29-02-2008
PERFILES. MANUEL Y GUILLERMO TRUJILLO DURÁN INTRODUJERON EL CINE EN VENEZUELA, EN 1897
Dos HERMANOS visionarios
Texto: Alexis Blanco / Foto: Cortesía de Larry Parra


Estudiaron en el Colegio Federal de Varones. El ingenio acompañó siempre el talento de Manuel, el mayor. La literatura y la política cimentaron la obra de Guillermo. La fotografía fue, para ellos, un laboratorio de atrevimientos.

Las experiencias de los hermanos Trujillo Durán sembraron la semilla del cine venezolano y latinoamericano.

Manuel María Segundo de la Trinidad Trujillo Durán fue un adelantado a su época. Inquieto, acucioso y brillante, introdujo en Maracaibo una serie de innovaciones tecnológicas que lo convirtieron en pionero a carta cabal: el cinematógrafo, un estudio de fotografía, una máquina para construir hojalatas, un equipo de astronomía, un teatro y otras novedades lo transformaron en un hombre indispensable para la sociedad de su tiempo.

Guillermo de la Inmaculada Concepción, su hermano, fue, como él, un aventajado alumno del Colegio Federal de Varones. Trabajó a su lado en algunas de las empresas que acometió: hicieron juntos los periódicos, “El Rayo de Luz” y “Gutenberg”, aunque prefirió el campo de la política y la literatura. La investigadora Alicia Pineda recogió la importancia de estas dos publicaciones.

Crearon una empresa de artes gráficas, donde combinaron fotografía y publicidad. Las imágenes de los Trujillo Durán reseñaron el primer concurso de belleza que tuvo lugar en el Zulia y donde su hermana, Florángel, resultó la reina ganadora.

La comunicadora Hayleén León trabajó durante tres años en la biografía de estos dos personajes, indispensables a la hora de perfilar la historia cultural del Zulia. Juntos, el 28 de enero de 1897, proyectaron sendas películas, “Muchachas bañándose en la laguna de Maracaibo” y “Un célebre especialista sacando muelas en el hotel Europa”.

Bajo la tutoría de Carmelo Raydán, León escudriñó en la vida y obra de Manuel y Guillermo. “Poseían un extraordinario sentido del humor, especialmente Manuel, un completo alucinado por las cosas memorables”, relatan.

José Trinidad Trujillo y María del Carmen Durán promovieron en sus vástagos la responsabilidad y el compromiso con la familia. Manuel, el mayor, llegó al mundo el ocho de enero de 1871. A los 14 años inició sus estudios de bachillerato. Pronto manifestó dominio y preferencia por las ciencias y las artes. Tuvo como condiscípulo al poeta Udón Pérez, al lado de cuya casa construiría, en la calle Carabobo, años después, el legendario Teatro “Variedades”.

Cuando cumplió 25, Manuel fundó su estudio fotográfico, junto con Guillermo. Estaba ubicado en la casa número seis de la calle Venezuela, frente al Teatro Baralt. Ese mismo año, Manuel viajó a Estados Unidos, donde conocería a un personaje que marcaría su vida para siempre.

Tomás Alva Edison había sorprendido a la humanidad con sus inventos. Fue él quien puso en manos de Manuel su aparato de vista móvil, el vitascopio, con el cual emprendería su caza de imágenes. Una máquina prodigiosa como aquella, en manos de un inquieto talento como el del artífice maracaibero, pronto generaría maravillas. Por eso habrá mañana celebración por parte del gremio cinéfilo.

Iraida y Mario Trujillo, descendientes del pionero, relatan el carácter apasionado de Manuel. Su visión extraordinaria lo condujo a empresas insólitas.

Trajo la primera máquina para trabajar hojalatas. Con ella, a su vez, construyó una máquina de hacer hielo. Su amigo, Ramón J. Villasmil, le pidió una para enviar unas hallacas a Europa, en lo que se supone la primera exportación del “multisápido” producto gastronómico criollo.

El especialista en daguerrotipos antiguos, Antonio Padrón, conservó imágenes de los Trujillo Durán. El estudio que ellos mantuvieron en la Maracaibo de la época, conservaron viva la memoria de la ciudad. De ese tesoro, León guardó 55 imágenes, hoy invalorables.

Las encontró de las colecciones de Milagros Quintero, de una familia alemana alojada en Los Haticos, y en las residencia de los descendientes, en Caracas y en Catia La Mar. Un aporte que eleva el patrimonio histórico y cultural de la ciudad.

Manuel se casó, dos veces, con Atilana Maggiolo. Tuvo un hijo con ella, que falleció pequeño. Én paralelo, convivió con Agripina Altuve, con quien tuvo cinco hijos, de los cuales sobrevivieron dos: Roque y Ciro.

PANORAMA reseñó, con una nota editorial, la trágica muerte de Manuel, el 14 de marzo de 1933, bajo el título de Fatalidad: “(...) De talento amplio, de variados conocimientos en los diversos ramos del saber humano; de clara percepción, sus estudios nutrieron su inteligencia, y de ellos obtuvo provecho para la vida. Amigo leal, de corazón abierto, sin dobleces...”.

Un aciago ósculo al cañón de su propia pistola descerrajó el alma de Manuel. Su sepelio plenó las calles de Maracaibo, acongojada por la insólita partida de su artista e inventor. Su gran adelantado.

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