CIENTÍFICO. MAÑANA SE CUMPLIRÁN 50 AÑOS DE LA DESAPARICIÓN FÍSICA DEL PREMIO NOBEL ALBERT EINSTEIN
GENIO de la relatividad

Texto: Y. Rojas/M. Contreras

Sus propuestas cambiaron la visión del tiempo y el espacio y abrieron nuevos senderos investigativos. Era un pacifista a ultranza, pero una petición suya provocó que Estados Unidos avanzara en el proyecto nuclear que dejaría devastadas a Hiroshima y Nagasaki. Este año se celebra el centenario de su famosa teoría.

Una pequeña brújula regalada por su tío Jacob despertó la curiosidad en el niño Albert. Él deseaba comprender cómo la aguja se orientaba siempre hacia el campo imantado de la Tierra.

El ingenio de Einstein nacía y se alimentaba por ese obsequio asombroso, el cual le permitió saber que existían fuerzas no visibles que podían modificar objetos palpables. Él siguió ese norte y presentó al mundo una nueva física.

Cincuenta años han pasado de su ausencia, acaecida el 18 de abril de 1955, en Nueva Jersey, Estados Unidos, y, a pesar de todo, aún su legado tiene la trascendencia de hace 100 años, cuando publicó varios artículos en los que revolucionó conceptos científicos con su teoría de la relatividad.

En términos más sencillos Einstein la explicó: “Pon tus manos en un horno caliente durante un minuto y te parecerá una hora. Siéntate junto con una chica preciosa durante una hora y te parecerá un minuto. Eso es la relatividad”.

Podría pensarse que el científico que ofreció las bases para que el hombre explorara el universo fue un estudiante sobresaliente, no obstante esto no resultó así. Más bien era lento y extremadamente retraimiento, según las biografías divulgadas.

Pero, Einstein tenía su propia tesis de la lentitud: “Un adulto normal no se inquieta por los problemas que plantea el espacio y el tiempo, pues considera que todo lo que hay que saber al respecto ya lo conoce de su infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo lento y sólo empecé a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que estuve mayor”.

La brillantez de su pensamiento comenzó a delatarse cuando se interpelaba “¿cómo sería cabalgar en un rayo de luz?”, comenta William Pitter, profesor de física de la Facultad Experimental de Ciencias de La Universidad del Zulia (LUZ).

Vivencias

Einstein siguió el sendero del aprendizaje formal e inicia sus viajes como un ciudadano libre y para establecerse finalmente en Suiza. Para ese momento ya tenía en planes lo que sería: profesor universitario con ávido interés por la investigación.

En Zurich ingresó en el Instituto Politécnico, donde se rodeó con gente talentosa. Allí obtuvo la nacionalidad suiza y abrió un espacio para amor al quedar impactado con Mileba Maric, una serbia, quien fue su compañera de estudios hasta 1902, cuando contrajeron matrimonio.

Según sus palabras, ella era “una persona que es mi igual y tan fuerte e independiente como yo”. De su relación nacieron Hans Albert y Eduardo, a quien la esquizofrenia minó en un hospital. Hay quienes especulan que tuvieron una hija antes de casarse, cuyo destino se ignora.

“Al principio la familia tuvo dificultades económicas, porque Einstein no conseguía trabajo en la universidad, los requerimientos alemanes eran muy elevados y él no los reunía”, cuenta Pitter.

Prolífico

Con el peso de un hogar, pero dispuesto a investigar, logró con ayuda de un amigo trabajar en la oficina de patente de Berna. Desde allí alternaba su tiempo para seguir sus estudios y ganarse el pan diario.

No lograba entrar aún a las aulas universitarias. Por ello lo hacía en las de bachillerato, únicamente, como docente interino.

Los alumnos veían a un hombre gordito, despeinado y hasta mal vestido. Lo hacían objeto de burlas hasta que hablaba, porque después callaban y reconocían, por sus palabras, a un genio.

Erwin Oppenheimer, el físico alemán al que se le atribuye la creación del circonio, en su libro “Prisioneros del Mundo Atómico”, también lo reconoce de esa manera.

En un episodio que vivió este científico con el creador de la relatividad describe: “Erwin Oppenheimer, -dijo dirigiéndose a mí-, sé que su circonio le ha dado mucha fama. Si mis informes son exactos, incluso le ha proporcionado una cruz de hierro que le impuso Adolfo Hitler en persona. Yo no tengo el poder de otorgar semejante medalla, pero permítame que, a mi vez, le felicite: el circonio será la mayor utilidad para el gobierno de los Estados Unidos”.

La perseverancia y su casi adicción al trabajo, cual campo minado, comenzó a bombardear su matrimonio, pero los frutos profesionales vendrían, cuando en 1905 llegó su “Annus Mirabilis” (año extraordinario, en latín), al publicar cuatro artículos en la revista “Annalen der Physik” que le darían la trascendencia que hoy se conoce.

Escribió y explicó todo el movimiento Browniano, el efecto fotoeléctrico y desarrolló la relatividad espacial y la equivalencia masa-energía.

Con esos textos fecundó poco a poco su fama. No sólo impactó por lo que decía, sino también por cómo lo hizo, según Carlos Durante, jefe del departamento de física de LUZ.

“Lo impresionante es que él hizo esos trabajos solo y en un tiempo que no abarcó un año”, afirma Durante, para quien las preguntas y curiosidades desencadenaron ese resultado.

