y Latinoamericana”. El hombre que supo trasladar a las melodías el encanto de la naturaleza, “porque tuvo como maestros a la sabana, los palmares, el dolor del campesino y la inmensa soledad de la llanura”, dice el poeta Manuel Graterol.
Los adjetivos no hacen tambalear la humildad del compositor que el miércoles celebrará 91 años de vida y empezará el festejo por 75 años de carrera artística.
“No me considero el mejor compositor de música venezolana, aquí ha habido muchos que tienen piezas bellas y de una riqueza extraordinaria”.
El inicio de sus nueves décadas de vida fueron maravillosas. Es el tercer hijo de Santana Torrealba Silva y María Esperanza Pérez.
Como a todo niño le encantaba inventarse historias en el inmenso hato de su familia “Banco Largo” (Guárico).
Cuando llegó a la adolescencia ya hacía las labores de la hacienda. Por falta de tiempo no estudió formalmente la educación primaria, así que su primer acercamiento a las letras y la cultura general fueron también entre ríos y sabanas.
Al recordar esa etapa de su vida siempre hace énfasis en los encuentros que tuvo con el dictador Juan Vicente Gómez.
“Fue durante este período que nacieron mis inquietudes musicales y aprendí a tocar la guitarra. Como todos los jóvenes de la época, estaba influenciado por las tendencias que llegaban de otros países, sobre todo, las de Cuba”.
Allí comenzó su andar por el mundo artístico que lo llenó de reconocimientos y le dio la oportunidad de convertirse en una una de las 100 personalidades Latinoamericanas del Siglo.
Muchas de esas distinciones se deben a un tema, que según él no es su mejor composición, sino la más famosa: Concierto en la llanura”.
Cuatro intérpretes magistralmente lograron con su voz dar vida a sus composiciones: Mario Suárez Rafael Montaño, Héctor Cabrera y la popular Magdalena Sánchez: “Ellos fueron los pilares fundamentales de mi carrera”.
Una vez que el creador de más 300 temas y más de 130 producciones discográficas decidió que la música era su pasión agarró sus maletas, dejó su querido Guárico y fijó residencia en Caracas.
Se quería “comer” el mundo. A pesar de que sólo sabía leer y escribir consiguió empleo como fiscal. Pero sabía que lo suyo estaba entre partituras.
En el ir y venir conoció al “Indio” Ignacio Figueredo. Él le presentó al instrumento que lo maravilló: El arpa, porque cada una de sus cuerdas emitían la sonoridad necesaria que lo hacían florecer cantos y pajarillos.
“Fue así que decidí formar el conjunto musical Los Torrealberos. Me acompañaba mi hermano Arturo Torrealba, su hijo y Ángel Custodio Loyola, como cantante”, recordó.
De allí en adelante el ritmo criollo comenzó a estar en todos los eventos sociales. “En 1948 su Concierto en la llanura fue tan exitoso que se convirtió en el tema de ejecución para la obtención de su licenciatura en arpa, en México y Paraguay”. Así lo contó su esposa, Mirtha de Torrealba, quien lo acompaña a todas partes desde hace 48 años.
Juntos recuerdan el pasado. Algunas situaciones los hacen reír, los emocionan como el nacimiento de sus cinco hijos, de los que sólo dos son músicos y otras los impregnan de tristeza.
“Como el que nunca se le haya otorgado un Premio Nacional de Música postulado en cuatro oportunidades”.
Por eso su retiro “lo hizo teniendo aún plenas facultades para tocar el arpa y componer. Fue como una especie de protesta. Siempre tocaba el 5 de julio o el 19 de abril, de resto no era tomado en cuenta”. En cambio México y Colombia le abrieron los brazos. “Los mexicanos lo apreciaron tanto que le hicieron hasta una plaza y los colombianos lo nombraron Patrimonio Universal”.
Así como Juan Vicente Torrealba logró capturar la esencia del llano en melodías, la captó en imágenes, pues durante 30 años congeló cielos, pájaros, caballos, lirios y cualquier otra belleza que le regalaba la naturaleza.
Desde hace años no hace una fotografía. Ahora se entrena para entender la tecnología. Un amigo alemán le regaló una cámara digital y trata de aprender sus funciones.
Sus 90 años no lo tratan mal. Pasa muchos días sintiéndose muy bien, pero en otros las dolencias le quitan tranquilidad.
Sus hijos velan porque económicamente no le falte nada. Cubren los Bs.F. 1600 que cuesta mantenerlo en buena salud.
Pasa su tiempo detallando cada una de las composiciones sinfónicas de sus obras musicales, que creó hace ya varios años. “Una etapa que lo llevó a la cúspide como compositor y creador de estilos y géneros”, destaca la guariqueña Rummy Olivo, quien en el 2006 grabó un CD con 19 temas de Torrealba.
Así se resume la vida de este hombre que al que muchos consideran leyenda, el que puso a bailar con música recia y estilizada a los venezolanos y a todas aquellas personas que en el mundo entero se les calienta la sangre cada vez que su arpa “relincha” sus melodías.
|