Sacudidos como por un terremoto, algunos científicos miraban con recelo y otros destruían sus propuestas. “Hay un fotón que golpea un electrón y se genera una corriente eléctrica, por esa sencilla explicación Einstein comienza a contribuir al entendimiento de los fenómenos de la física cuántica”, expresa Pitter.

Por ese logro obtuvo más tarde, en 1921, el Premio Nobel de Física, pero de sus propuestas fue la teoría de la relatividad la que más conmoción causó.

“En 1905 un físico, Albert Einstein comunica al mundo que la idea de tiempo como algo absoluto, ajeno al movimiento de los cuerpos, es falsa. Cambia una forma de interpretar nuestra vida mantenida a lo largo de miles de años. Pero, la teoría de la relatividad establece, paradójicamente, que no todo es relativo, sino que existe un absoluto que no cambia jamás: la velocidad de la luz, el resultado entre espacio recorrido y tiempo empleado por un rayo de luz en sus viajes”, afirma Antonio Ruiz de Elvira, en el libro “Cien años de relatividad. Los artículos clave de Albert Einstein de 1905 y 1906”.

Basándose en la teoría general de la relatividad, Einstein pudo entender las variaciones, hasta entonces inexplicables, del movimiento de rotación de los planetas; y le permitió predecir la inclinación de la luz de las estrellas, al aproximarse a los cuerpos como el Sol.

No todo el mundo aceptó la propuesta hasta 1919, tres años después, cuando se dio un eclipse de Sol que confirmó su revelación; lo que permitió que su fama se extendiera.

La notoriedad

En 1909 inició un tour académico. Dio clases en la Universidad de Zurich. Tres años después en Praga, República Checa, y luego en el Instituto Politécnico de Suiza. Hasta que en 1913 le nombraron director del Instituto Kaiser Wilhelm, en Berlín.

Al llegar 1919 ya era toda una personalidad; por entonces sucumbe su matrimonio. La salud le cobra su desatención y sufre una crisis nerviosa y digestiva. Su prima Elsa le dio consuelo. Le respondió casándose y asumiendo una nueva familia, junto con las dos hijas de ella.

“Pero Einstein fue un gigante que pudo visionar la frontera del universo y ver realidades que escapaban de la vista y esto es un punto importante, porque la mecánica clásica newtoniana se basa en todos los datos que provenían de los sentidos; en cambio, las cosas que decía Einstein, y eso fue lo extraordinario de su teoría, era que predecía realidades que estaban al alcance de la vista”, dice Pitter.

A principio del siglo XX su esfuerzo lo situó entre los físicos más eminentes y en el inicio del XXI no ha habido estudioso en el mundo que lo pueda superar. Ni por sus fórmulas, ni por sus frases: “Si mi teoría de la relatividad es exacta, los alemanes dirán que soy alemán, y los franceses que soy ciudadano del mundo. Pero, si no, los franceses dirán que soy alemán y los alemanes que soy judío”.

Entre la guerra y la paz

Profesaba la paz y amaba la naturaleza y los paseos en bicicleta y se confesaba vegetariano, pero en momentos de desigualdad social se enfrentaba enérgico, tanto que huyó de Alemania, por la fobia contra los judíos, y llegó a Estados Unidos, donde adoptó esa nacionalidad.

Criticó el nazismo y llegó a decir: “La única cosa buena parecer ser que Hitler, ebrio de poder, cometerá suficientes estupideces como para que el mundo entero se vuelva en su contra”.

Alertado por las pretensiones de Alemania de crear la bomba atómica, abogó, a través de una carta, ante el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, para acelerar los trabajos de construir armas nucleares (proyecto Manhattan).

El arrepentimiento le llegó al ver las consecuencias y devastación que trajo la II Guerra Mundial sobre Hiroshima y Nagasaki. A partir de ese momento se unió al grupo de científicos que buscaba la manera de impedir el desarrollo de la bomba atómica; por lo que propuso la formación de un gobierno mundial, a partir del embrión constituido por las Naciones Unidas.

Aunque era una persona sencilla, en ocasiones su ego se trastocaba, como lo comenta Arelis Arteaga, profesora del departamento de física de la facultad de Ingeniería de LUZ, al recodar una anécdota. “En una oportunidad, cuando ya estaba en el ocaso de su vida, fue a un restaurante con su hijo, siendo éste ya ingeniero, entraron, pero Einstein se paraba, caminaba y nadie lo reconocía, por lo que dijo: ‘Me siento mal, vámonos’, y el hijo preguntó ¿por qué? ‘Es que ha llegado Einstein, pero nadie lo ha notado”.

A 50 años de su partida y a 100 de su gran descubrimiento, resulta paradójico pensar que la muerte del genio más brillante de la humanidad le fuera despojada la vida, a los 76 años, por una enfermedad cerebral; tal vez todos y cada uno de los 18.250 días de concentración, en los que hubo triunfos y equivocaciones le pasaron factura cuando tenía 76 años.

Hoy es recordado como el campeón del pacifismo, quien aportó los principios de la relatividad para la creación de la bomba nuclear y como quien legó, para uso coloquial, que todo es relativo.

INFLUENCIA
LE FUE ofrecida la presidencia del Estado de Israel, pero la rechazó.
El 14 de marzo de 1879, en Ulm, Alemania, Hermann Einstein y Pauline vieron la llegada de su hijo Albert. De allí tuvo que escapar por las persecuciones raciales.
OTRAS aportaciones se vieron en la expansión del universo, la teorización de los agujeros negros, la definición del efecto túnel en la mecánica cuántica, entre otros.
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